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Nicaragua aún no genera oportunidades que mejoren la calidad de vida de su población  joven, pues solo en el rango de 10 a 29 años hay 553,000 personas que ni estudian ni trabajan (Ni-Ni), de acuerdo con los resultados de la Encuesta de Medición del Nivel de Vida, EMNV, 2009-2010.

Para el sociólogo Óscar René Vargas este es un problema de vieja data, que el país seguirá arrastrando en tanto su crecimiento económico no supere el 8%, y la inversión estatal en Educación no se eleve al doble de lo que actualmente se asigna --equivalente al 3.6% del Producto Interno Bruto--, para que el sistema pueda atraer a las poblaciones desatendidas.

Vargas, además, encuentra la justificación de este problema en la crisis económica internacional, que si bien “no son golpeó en crecimiento económico, el crecimiento (que experimentó Nicaragua) no es suficiente para reducir los déficit sociales que el país viene arrastrado”, consideró.

En tanto, el economista Adolfo Acevedo señaló la debilidad del sistema educativo para acoger a los denominados Ni-Ni, lo cual “determina una situación de vulnerabilidad que no es compensada en ninguna forma por la inserción en el mercado laboral”, consideró.

No estudiar y tampoco trabajar “constituye un escenario de doble exclusión, que merece una atención diferenciada”, señaló.

Según Acevedo, para lograr la inserción  de los “Ni-Ni” en la sociedad y permitirles acceder a los circuitos de reproducción económica y social, es preciso desarrollar mecanismos sociales que los motiven, partiendo de que recuperen un determinado nivel de escolaridad. A su juicio, la alfabetización y la educación primaria acelerada son las mejores opciones.

Ocurre que es común que los “Ni-Ni” en determinado momento de sus vidas hayan interrumpido el vínculo con la educación formal, sin haber siquiera alcanzado el nivel medio, lo cual limita totalmente sus opciones de acceso a empleos que demanden cierta calificación. Hay también en el grupo quienes nunca tuvieron contacto con el sistema educativo.

Solo trabajando su nivel educativo se les pueden ir planteando opciones de vida, sostiene Acevedo.  

En ese sentido, Vargas reitera que elevar el presupuesto a Educación es un paso clave para trabajar la reducción de la cantidad de adolescentes y de jóvenes desatendidos educativa y laboralmente, y coincide en que aumentando su nivel de conocimientos,  éstos encontrarán opciones laborales que les permitan mejorar su calidad de vida. “La educación de los individuos determina la calidad de los empleos a los que pueden optar”, recordó.

En cifras
De acuerdo con la EMNV 2009-2010, en el rango de 10 a 19 años hay 209,483 niños y adolescentes que se dedican solo al trabajo. Acevedo recuerda que una proporción de estos es obligada abandonar los estudios para llevar el sustento a sus hogares.  Entre quienes combinan el estudio y el trabajo en ese mismo rango de edad, suman 113,226. La cifra se eleva a 180,340 si se le agrega la población de 20 a 29 años.

Para el sociólogo Vargas urge atender este fenómeno que limita las oportunidades de la población joven, y con un ejercicio simple como contraponer la cantidad de bachilleres que produce anualmente el país a la capacidad que tienen las universidades de formarlos, el especialista advierte que son miles los que corren el riesgo de engrosar las listas de los Ni-Ni e irse acumulando anualmente, agudizando el problema.

Solo en 2011, el Ministerio de Educación reporta 55 mil bachilleres, y las universidades --entre públicas y privadas-- tienen capacidad para recibir a entre 35 mil y 40 mil, al menos 15 mil quedarán sin opciones de formación.