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En Nicaragua son miles de hectáreas de suelos que albergan bosques, flora, fauna y recursos hídricos y que están en manos privadas, bajo la categoría de reservas.

Exactamente 56 propiedades están ya formalmente reconocidas e integran la Red de Reservas Silvestres Privadas, RSP. Cuando iniciaron eran 6. Ahora, según los avances del censo de su capital natural, acumulan más de 9,000 hectáreas de suelos y 115 kilómetros cuadrados de bosques.

Según datos de la Red, el impacto y beneficio que pueden aportar  frente al cambio climático, es enorme ya que ellos se declaran comprometidos con la protección, preservación y reproducción de los recursos de la tierra.

Cada reserva tiene una estación de biodiversidad. “Estamos haciendo una función pública desde una propiedad privada”, coincidieron sus directivos en alusión al trabajo de preservación que desempeñan.

La RSP se presenta además como un modelo exitoso del manejo sostenible, pues en muchas de las propiedades miembros, se practican actividades económicas en armonía con la naturaleza.

Turismo sostenible y todo verde…
Estamos hablando de turismo sostenible, cultivo de café orgánico, producción silvopastorial y también se impulsan proyectos de investigación y el programa de reserva Aula Verde.

Conociendo su importante posición de cara a los embates del fenómeno climático global, y a diez años de la conformación legal de la Red, Nicaragua será sede del Primer Congreso de Conservación Voluntaria a realizarse el 24 de noviembre.

Durante ese encuentro se presentarán datos de a cuánto asciende el capital natural que en el país está en manos de privados, así como su visión respecto a las políticas e incentivos que requieren para desarrollar proyectos y programas que les permitan potencializar los efectos positivos de las prácticas ambientalmente saludables.

Hasta ahora las reservas privadas reciben del Estado como único beneficio, la exención del Impuestos sobre Bienes Inmuebles, IBI.

Esperan más apoyo y resaltan como parte de su aporte el trabajo que hacen para frenar la tala del bosque, las  quemas de suelo y la cacería ilegal de especie que atenta contra la existencia de nuestras más valiosas especies.