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La placa sigue ahí, sólo que incrustada en una pared con colores opacos, sucia y a todas luces desprovista de mantenimiento: “Oficina Popular de la Gran Yamahiríya Árabe Libia Popular Socialista”. En un asta con señales de herrumbre ondea hecha jirones la otrora gloriosa bandera verde de la Revolución Libia del extinto líder Muammar Al Kadafi.  
A casi dos meses de la muerte del dictador libio y por cumplirse un año de la rebelión que acabó con sus 41 años de gobierno, las relaciones diplomáticas de Nicaragua con el antiguo aliado de la Guerra Fría lucen como la bandera que ondea en el edificio vacío: sin un norte claro, al vaivén del viento.
Un equipo de EL NUEVO DIARIO, tras llamar innumerables veces sin que nadie atendiera el teléfono, llegó hasta la sede diplomática a buscar información sobre las relaciones bilaterales en el nuevo contexto de la nación africana y la única respuesta llegó de un vigilante privado, quien desde detrás de los portones respondió que la sede se encuentra deshabitada desde hace meses.
Igual ocurrió en la residencia personal en Altos de Santo Domingo que ocupó el último embajador libio en Managua, Abdalla Mohamed Matoug, la cual fue puesta en alquiler en octubre pasado y se ignora a la fecha si ya tiene nuevos inquilinos, puesto que el número celular del agente de bienes raíces se encuentra apagado.
Del funcionario diplomático libio se desconoce su suerte desde hace meses. En Cancillería tampoco hubo quien atendiera las consultas sobre el tema de Relaciones Exteriores, puesto que el teléfono del canciller Samuel Santos se encuentra apagado o fuera del área de cobertura.
La Presidencia de la República, que a inicios del año condenó la rebelión contra Kadafi mediante la voz directa del presidente Daniel Ortega, nunca lamentó en público la muerte del dictador libio en octubre pasado.
Lo última acción diplomática de Nicaragua a favor de Kadafi fue la designación del embajador Miguel D’ Escoto como representante del dictador libio ante las Naciones Unidas.
Para el experto en Derecho Internacional y exembajador de Nicaragua ante la Unión Europea, Róger Guevara Mena, las relaciones diplomáticas simplemente están suspendidas de manera temporal –congeladas-- entre tanto Managua no reconozca a las nuevas autoridades libias del Consejo Nacional de Transición.
El 16 de septiembre, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció oficialmente al Consejo Nacional de Transición como autoridad legítima de Libia, con 114 votos a favor, 17 en contra y 15 abstenciones.
Ese mismo día, el portavoz libio Abdelhafez Ghoqal llamó a los países que aun desconocían a las autoridades a sumarse al reconocimiento mundial, pero Nicaragua, junto a Bolivia, Antigua y Barbuda, Cuba, Ecuador, Dominica, Namibia, San Vicente y Granadinas y Venezuela, hasta ahora, han evitado tal acción.