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Es un grupo heterogéneo, amplio y diverso. Sus miembros, originarios de todos los puntos cardinales conocidos y de comunidades inimaginables ubicadas en los últimos confines de la Nicaragua rural, vienen con una misma función en la que al fin coinciden sin distingos de diferencias geográficas o culturales: enseñar.

Y por esa vocación, oficio de pobre generación de bienes, es que fueron seleccionados 108 maestros de escuelas de primaria para ir a Costa Rica a participar del XXII Congreso Mundial de Escritura que se realizará desde mañana lunes 28 de julio.

Según Fiorena Castro, representante de los maestros y miembro de la organización Nicaragua Lee, los maestros fueron seleccionados en un concurso nacional, junto a profesores afiliados al Ministerio de Educación, para representar al país, por primera vez, en un congreso de esta categoría, donde estarán grandes figuras científicas de la enseñanza y metodología escolar.


Traer conocimientos
La idea, según Castro, es que los maestros puedan apropiarse de las enseñanzas y multiplicarla a su regreso del XXII Congreso Mundial de Lectura. El evento es organizado por el Consejo Costarricense de Lectura y respaldado por la Asociación Internacional de Lectura.

Y esa es, principalmente, la mayor expectativa de los maestros, jóvenes y de mayor edad, que salen por primera vez de 76 comunidades y 92 escuelas primarias a otro país. Todos ellos son líderes naturales en sus comunidades y se han destacado por su responsabilidad y esfuerzo en pro de la educación.

Justina Díaz Flores, de la escuela Sendero de Vida, de Mulukukú, quiere conocer nuevas experiencias de enseñanza para aplicarla a los niños de su comunidad y ayudarles a superar las dificultades de aprendizaje a quienes presentan más problemas para aprender a leer y escribir.

“Me gustaría saber qué puedo aprender de nuevo, es una acción interesante aprender para enseñar, y creo que me será de mucha riqueza profesional”, dijo la joven maestra.

Igual opina Darvin Martínez, un muchacho originario de Siuna, Región Autónoma del Atlántico Norte, quien bajó de la comunidad de San Isidro de Silví, a 15 kilómetros del casco urbano del municipio, para tomar un avión y venir a Managua, de donde saldrá a Costa Rica subsidiado por la organización Nicaragua Lee, con ayuda de empresas privadas.

Con 20 años de edad y cinco de experiencia, Martínez está seguro de que más de alguna nueva experiencia podrá transmitir a sus 85 alumnos de la escuela primaria “Estrella de la Mañana”, adonde llega cada día, tras varios kilómetros de camino, a enseñar el pan del saber en un ambiente pobre y reducido por las carencias básicas del municipio.


“Para enseñar mejor”

Aunque su edad contrasta con la de doña Berta Mairena, quien cuenta con 88 abriles a cuesta, ambos viajan con la misma emoción de aprender más para enseñar mejor.

Ella es la abanderada de la delegación y es una firme creyente de que nunca es tarde para aprender. Comenzó a impartir clases a alumnos de primero y segundo grado a los 17 años, y hoy, a los 88, sigue con el mismo interés del primer día, pero con mucha más experiencia.

“Por mis clases han pasado generaciones completas que han aprendido las primeras letras, a leer y escribir, y viera qué orgullo es ver llegar a los nietos de mis primeros alumnos a aprender, al igual que lo hicieron sus abuelos”, dice Mairena, para quien no hay dudas de que el futuro de un país se forja en la calidad de la enseñanza.

“Enseñar es un acto de amor, nunca acaba hasta que uno muere”, dicta doña Berta, quien fundó el Preescolar Berta en 1966 y desde entonces sigue al frente de la institución.