•   CUSMAPA, MADRIZ  |
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Los orteguistas alegan que el secretario político de su partido, Jesús Herrera Zepeda, más conocido en la zona como “Jersan”, se acompañó del subcomisionado Elvis de Jesús López Aguilera, jefe municipal de la Policía, policías voluntarios y simpatizantes rojinegros, para ir a sofocar una supuesta agresión contra sus adeptos en la comarca El Carrizo, 10 kilómetros al oeste de Cusmapa, la cabecera municipal.

El Carrizo junto a otras comarcas está asentado en el fondo de una depresión topográfica, y sus casitas y los rostros de su gente muestran la extrema pobreza. Solo las casas afines al FSLN o a los CPC cuentan con luz fotovoltaica, pero por costumbre es gente que se va temprano a la cama.

Los partidarios de Ortega afirman que, en la comarca, los liberales del PLI los esperaban con fusiles y que estaban destruyendo los paneles solares. “Andan tres AK (los liberales). Yo conozco al secretario político, yo sé que él lo que usa es una pistola, creo que es una 38, y la Policía con su arma reglamentaria”, reconoce Juan Carlos Calderón Ramírez, promotor de Derechos Humanos, no obstante admite ser un ferviente sandinista. “Hasta que me muera”, acotó con tono fuerte. Y por esa condición, no ha ido a verificar la matanza.

La otra versión

En El Carrizo, de unos 500 habitantes, parientes y vecinos de las tres víctimas mortales y dos heridos de la misma familia en el enfrentamiento de las 9 de la noche del martes último, afirman que todos en la comunidad ya estaban acostados, cuando fueron atacados a balazos.

“Yo vide (miré) que venían dos camionetas llenitos de gente y decían: ‘¡Viva el Frente Sandinista! Venimos por seis, y el principal es Reynaldo Méndez Boquín’. Golpearon la puerta y dijeron: ‘Vos vas a entregar la cabeza de Reynaldo’”, relata Mercedes López Ruiz. Pero el hombre ya había huido, tras oír los vítores y reclamos.

Añade la mujer que al no abrir la puerta, dijeron: “Vamos por los otros”, y llamaban a que los liberales salieran de sus casas y hacían disparos al aire. Las mujeres con sus niños salían hacia el patio para esconderse en el monte.

Emboscada
Aparentemente, los intrusos guardaron silencio por unos minutos para ver quiénes se movían entre la penumbra.  “Inocentemente mi tío y mis primos salen, cuando los agarran, les disparan, los garrotean, les daban con piedras y hasta los patearon. Le sacaron las tripas a uno de ellos”, relató.

Doña Irinea Mejía Cruz, de 64 años, esposa y madre de los baleados, se quedó dentro de la casa.
Dijo que después que se retiraron los agresores, al primero que le llevaron fue a Elmer, quien le pidió a su mamá que lo subiera a la cama, lo cual hizo sola porque todos los demás habían huido. “Se sentó y se quitó los zapatos, y eso me consoló. Luego le dijo a su muchachito que le soplara aire, después dijo que ya no, ahí murió”, cuenta la anciana. Llevaba un disparo en el abdomen. Deja a nueve huérfanos.

A su otro hijo, Ariel, cuyo nombre es Josué Sael, también lo llevaron a la casa aún con vida. “Me tomó la mano, me quedó mirando, pero murió también, porque venía con las tripas de fuera”, añade doña Irinea.

Tenía un impacto de bala en el abdomen y otro en la sien izquierda.

Todas las esposas, hermanos y vecinos demandaron justicia, y señalan como responsables del crimen al secretario político del FSLN, al jefe policial y al señor Eusebio Cruz, funcionario del Consejo Supremo
Electoral.

“Estamos en zozobra, no tenemos a quién acudir para que nos venga a proteger”, expresaron.