•   Granada, Nicaragua  |
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La caída repentina de una antigua casona de estilo colonial, localizada sobre la Calle Atravesada, en Granada, evidenció el estado vulnerable en que se encuentran las edificaciones hechas de taquezal y de adobe, sistemas constructivos utilizados desde la fundación de la ciudad, en 1524.  

El derrumbe de la vivienda esquinera de doña Luisa Pedrosa, a mediados de diciembre pasado, trajo a discusión la falta de mantenimiento y la fragilidad que sufren los inmuebles cuando sus moradores no invierten tiempo ni recursos.

El arquitecto y restaurador, Fernando López Gutiérrez, expresó que --contrario a lo que orienta la Alcaldía-- los dueños de estas casas no se acercan a los funcionarios para pedir ayuda o información sobre el sostenimiento o restauración de las mismas.

“Una vivienda es un cuerpo vivo, la gente cree que las casas se construyen y no hay nada más que hacer, pero una casa necesita, obligatoriamente, revisiones periódicas, sobre todo aquellas casas hechas a base de los dos sistemas tradicionales más antiguos que conoce Granada (adobe y taquezal)”, dijo López Gutiérrez.

El adobe ha demostrado una gran resistencia y durabilidad a lo largo de los años, pero esas fortalezas están en dependencia del cuido que tengan, aclaró el arquitecto. “El adobe es una mezcla de barro, arena y zacate, que es susceptible a la humedad. Por eso hay que estar pendientes de que las paredes no entren en contacto con la humedad, ni por el techo ni por el piso”, dijo.

El problema --explicó-- es que los que se atreven dar mantenimiento a los inmuebles no se percatan de que el agua también entra por capilaridad (por el piso), y solamente priorizan el techo, sobre todo en época de invierno. Precisamente por esa humedad subterránea se han dañado grandes residencias, como la de doña Berna Lacayo, o ha ocurrido la desaparición total de la casa que estaba en la antigua esquina El Sombrero, ambas en el Centro Histórico.

“Las casas de adobe tienen una particularidad: ellas anuncian su derrumbe. Por ejemplo, la casa que cayó recientemente (de doña Luisa Pedrosa), tengo conocimiento de que estaba causando mucho ruido y desprendiendo tierra. Ella estaba dando una señal”, señaló el arquitecto.
 
Sustitución de materiales
Otra causa de desplome es la errada sustitución de materiales. A veces por desconocimiento, los dueños retiran algunas piezas de adobe para sustituirlas por ladrillo de barro.  Hay otros que socavan el adobe para quitarle grosor a la pared con el propósito de protegerla de la lluvia, lo cual ocasiona debilitamiento en la estructura y la deja más débil. Las viviendas de Granada, León, e incluso de Masaya, hechas bajo este sistema, deben tener paredes de no menos de setenta centímetros de ancho.

“Eso garantiza que unas paredes tan altas de cuatro o cinco metros tengan absoluta resistencia”, indicó.

Indolencia generalizada
La arquitecta y concejal Flor de María Rivera compartió la preocupación de López Gutiérrez, y lamentó lo que llama una “indolencia generalizada” de los propietarios de los inmuebles y de algunas autoridades edilicias, ante la destrucción de las casas coloniales que tanto atractivo urbanístico la han regalado a La Gran Sultana.

“Al momento de defender el patrimonio casi nadie levanta su mano. Algunos quijotes dicen algo o protestan por el daño, pero no hay en eco en la población”, dijo.

“Aquí nadie puede alegar ignorancia, porque en este 2012 se cumplen 30 años de la aprobación del primer plan regulador para la ciudad de Granada, que contiene una normativa de protección para el área del Centro Histórico, eso es de carácter público”, resaltó la funcionaria.

El daño está latente a poco más de un mes cuando unos 150 bardos del planeta se reunirán en el VIII Festival Internacional de Poesía de Granada, espacio que aprovecharán para pedir la nominación de la ciudad como Patrimonio Mixto de la Humanidad ante la Unesco.