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La reciente ofensiva diplomática de Costa Rica por revivir el tema del litigio con Nicaragua por el Río San Juan, pese a que se ventila en la Corte Internacional de Justicia en La Haya, tiene sus bases en una profunda crisis sociopolítica-económica que afecta al gobierno de la presidenta costarricense Laura Chinchilla, a criterio del experto en relaciones internacionales Alberto Alemán Aguirre.

A su criterio, ¿qué motiva al gobierno de Chinchilla a un cambio de timón en la dirección de la política exterior frente a Nicaragua?
Hubo muchas críticas hacia el manejo que le dio al conflicto el anterior canciller, René Castro. Fue interpelado en la Asamblea Legislativa, y una buena parte de la clase política y de los medios estaban muy insatisfechos con su actuación al frente de la Cancillería. Se le vio como “suave”, apaciguador, no lo suficientemente duro con Nicaragua. Por ello tuvo que ser sustituido.

¿Plantea el nombramiento de Castillo una nueva estrategia que Costa Rica está usando en cuanto al litigio contra Nicaragua?
El nombramiento de Castillo es lógico, en el sentido de que este señor era el embajador de Costa Rica en la OEA, tomó parte de la primera ofensiva diplomática que el vecino país lanzó contra Nicaragua, y, por tanto, conoce el tema. Castillo ha venido con un discurso duro de ‘firmeza’, y hasta de provocación y de aventurerismo. En una entrevista llegó a insinuar que la Fuerza Pública debió haber opuesto resistencia al Ejército de Nicaragua en el territorio en disputa. Esto evidencia, en mi opinión, que el gobierno de Laura Chinchilla está bajo una presión muy grande de la opinión pública --mayor que la que hubo sobre el gobierno de Daniel Ortega--, puesto que allá la percepción del asunto es que Nicaragua invadió territorio tico, causó destrozos y se quiere quedar por la fuerza con ese pedazo, y hacer lo que venga en gana, una percepción fomentada por los medios y por los políticos mismos. Recordemos que el país vecino se define a sí mismo como pacifista y de neutralidad perpetua, y se ufana de no tener un ejército convencional.

Manejo errático de San José
¿Usted encuentra ejes de una estrategia o considera que la misma se proyecta sin sentido, o siguiendo un lineamiento de política externa de San José?

¿Una estrategia? Creo que la actuación de Costa Rica durante todo el conflicto ha sido un poco errática, no veo una estrategia clara, definida y bien pensada, muchas veces se han contradicho los ministros y la presidenta, y hasta han hecho comparaciones ridículas, como cuando Chinchilla comparó a Nicaragua con los filibusteros de William Walker. Hubo contradicciones en la clase política, no sabían cómo era mejor proceder, si ir a la OEA o directamente al Consejo de Seguridad de la ONU, como sugirió Óscar

Arias. Eso sí, debe reconocérseles que ellos tomaron la iniciativa y metieron la demanda contra Nicaragua en la Corte de La Haya primero, es decir, el caso se abre con una acusación de ellos contra nuestro país, lo que les da una cierta ventaja e imagen.

Y de Nicaragua, ¿usted encuentra una estrategia frente a la estrategia diplomática tica?
Desafortunadamente,  Nicaragua tampoco ha tenido una estrategia clara ni bien pensada. Nuestra actuación ha sido únicamente reactiva ante lo que ellos hacen o tratan de hacer. El presidente Ortega anunció una demanda ante La Haya y no se introdujo nunca, hasta que Costa Rica se adelantó. Además, creo que haber puesto a Edén Pastora a dirigir los trabajos de dragado del río fue una mala decisión; se debió haber puesto a una persona competente técnicamente. Encima, el señor Pastora tiene la lengua muy floja, y debería prohibírsele hablar del conflicto del todo.

El problema entero se agrava por el secretismo con que se conduce la política exterior. Y, en general, estimo que
Nicaragua no tiene una política exterior definida hacia Costa Rica. Es esta una carencia muy seria, debido a la inmensa importancia que el vecino país tiene para nosotros.

La “sanjuanización”
A un año de iniciado el litigio, ¿cuál es el estado de las relaciones entre ambos países?
A un año del conflicto, las relaciones entre los dos países están en su punto más bajo en años. Tristemente, hemos regresado a la situación de la “sanjuanizacion” de las relaciones bilaterales. San José ha cortado los contactos oficiales regulares, ha retirado a su embajador en Managua y se niega a mandar otro. Lleva ocho notas de protesta contra Nicaragua, desde que la CIJ ordenó sus primeras medidas del caso. Todos los demás temas importantes --migración, integración, comercio-- están olvidados, y los ticos se rehúsan al diálogo. Parece que lo único que les importa con respecto a Nicaragua es “la defensa de la soberanía” y su “Isla Calero”.

¿Encuentra usted alguna relación con la política exterior tica frente a Nicaragua en los últimos meses con la caída de la popularidad de la presidenta Chinchilla?
Creo que los dos gobiernos han sacado beneficios políticos del conflicto. Frente a los cuestionamientos a su pretendida reelección, Ortega ha ganado legitimidad como defensor del Río San Juan, un magnífico regalo de la señora Chinchilla. En el caso de Chinchilla, creo que también ha sabido sacar muy buenas ganancias políticas. Su dura postura con Nicaragua le ayuda a mantener popularidad dados otros graves problemas internos como la crisis de la Caja Costarricense del Seguro Social, o los pleitos de poder entre las cúpulas del oficialismo del Partido Liberación Nacional --Óscar Arias y su hermano Rodrigo le han hecho la vida imposible a Chinchilla, bloqueándole iniciativas de ley con su control de la bancada del PLN en el Parlamento--. Y te doy un ejemplo concreto: el conflicto con Nicaragua ha permitido la formación de un cuerpo de  guardafronteras, unos 2,000 hombres, armados, equipados y con suficiente presupuesto; la disputa con Nicaragua le ha permitido al gobierno tico hacer este gasto de seguridad, que de otro modo le habría resultado difícil de justificar.

Debemos recordar que una de las principales promesas de Laura Chinchilla fue de mejorar la seguridad en su país. Ella, como exministra de Seguridad, sabe muy bien que, en este aspecto, Costa Rica no está bien preparada para enfrentar el narcotráfico. Ella ha buscado un aumento del presupuesto de seguridad, y hasta pretende mejorar el entrenamiento de la Fuerza Pública (una opción es pedir asesoramiento de la República Popular China). Para cualquier gobernante, dado el pacifismo tradicional tico, es muy difícil justificar el aumento del gasto de seguridad sin parecer que hay una vuelta al militarismo.