•  |
  •  |

Guardias ticos vestidos de azul con ametralladoras en mano patrullaban la carretera que el gobierno costarricense está construyendo paralelo al nicaragüense río San Juan, mientras a lo largo de los 130 kilómetros han lanzado todos los fierros, con más de sesenta máquinas.

Así se desencadenó una acción que va dejando a su paso devastación de la naturaleza con consecuencias ecológicas graves, incalculables e irreversibles para el torrente acuático, la flora y la fauna.

El pasado viernes, cuando periodistas nicaragüenses recorríamos y graficábamos esos 130 kilómetros entre el Delta y los mojones limítrofes cercano a Los Chiles, los guardias ticos se apostaron en una patrulla motorizada en el trayecto de carretera cercano a uno de los más grandes planteles ubicados en el lugar conocido como Las Tiricias, donde se observa incalculable volumen de sedimentos, desechos, árboles derribados, canales cavados de drenaje, movimiento de tierra adentro de las aguas y para muestra de donde también surtirá la contaminación, un solo tubo de desagüe fluvial hacia el río San Juan.

La fuerza pública costarricense se mantuvo como desafiante mostrando una escena  lastimosa y resultó elocuente graficar la destrucción de la naturaleza provocada por el Gobierno de la presidenta Laura Chinchilla: lo que era una espesa montaña fue reducida a un árido cerro que es explotado como banco de material a orillas del río, entre uno de los tantos actos de la barbarie ecológica.

Mayores Estragos
Los mayores estragos que recaen sobre el San Juan se aprecian cerca del mojón II, (3 millas inglesas abajo de El Castillo) donde se delimita la línea fronteriza para la libre navegación de Costa Rica. Desde la cima donde ondean la bandera de Nicaragua y Costa Rica, tras la tala de árboles, además de una cadena de criques y caños, la pesada maquinaria soterró una ancha vertiente que desembocaba en el río, entre las propiedades nicas conocidas como Las Mercedes y Linda Vista.

La carretera tica está trazada en una línea que  viéndola desde el aire, guarda una distancia casi imperceptible con el caudaloso río San Juan. Las máquinas pesadas: patroles, retroexcavadoras, camiones de volquete, aplanadoras, entre otras, se divisan en varios frentes de trabajo, arrasando con bosques, soterrando las vertientes, lanzando desechos al río y llevándose a su paso los mojones que apenas quedan como la señal fronteriza que el Gobierno costarricense se ha negado a densificar.

Intromisión
En el recorrido por los mojones IX, X, XI y XII, se observa cómo la maquinaria tica pasó rasante por viviendas, arrasando las pesadas piedras, llevándose cercas, desviando el curso natural de las vertientes y quintando tajos de tierras a los vecinos nicaragüenses que dicen sentirse descontentos y llenos de incertidumbre.

Don Julio Sandoval Amador salió al paso para denunciar que fue obligado por los funcionarios costarricenses a retirar como 10 varas de cerca de su propiedad, por donde atravesó la carretera, destruyendo los cultivos de yuca.

El señor pidió la presencia de especialistas nicaragüenses para que les orienten cómo colindan las propiedades y la línea limítrofe que se debe respetar, pues además los ticos les advirtieron que hasta las casas tenían que quitar.

Veteranos pobladores de El Castillo observan estupefactos la construcción de la carretera, el curso de la misma y las pretensiones del Gobierno costarricense. A su juicio, debe haber leyes o tratados internacionales ambientales y procedimientos para la construcción de carreteras que deberán respetarse.

Costumbre era respetar 50 metros
Nicolás Galeano, un guía turístico de El Castillo, refiere que “de acuerdo con la costumbre vecinal, siempre hemos sabido que se debe respetar un margen de 50 metros a ambos lados de la línea limítrofe, así nos hemos tratado para encuentros vecinales e incluso para lograr el entendimiento en la época de guerra que pasamos”.

Don Juan Terán Torres, de 83 años, dice no entender lo que está pasando ahora, después que han mantenido una buena convivencia con los costarricenses. “El río San Juan es nuestro y no sé qué intenciones tiene esa presidenta Chinchilla porque está perjudicando nuestro río, primero salió reclamando un pedazo de abajo y ahora nos está tocando; el Presidente ha sido tolerante”, consideró.