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Desde su posición como miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN), Moisés Hassan comenzó a cuestionar incumplimientos del directorio sandinista, lo que le valió que la novena uniformada lo tildara como “antiobrero”, “demagogo”, “dueño de la verdad”, hasta su ruptura total en 1988.

La primera de las promesas incumplidas se plasmó en la casa de doña Violeta Chamorro. Allí se aprobó el decreto de constitución del Consejo de Estado, el Parlamento provisional que funcionó a partir del cuatro de mayo de 1980.

Hassan recuerda que cuando se establecieron los “Acuerdos de San José” no existían las entonces organizaciones de masas -–del FSLN--, pero la decisión de Sergio Ramírez y del comandante Jaime Wheelock Román en la casa de la señora Chamorro se impuso. En la reunión no estuvo Ortega porque andaba fuera del país.

“Alfonso Robelo fue el primero en cuestionar la imposición de incluir a las organizaciones de masas sandinistas. Después de una larga discusión Sergio Ramírez dijo: ‘Hay que votar ya’. Votan Sergio, Violeta, Wheelock y Alfonso, dos y dos. Violeta y Alfonso para que se mantengan los acuerdos de San José, pero Wheelock y Sergio de que se incluyeran las organizaciones sandinistas”, narra Hassan.

El debate principal sobre si se incluía a las organizaciones de masas sandinistas en el Consejo de Estado se escenificó entre Sergio Ramírez y Alfonso Robelo. Doña Violeta no participó en el debate, “porque no tenía una capacidad para esas discusiones y yo me preguntaba: ¿qué hago? Porque yo me debía a mi organización -–el FSLN--”. Esos titubeos, el pensarla demasiado, según el ex miembro de la JGRN, fueron el inicio de sus roces con la alta dirigencia, a pesar de que finalmente votó “a favor de la imposición”.

Y así al ganar la moción de Ramírez, se aprobó la Constitución del Consejo de Estado.


El gusto por mansiones de somocistas
Aseguró que Tomás Borge se tomó de un solo tajo cinco casas en Los Robles, lo mismo hizo Daniel Ortega -–donde ahora reside--, y Humberto Ortega se toma el reparto Santa María en la carretera a Masaya.

“A mí no me tomó mucho tiempo darme cuenta de que las cosas no andaban bien, porque desde la Junta de Gobierno comencé a percibir esto y, por supuesto, empecé a cuestionarlos porque no soy hombre de que se queda callado, y eso me valió muchos conflictos”, recuerda.

Rememora que comenzó criticar –-a inicio de los 80-- el porqué la gente en las instituciones del Estado no trabajaba las ocho horas que establece la legislación laboral.

Esa indisciplina la toleraba la dirección del FSLN, porque había gente que sólo trabajaba dos horas al día y “por eso comenzaron a decir que yo era antiobrero, ya que estaba claro de que un país solamente surge con trabajo, y bien hecho, a como surgieron los alemanes y los japoneses después de la segunda guerra mundial”.

También mencionó que al no aceptar casas que eran de los burgueses, lo siguieron calificando de “demagogo” y que al criticar se creía “dueño de la verdad”. Sobre esto hubo explicaciones, “medias verdades y medias mentiras” y no hubo una explicación racional.


¿Qué estoy
haciendo aquí?
Estos episodios lo llevaron a preguntarse al hoy político retirado a preguntarse: ¿qué estoy haciendo aquí? Porque “las decisiones que tomaba la Junta de Gobierno para la dirección del FSLN no valen”.

“No me pareció que hayan saqueados las casas confiscadas, lo que fue contra la ley, incluso pasando por encima del decreto 59, que prohibía expresamente que las mansiones y quintas confiscadas a los somocistas fueran usadas para residencia de los miembros del gobierno revolucionario”.

La antesala de su salida se produce cuando Arturo Cruz se va de la Junta. Cruz y Rafael Córdoba Rivas se integraron a la misma, luego de la salida de Violeta Barrios y Alfonso Robelo, en 1980.

