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El impacto del cambio climático es el mayor desafío de este siglo, y los más vulnerables son las poblaciones pobres que dependen de la agricultura y que, obviamente, ven amenazada su sobrevivencia con el vaivén del clima. Bajo esa justificación se anunció un proyecto que pretende ayudar las poblaciones asentadas en el Corredor Seco Centroamericano. La idea es contribuir a que eleven sus capacidades de producción aun en condiciones climáticas extremas.  

El principal objetivo es mejorar en los próximos 18 meses la capacidad de los pequeños productores y prepararlos para enfrentar la sequía o bien los inviernos intensos. Los capacitarán en la implementación de mejores prácticas de cultivo, les proporcionarán insumos para la producción, es decir, semillas mejoradas.

En el caso de Nicaragua, serán beneficiadas 4,000 personas de forma directa; 20,000 en toda la región. Aquí en el llamado Corredor Seco Centroamericano se ubican los pobladores de la microcuenca Quebrada Larga, del municipio de Totogalpa, donde según José Luis Vivero, coordinador regional de Acción contra el Hambre, entre junio y agosto las poblaciones padecen hambruna.  

Cosechar hasta el agua
También apuestan a maximizar la cosecha de agua en los períodos claves para los cultivos, partiendo de que hay pocos reservorios. Dijo que trabajarán con la comunidad para que aprendan técnicas de captación de agua a través de los tejados, tengan potabilizadoras pequeñas, y de esa forma asegurarles, además, acceso a agua de mejor calidad.

Para ejecutar el proyecto cuentan con dos millones de euros aportados por el Departamento de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Comisión Europea, los cuales serán distribuidos entre las poblaciones que se ubican en el Corredor Seco Centroamericano que une a Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala.  

Vivero agregó que proponen establecer un programa de transferencia condicionada, que no es más que contratar mano de obra local para rehabilitar la cuenca o los caminos entre marzo y junio. Con eso les darán la oportunidad de tener recursos que les ayuden a no pasar

hambre en ese período, como ocurre año con año.

Además, apuestan a elevar capacidades de los gobiernos locales en lo que respecta a la vigilancia de la seguridad alimentaria y nutricional. Según Vivero, las municipalidades, además, tendrán que aportar recursos humanos y algunos económicos en la implementación de este proyecto.

Aparte de Acción contra el Hambre, el proyecto involucra el aporte de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, y del Ministerio Agropecuario y Forestal.