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La postura de Costa Rica frente al proceso electoral y sus resultados, así como la inflexibilidad del canciller Enrique Castillo ante las relaciones bilaterales con Nicaragua, fueron calificadas como posturas “desalentadoras y frustrantes”, para el analista de relaciones internacionales, Alberto Alemán Aguirre.

“Las declaraciones del canciller Enrique Castillo son desalentadoras y frustrantes. Además de demostrar una gran soberbia e inflexibilidad de las elites costarricenses imbuidas de un sentido de excepcionalidad,  lo que evidencian es una sorprendente falta de pragmatismo”, dijo Alemán, ante las últimas declaraciones del canciller costarricense sobre Nicaragua.

“Cambios habrá si ellos cambian. Nada ha cambiado, todo sigue igual”, dijo en tono molesto, el ministro Castillo en San José, según la agencia AFP, cuando los periodistas le consultaron si con la reelección polémica de Ortega cambiaría el bajo nivel de las relacione bilaterales.

“No tenemos ningún comentario sobre Nicaragua. No estamos obligados a emitir ningún comentario sobre asuntos internos de los nicaragüenses”, dijo entonces Castillo.

“Costa Rica insiste en no enviar un embajador a Managua, y hoy vemos que el país vecino endurece su posturas al conocer, como bien lo informó END, que construye una carretera paralela al Río San Juan, y que instalará 5 nuevos cuarteles policiales en la zona fronteriza”, observó Alemán.

Según el analista, es comprensible que la reelección de Ortega no satisfaga a la Administración de San José, pero, de igual modo, desconocerla sería un error diplomático.

“Está bien que no feliciten a Ortega si no lo desean. Sin embargo, en la diplomacia no se trata de caras bonitas o feas, de si me caes bien o no, sino que se trata de intereses. Sin importar quién esté en el poder en Nicaragua, los gobernantes de Costa Rica, presentes y futuros, tienen que  lidiar con nuestro país. Es el dictado inevitable de la geografía y de múltiples lazos humanos, económicos, sociales, culturales e históricos”, observó Alemán.

“No veo ninguna ganancia en no mantener un embajador en Managua. Ellos están perdiendo más, pues no tienen nadie de peso aquí que envíe reportes de diplomacia pública, o confidenciales, a la Cancillería en San José, lo cual podría mejorar su propia capacidad de tomas de decisiones”.

“Que lo diga el exembajador Edgard Ugalde, quien, como ahora comprendemos, tenía como una de sus misiones principales preparar la demanda tica contra Nicaragua por los derechos de navegación en el San Juan, introducida en 2005 y fallada en 2009. Sin un embajador, no hay un canal de comunicación inmediato”, enfatizó Alberto Alemán.