Cruz renunció “hastiado” y el FSLN trató de mitigar el golpe ofreciéndole la embajada de Nicaragua en Washington, la cual aceptó el padre de quien, por cosas de la vida, también hoy es el representante del gobierno del presidente Ortega ante la administración Bush.

Así la JGRN queda de cuatro miembros (Daniel, Sergio, Córdoba Rivas y Hassan) y es cuando la Dirección Nacional ve la oportunidad de “zanjar el problema que tenía conmigo, y la solución fue decir que para que la Junta quede con un número impar y no estar metiendo más gente, que quede de tres”, ofreciéndole a Hassan la titularidad del Ministerio del Transporte.

“Para decirle la verdad, me sentí un poquito aliviado, pero naturalmente las confrontaciones siguieron con el directorio sandinista, aunque después salieron los problemas en ese Ministerio, entre ellos con dos extranjeros que quisieron que les adjudicara proyectos de infraestructura”.


El de los elefantes blancos
Después pasó al Viceministerio del Interior, donde continuaron los conflictos, y recuerda entre los más importantes uno, cuando un primero de mayo en Chinandega, Jaime Wheelock pronunció el discurso principal y dijo una serie de cosas que eran correctas y reconocía las barbaridades que se estaban haciendo. El Ministro de Reforma Agraria dijo en esa ocasión que la productividad había descendido, que se robaban los equipos y que la gente no trabajaba.

Hassan estaba con un grupo de sus subordinados en una quinta, porque no fue al acto, y los que lo acompañaban se quedaron asustados al conocer lo que había dicho Wheelock, y “me preguntan: ‘¿Cómo es eso?’ Entonces les dije: ‘Estoy totalmente con el comandante, porque esas son las cosas que desde hace años he venido criticando’. Solamente una cosa se le quedó a Wheelock: que el principal responsable de todo el relajo y los elefantes blancos fue él”.

Se fueron sus subordinados, pero 12 días después, cuando Hassan iba a una misa por el quinto aniversario del asesinato de su hermano Omar, lo llamó Tomás Borge diciéndole que se presentara urgentemente a su oficina. Al llegar, lo estaban esperando Daniel y Borge. “Me dijeron que la Dirección Nacional había nombrado una comisión para hablar conmigo por las palabras que había dicho de irrespeto al comandante Wheelock”, relata.

“Yo les dije: ‘Lo que pasa es que ustedes nunca han prestado atención a las críticas que he hecho, nunca me han dicho si estaba equivocado y por qué, de manera que me tomo la libertad de decir lo que yo quiera y donde quiera, y eso es lo que hago yo’”, cuenta.

Daniel le contestó que “la Dirección Nacional piensa que muchas de tus críticas son correctas, pero lo que pasa es que las hacés de una manera muy cruda”. Hassan replicó: “Ve, Daniel, yo no sabía que entre compañeros, que supuestamente siguen los mismos fines, había que andar dorando la píldora”.


“Vos no debés ser candidato”

El ex gobernante aprovechó esa plática, en la víspera de las elecciones de 1984. “Mirá, Daniel, vos no debés ser el candidato del FSLN a la Presidencia, vos has estado en el poder de 1979 a 1984, y eso sería una reelección, por lo que hay que buscar a compañeros nuevos que puedan hacer la tarea. Daniel me dijo: ‘Nosotros hemos consultado con fuerzas nacionales e internacionales y ven bien mi candidatura’”.

Otro choque fue cuando conoció que en el Ministerio del Interior se estaban comprando cosas en el exterior, aumentando los precios, y Borge no le dio importancia y más bien protegió a los autores. Borge, aseguró, lo quiso mandar a Checoslovaquia como embajador
Esto lo llevó a poner su renuncia el 19 de julio de 1985. Su ruptura incluyó el grado militar que tuvo (comandante), así como la militancia al FSLN. Después Daniel lo llamó y le ofreció la Alcaldía de Managua, cargo que aceptó con la condición de que nadie se metiera con él. De la comuna salió en marzo de 1988, cuando terminó su relación con el FSLN y con el cual no se volvió a vincular.