Jorge Eduardo Arellano
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El País / Barcelona

La mortalidad a causa del VIH ha bajado un 40% durante desde 1996. Además, hoy un enfermo seropositivo vive 13 años más de lo que vivía en 1996. Sin embargo, actualmente un joven de 20 años seropositivo vive una media aproximada de 63 años, mientras que un joven no infectado podrá aspirar a llegar hasta los 80.

Son los resultados de un estudio que hoy publica The Lancet, en una edición especial dedicada al sida con motivo del Congreso Mundial que se celebrará en México la próxima semana, del 3 al 5 de agosto.

Los resultados revelan que aunque la situación de los enfermos de Sida ha mejorado de forma notable gracias a las nuevas terapias, sigue sin igualarse con la de la población general.

“Se ha ganado en cantidad de vida y en calidad, hasta convertirse en una enfermedad crónica, pero no se puede perder de vista que continúa siendo letal”, afirma Jordi Casabona, uno de los autores del estudio y director del Centro de Estudios Epidemiológicos sobre las Infecciones de Transmisión Sexual y el Sida de Catalunya (Ceeiscat), que pertenece al Instituto Catalán de Oncología (ICO). Los éxitos conseguidos no deben traducirse en la relajación de las medidas preventivas, añade Casabona. Por ejemplo, “en el colectivo homosexual ha habido una reemergencia por esta falsa sensación de éxito que se debe evitar”, afirma.


Terapias combinadas
En este estudio internacional se ha seguido a 43 mil enfermos de Estados Unidos y Europa desde 1996 hasta el 2005. Han participado 11 hospitales de Cataluña y Baleares. En el periodo comprendido entre 1996 y 1999 murieron 16 pacientes por cada 1,000. En el período comprendido entre el 2003 y el 2005 la cifra descendió a 10 por cada 1,000. En 1996 se introdujeron los primeros antirretovirales.

El descenso de la mortalidad entre 2003 y 2005 coincide con la introducción de terapias combinadas más efectivas a la hora de suprimir la capacidad del virus para replicarse y aumentar la presencia de células CD4. Asimismo, han disminuido los efectos secundarios y se han simplificado las tomas. “También se ha logrado una mayor adhesión de los pacientes a los tratamientos”, explica Josep María Miró, que ha participado en el estudio como consultor del Servicio de Enfermedades Infecciosas y Sida del Hospital Clínic-IDIBAPS de Barcelona.