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Wendy Díaz, Lea Morales y Karen Lennon, probablemente nunca se hubieran conocido. En común solo comparten un pasado marcado por la violencia física y psicológica a manos de los hombres en los que empeñaron afecto y confianza.
Ellas ahora se acompañan en el engorroso y frustrante camino que les está significando la búsqueda de justicia. Según aducen, el sistema pone muchos tropiezos para quienes como ellas deciden denunciar.

A Wendy, el hombre con el que vivió bajo unión de hecho estable durante siete años, y con quien procreó una menor que ahora tiene tres años, la hacía vivir un infierno. La golpeaba y la sometía, hasta que decidió dejarlo. Ahora el que señala como su agresor no cumple con la pensión alimenticia de la niña y tampoco ha sido castigado por la agresión a la que la sometió.

“El sistema conspira para que las víctimas no lleguen a la justicia”, explica Wendy Flores, abogada del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, Cenidh, adonde las tres mujeres llegaron para que les ayuden en sus demandas contra sus victimarios.

Lea, una mujer aparentemente tímida, se expresa decidida a ventilar su denuncia con tal de ser ejemplo para quienes, como ella, sufren o sufrieron maltrato por parte de sus parejas. Tras año y medio desde que inició su demanda, la justicia tampoco resuelve su caso.  

La última es Karen, una jamaiquina que enamorada de un nacional aceptó radicar en Managua sin saber siquiera el idioma. A Karen, el hombre con el que contrajo nupcias en 1995 le recetó al poco tiempo de vida en pareja, maltrato verbal y físico, y prácticamente la había convertido en una rehén, pues no le permitía amistades.

“Aguanté con él”, refiere ahora que lucha para que la Ley lo castigue y lo obligue a cumplir con la pensión de los hijos que tuvieron.

Según Flores, en los tres casos el Ministerio Público ha interpuesto acusación por violencia intrafamiliar, sin embargo, todos han encontrado obstáculos en el Poder Judicial.