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Casi un tercio de los jóvenes y de los adolescentes en Nicaragua están subempleados y tienen salarios menores a los adultos que hacen el mismo trabajo, indica el Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2011, “Las Juventudes Construyendo Nicaragua”, que presenta una radiografía de la situación de la juventud y adolescencia.

El futuro de los jóvenes se oscurecerá más de aprobarse la reforma la Ley Orgánica del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, INSS, pues las posibilidades de tener una vejez digna disminuirán.

El economista Adolfo Acevedo anotó que el bono demográfico se verá afectado por dos vías: “Por el empleo precario e informal, y porque la minoría que cotiza va a verse afectada por esta reforma verdaderamente drástica. No se está haciendo el esfuerzo ni la inversión para mejorar el bono demográfico”.

Los organismos de Derechos Humanos calificaron la posible aprobación de la reforma a la Ley Orgánica del INSS, como una “nueva forma de esclavitud”. Marcos Carmona, Director de la Comisión Permanente de Derechos Humanos, CPDH, señaló que la reforma a la ley sería un duro golpe contra la clase trabajadora.

En tanto, Carlos Alberto Guadamuz, abogado del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, Cenidh, consideró que de esta forma se le estaría cerrando a la ciudadanía las puertas a la protección social.

La situación de los jóvenes
El Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2011 señala que el subempleo juvenil ha decrecido 4.3 puntos porcentuales entre 2003 y 2008. Según el informe, se estima que en 2008, el 31.7% de los adolescentes y de los jóvenes estaban subempleados, proporción que es mayor a la de los adultos (28.3%). En ese mismo año, apenas el 10% tenía empleo y estudiaba; y unos 321 mil jóvenes no estaban estudiando, ni trabajando ni buscando empleo.

La Organización Internacional del Trabajo califica el subempleo como la situación laboral de una persona que se dedica a cualquier actividad para sobrevivir, porque no puede encontrar un empleo de dedicación plena, con protección social e ingresos que le permitan satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia.
Basado en las leyes actuales, el Informe considera adolescentes a las personas entre 13 y 17 años, y jóvenes a quienes tienen entre 18 y 29 años.

Víctor, 20 años, forma parte de ese 31.7% de adolescentes y jóvenes subempleados. Él trabaja en una tienda de zapatos en el Mercado Oriental por un salario diario de 60 córdobas. Si logra vender dos pares de zapatos antes del mediodía su jefa le da el almuerzo. Nunca ha estado asegurado.

El Informe añade que dada la precaria calidad de los puestos de trabajo que genera la economía nicaragüense, el principal problema que enfrentan adolescentes y jóvenes es el subempleo, más que el desempleo.

“Entre los años 2003 y 2008, el subempleo rural se redujo 8.1 puntos porcentuales, mucho más que el subempleo juvenil urbano (1.9 puntos). Aunque no hay estadísticas detalladas que indiquen en qué se transforma esta reducción del subempleo juvenil rural, en parte refleja la migración laboral juvenil hacia Centroamérica, especialmente Costa Rica, Guatemala y El Salvador, para ocuparse en empleos agrícolas, en el sector servicios y en la industria de la construcción”, dice el estudio.

En el Caribe están mejor
Los jóvenes de la Costa Caribe presentan un menor porcentaje de desempleo y subempleo en comparación con sus pares del resto del país. El menor desempleo --indica el Informe-- podría asociarse a la pesca, a otras actividades de explotación artesanal de los abundantes recursos naturales de la región o a la ocupación en barcos cruceros.

“Sin embargo, las fuentes estadísticas no permiten inferir claramente las causas de este menor desempleo y subempleo”, contiene el estudio, y a la vez recomienda fortalecer los sistemas nacionales de información estadística sobre las realidades regionales, departamentales y municipales o de una etnia específica.

Esta situación implica que “una persona no puede hacer uso pleno de sus habilidades y capacidades porque no trabaja, o trabaja en lo que sea, aunque no satisfaga sus necesidades básicas o carezca de acceso a redes de seguridad social”.

Más que fuerza de trabajo subutilizada, “estas son vidas en condición de exclusión o inclusión desfavorable en la vida económica del país, y vidas que no desarrollan todo su potencial”.

Con el subempleo, pierde tanto la sociedad como el Estado, no solo en términos de generación de ingresos y riqueza, sino en los niveles de satisfacción de la población y la cohesión social.

El subempleo en jóvenes y adultos en Nicaragua (35.4%) es menor que en El Salvador (49.9%), pero mayor que en Costa Rica (15%).

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