•  |
  •  |

Cualquier lugar hubiera sido mejor para doña Mariana Escobar, de 53 años, que recibir el año nuevo en un hospital. Ella al lado de otros familiares tomaba un receso el primer día del año, en horas de la tarde, en las afueras del Hospital Alemán Nicaragüense, cuando el paciente al que cuida se encontraba descansando.

Con el rostro un poco cansado, y con síntomas de angustia y de tristeza, doña Mariana cuenta que llegó al centro asistencial desde las 11 de la mañana del 31 de diciembre, hora del cambio con quien se queda a dormir con el paciente que, según se lamentó, lleva internado más de un mes porque tenía agua en los pulmones y “con un tubo se la están sacando”, explica.

Sin alternativa, doña Mariana resiente el no haber podido recibir el Año Nuevo con su hermano en mejores condiciones de salud, al lado de su familia, sino que en lugar de eso, le tocó estar en un hospital tratando de que su pariente reciba el mejor de los cuidados y el calor familiar que necesita. “Para nosotros es triste, porque tener un enfermo con bastante tiempo aquí es fregado”, lamentó.

A ella le toca el cuidado de su paciente desde las 11 de la mañana hasta las 6 de la tarde, pero antes llega una sobrina suya desde las 6 hasta las 11 de la mañana, y ya por la noche “él (su hermano) se queda con mi otro hermano, porque debe quedarse algún familiar siempre, y más cuando está delicado”.

Dando a luz

Encontramos en una banqueta del Hospital Materno-Infantil “Bertha Calderón” a Eveling Trejos, quien estaba al cuidado de su mamá, que el mismo 31 de diciembre dio a luz a un varoncito. Me vine para descansar un poco mientras mi mamá duerme”, manifestó.

Trejos es una jovencita de 16 años, de tez morena y blanca dentadura, la cual mostraba cuando reía al referirse a la llegada de su nuevo hermanito. “Me siento feliz porque nació bien el niño, y porque mi mamá salió bien”, dijo.

Y mientras la mamá de Eveling descansaba con su bebé, ahí mismo en el “Bertha”, aguardaba impaciente doña Sandra Ramírez, de 49 años, cuya hija estaba en los apuros de dar a luz en la sala de labor y parto. “Vine desde la mañana y nada, seguimos en espera”.

Doña Sandra nos confesó que le hubiese gustado recibir el año en su casa y con su familia, “estar con toda mi gente compartiendo, pero ante esta situación no hay de otra más que correr y estar con el que más necesita”.