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El 27 de diciembre de 2011 era un día tranquilo como cualquier otro en La Cruz de Río Grande, municipio de la Región Autónoma del Atlántico Sur, RAAS, hasta que Berny Zelaya, de 36 años, descargó su furia contra su madre, Vilma Smith, quien murió bajo el filo de su machete.

Cuatro días después ocurrió en Nueva Guinea. Antes de la medianoche, Clotilde López Tórrez, de 42 años, con antecedentes de violencia intrafamiliar, llegó con un arma blanca en mano, y fríamente le asestó a su cónyuge, Santos Modesta Solano Guzmán, de 31 años, una serie de puñaladas hasta matarla. El cuñado, quien intentó defenderla, también fue asesinado.

Ambos hechos se convirtieron, en el año, en los últimos dos incidentes de femicidios conocidos en Nicaragua, llegando en total a 75 casos, según el monitoreo de medios de la Red de Mujeres contra la Violencia, quienes destacaron que si bien se registra una leve disminución en comparación con el año pasado, la saña con que se están dando estos crímenes es evidente, y el arma blanca fue la favorita de los femicidas, que principalmente atacan la cara y el pecho.

Niñas, jóvenes, adultas mayores, esposas, parejas o incluso madres. Ninguna está a salvo.

Eva Luz Camacho García, de 65 años, es otra víctima de la violencia intrafamiliar, pero ella no quiere ser otro número en las estadísticas de femicidio, por tanto, interpuso la denuncia en la Comisión Permanente de Derechos Humanos, CPDH, en contra de su expareja, Vicente Flores González, de 62 años, quien dos veces la escapó de matar, y ella no quiere esperar a una tercera ocasión.

“Después de convivir con él desde 1965, he soportado de todo. Actualmente tenemos 14 años de separados, pero no se quiere ir de la casa. Toma, se pone violento y me maltrata, tanto a mí como a mis hijas. Entre lo más grave es que hace algunos meses me lanzó una piedra a la cara, que me destrozó el pómulo y me desprendió la retina. Antes de terminar el año me dio en la cabeza con el lomo de un machete. La Policía lo detuvo por dos días y luego lo soltó, aunque yo ya no quería mediar”, dijo la señora Camacho.

Con la vida en peligro
La denunciante, tras una vida de abusos, sufrimientos y varias mediaciones propiciadas por la Comisaría de la Mujer de Batahola Sur, dijo que ya no quería más mediaciones, porque no dan resultado y seguía siendo maltratada, pero la Comisaría lo perdonó.

Por estar en libertad su expareja, ella siente que su vida está en peligro y tuvo que mudarse, y solicitó apoyo a la Comisión Permanente de Derechos Humanos, CPDH.

Pablo Cuevas, asesor legal de la organización de derechos humanos mencionada, expresó que darán acompañamiento a Camacho García, dado el actuar deficiente de las autoridades que debieron enviar el caso al Ministerio Público, para hacer la acusación correspondiente, ante la utilización de un arma blanca y las lesiones que ha recibido la víctima.

Destacó que este tipo de situaciones son reiterativas, y la falta de acción policial y el sentimiento de impunidad es el preámbulo del femicidio, cuyas mayores expresiones se mostraron más en Managua, en Matagalpa y en la RAAS.

María Elena Domínguez, en representación de la comisión coordinadora de la Red de Mujeres contra la Violencia, destacó que hay una reducción de los femicidios en las estadísticas de 2011, pero la gravedad de la violencia intrafamiliar no deja de elevarse, al igual que la cantidad de denuncias que, en las organizaciones que conforman la Red de Mujeres, se incrementó en el último año.

“Los femicidios especificados en el monitoreo, son los reportados en los medios o los denunciados en las organizaciones de mujeres, pero aún se escapan otros de los cuales nadie quiere hablar, tal como ocurre en Chinandega, donde tras una fiesta entre la clase pudiente, una mujer fue asesinada y ni su familia, ni las autoridades quieren hablar, por lo tanto, no se puede corroborar”, alegó Domínguez.

Añadió que supieron que ocurren femicidios en zonas alejadas, como en El Tortuguero, donde nadie denuncia.

Agregó que en 2011, de 75 femicidas, hasta el momento solo cinco han sido condenados, 21 están prófugos, tres se quitaron la vida después de asesinar a sus parejas, y el resto de casos están en proceso judicial.

Manifestó que en 2011 la mayoría de las denunciantes se quejaron de las mediaciones, tanto en las Comisarías de la Mujer como de la que aplican los facilitadores judiciales.

Por otra parte, está el trato más bien inquisitivo a las víctimas, mientras hay mucha rotación de personal especializado hacia áreas diferentes.

Señaló que la labor de las organizaciones de mujeres es principalmente de asesoría, pero que 2011 se distinguió por la necesidad de dar acompañamiento a las víctimas, para corroborar que se respeten sus derechos, para que se sigan los procedimientos y el debido proceso para acceder a la justicia, pues mucho de esto no se está cumpliendo.