•  |
  •  |

La mayoría de los que deciden abandonar el país forman parte de la población con mejor nivel académico, así lo confirman los resultados de la Encuesta de Medición de Nivel de Vida, EMNV, del Instituto Nacional de Información de Desarrollo, Inide.

Apenas el 8.1% de los nicas que migra a otra nación no ha cursado estudios, en cambio el 39.3% lleva la Secundaria concluida, seguido del 32.8% con la Primaria aprobada, y el 15.4% de los migrantes tiene formación universitaria.

Otro aspecto que destaca en la EMNV 2009-2010, es que la mayoría de los que emigran son jóvenes de entre 16 y 20 años --el 61.8%-- con lo cual el país estaría perdiendo capital humano en la edad justa para aportar a la dinámica económica, apunta el economista Adolfo Acevedo.

El especialista destaca que se trata también del grupo poblacional en el que descansa la posibilidad de desarrollo del país, tomando en cuenta la oportunidad que representa el denominado Bono Demográfico.

“La gran mayoría de los emigrantes eran jóvenes, y en buena parte eran los de mayor calificación relativa… los países de destino aprovechan parte de nuestro bono demográfico, mientras nuestro país parece empeñado en hacer todo lo posible por desaprovecharlo”, sostiene Acevedo.

Otro punto de vista
No obstante, el sociólogo Freddy Quezada valora el fenómeno como algo normal,  “no para alarmarse” y hasta necesario.

“Centroamérica ha sido una zona de paso, es la regla no la excepción”, afirma, para luego cuestionar si a Nicaragua le es más beneficioso económicamente retener a toda esa población o recibir la inyección de capital que hacen al país una vez insertados laboralmente en el exterior.

Para Quezada, si bien el país pierde en capital humano en el que incluso pudo haber invertido para su educación, una vez fuera de las fronteras, esa masa poblacional es determinante en nuestra “pobre” economía.  

Pero Acevedo subraya que a Nicaragua se le está yendo el tiempo del que dispone para salir a flote económicamente.

Si la población adolescente y joven en edad de trabajar “tuviese adecuados niveles de calificación, y encontrase empleos formales de adecuada productividad y bien remunerados, podría representar la última oportunidad para el desarrollo”, sentencia.

A la vez, el economista lamenta que estos segmentos tienen en el país precarias e informales opciones laborales que los aleja totalmente de la posibilidad de superar el umbral de la pobreza.

“Bono Demográfico, pura teoría económica e ilusión”

El Bono Demográfico, según Quezada, es pura teoría económica en países como Nicaragua. “Puede tener sentido en países estables, pero en los nuestros, cuya constancia ha sido la migración es una ilusión”, apunta el sociólogo, remarcando que a su parecer la migración más que afectar reporta beneficios.

Pero Acevedo sostiene que aun los adolescentes y jóvenes con mayores niveles relativos de calificación tienen obstáculos para obtener empleos “decentes”, aunque él también reconoce que la migración les ofrece la oportunidad de encontrar ocupaciones mucho mejor remuneradas que aquí.

Necesitamos política educativa especial

Para Heydi González, jurista y consultora para el tema de Migración y Derechos Humanos, mientras en el país no haya políticas de estudio que permitan a los adolescentes y a los jóvenes insertarse en el mercado laboral, incluso en el exterior, sin dejar de formarse, la migración seguirá siendo atractiva para quienes anhelan una mejor calidad de vida. “Los chavalos se van porque no ven futuro”, apunta.

De acuerdo con González, a Nicaragua y a los países con los que comparte fronteras les conviene establecer normas educativas flexibles, de modo que procuren la oportunidad de estudios a sus poblaciones escolares que migran temporalmente por trabajo.

“En las zonas fronterizas deberían hacerse políticas binacionales que permitan a aquellos que están en edad escolar, poder ir a trabajar, regresar y no perder el año escolar”, opina González, refiriendo que hay experiencias en sitios como San Carlos, donde los colegiales hacen arreglos con sus autoridades educativas, pero considera clave institucionalizarlo.

González señala que quienes emigran de zonas urbanas lo hacen con la idea de establecerse, en cambio una buena parte de quienes pertenecen a las áreas rurales viajan de forma temporal.

Datos de la EMNV arrojan que el 65.8% de nuestros emigrantes son de zonas urbanas, y solo el 34.2% de las rurales.


Explica González que los que viajan con la intención de establecerse se dividen entre quienes persiguen mejor porvenir y los que buscan la reunificación familiar.