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¡Uyy se cayó!, fue lo primero que  se le escuchó decir a  la empresaria turística Naraya Zelaya, al ver sin techo la histórica casa de la telegrafista Blanca Aráuz, en San Rafael del Norte, Jinotega.

Mientras el cuidador de la vivienda, el anciano Tomás Herrera Zeledón, corría nervioso  hacia ella quejándose de que había ocurrido lo que tanto temía.

“La casa no tiene mantenimiento del 2000 para acá, y es un museo de Sandino, está  sin atención y  mire lo que pasó”, decía una y  otra vez.

Explicando al mismo tiempo que tenía de limpiarla y cuidarla 16 años, sin ningún pago de por medio.

Entre tanto, los jóvenes de la cuadra ya habían acudido al lugar, incluyendo los nietos de Herrera, preocupados por el anciano y buscando cómo ayudarlo a resguardar los cuadros del esposo de Aráuz, el general Augusto C. Sandino.

El desplome ocurrió pasada las tres de la tarde del primero de diciembre, justamente cuando un equipo de EL NUEVO DIARIO se preparaba para realizar un reportaje sobre el circuito turístico que nos haría permanecer entre una y dos horas  en la ciudad.

La empresaria Naraya Zelaya  había decidido ser la guía en el recorrido. Incluso dos horas antes había sugerido parar primero en la famosa vivienda  para luego visitar la Iglesia, el Tepeyac y el río Viejo.

Y así fue. El equipo salió del Hotel Casita San Payo hacia la casa museo, lo que apenas implicó un minuto en vehículo, pues se sitúa a una cuadra del hotel.  

Iban a entrar cuando ocurrió el desplome
Cuando todos  se disponían a bajar del automotor,  Herrera estaba cerrando la puerta de la casa museo. Y en un segundo ¡ups!, el techo cayó.

El asombro, por segundos, reinó en la cuadra. Seguido del “alboroto”: el susto de Naraya, las quejas de Herrera, y  las preguntas del medio que se entremezclaban con los comentarios de los chavalos que auxiliaban a Herrera.

Ayudó publicación de END

Naraya, quien además es vicepresidenta de la Comisión de Turismo en San Rafael del Norte,  dijo que después de “semejante” sobresalto, llamó por teléfono a los nietos de Blanca Aráuz y del general Sandino. Aunque don Tomás  ya se le había adelantado.

Eso ayudó. Ayer la familia, incluyendo la hija de la telegrafista y del general, pusieron pie en San Rafael del Norte.

Llegaron al mediodía y de inmediato se reunieron con el alcalde de la zona y la comisión de Turismo.

“Claro, también ya había salido la noticia en EL NUEVO DIARIO. Así que todos ayer nos reunimos y decidimos que se tenía que hacer algo por la casa, así que llegamos a varias resoluciones sin política de por medio”, comentó.

La primera fue que se iban a buscar “fondos” con el Gobierno y organismos internacionales para restaurarla, manteniendo su estructura y estilo.

“La familia de Sandino no es adinerada, es como cualquiera de nosotros. Así que hay que buscar fondos. Mientras tanto, se optó  por tener los cuadros y todos los artículos de Sandino en la Casa de Cultura, que queda contiguo a la vivienda (de la telegrafista)”, detalló Naraya.

También acordaron reuniones periódicas. “La próxima será en enero, para darle seguimiento justamente  a la restauración”, adelantó  la empresaria. De modo que, como un cuento de hadas, hubo un buen final, pues hasta el señor Herrera recibió sus centavitos.