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Muy deslucida. Así transcurrió la Gran Convención Nacional del Partido Liberal Constitucionalista, PLC. Rajados de cabeza, mutuas acusaciones y enfrentamientos verbales y físicos entre el bando “quiñonista” y el “arnoldista”; por momentos los simpatizantes liberales se trenzaron en un intercambio de palabras impublicables, digno de los noticieros “rojos” de la televisión nacional.

El portón de acceso a la hacienda de Samuel Kontorovsky fue reforzado por miembros de la Brigada Especial de la Policía Nacional, para impedir el ingreso al lugar donde se desarrollaba la actividad partidaria de “los delincuentes, lumpen y pandilleros que contrató Quiñónez”, así los llamó el primer vicepresidente del PLC, Wilfredo Navarro Moreira.

En la entrada a la finca, palos y piedras salieron a relucir, hasta que un garrotazo impactó el vidrio delantero de la camioneta del candidato a vicealcalde de Managua, Enrique Quiñónez. El vehículo resultó dañado.

Los insultos de la barra “quiñonista” a los correligionarios “arnoldistas” no cesaron, y por momentos se liaron a golpes; los pleitos no pasaron a más ante la intervención de los policías que resguardaban el lugar.

Los exabruptos de la convención

Y si de palabrotas se trata, el secretario nacional del partido, Francisco Aguirre Sacasa no se quedó atrás, pues más de una salió de su boca mientras leía la larga lista de miembros del Comité Ejecutivo Nacional, CEN, sometidos a la ratificación de los convencionales.

Al final, los convencionales ni siquiera levantaron su “tarjeta roja” para votar, sino que lo hicieron a puro grito: “Sí, ratificamos, y vámonos a la v…”, dijo uno de ellos.

El candidato a vicealcalde de Managua, Enrique Quiñónez, fue el gran perdedor, pues no logró “infiltrar” a sus simpatizantes, como era el objetivo inicial.

Amenazas y llamados a unidad

Calmados los ánimos, volvieron los discursos contradictorios del presidente honorario del PLC, Arnoldo Alemán. Pese a los llamados a la unidad de “todas las fuerzas liberales”, Alemán hizo serias amenazas a quienes dentro del partido le adversan; además, arremetió contra los posibles aliados como los remanentes de la Alianza por la República, APRE.

Las advertencias a Eduardo Montealegre y a Enrique Quiñónez fueron evidentes por parte de Alemán, quien no escatimó en frases para enrostrarles que “los liderazgos se ganan con trabajo y llegando a la gente, no en los medios de comunicación”.

Concluida la parte formal y protocolaria, Montealegre y Quiñónez salieron por separado del lugar sin mayores comentarios y respaldados por unos y abucheados por otros.