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No eran ni las tres de la tarde, cuando el Polideportivo España, sitio donde se instaló el estadio virtual, ya había rebasado su capacidad de convocatoria, tanto así, que algunos jóvenes tuvieron que evolucionar en cuestión de segundos, apelando a su poder arácnido para no perderse los detalles del clásico español, pegándose en lo alto de los muros cual hombres araña.
Llegamos una hora antes, a las dos de tarde, para dar cobertura al partido Barca-Real Madrid, sin embargo, no estuvimos con suficiente anticipación, pues para entonces ya no cabía siquiera un alfiler en el viejo complejo deportivo situado entre Altamira y el barrio “Isaías Gómez”.
El tráfico fue el primer indicador. Una caravana de buses de la que descendía una multitud de jóvenes uniformados con las camisas de su equipo favorito o con emblemas asociados al partido de gobierno, ya se había posesionado del parqueo. Pero esta pista tampoco le hizo justicia a la realidad.
Ayer, el Polideportivo España alojó como damnificados de las lluvias a miles de jóvenes y de niños que para entrar formaron kilométricas hileras. Pero la convocatoria de la Juventud Sandinista fue tal, que muchos se quedaron afuera, y fue necesario que dos agentes del orden advirtieran a la multitud --casi sin ser escuchados-- que retrocedieran porque allí no cabían más.
“¿De cuanto es la capacidad de este sitio?”, pregunté a un par de policías que resguardaban la seguridad.
“De entre dos a tres mil”, contestaron, agregando que adentro había más de cuatro mil, y con base en eso, deducían que los organizadores no contemplaron ese detalle, pues antes de iniciar el partido, los bomberos ya reportaban cuatro personas auxiliadas por desmayos.

Como hombres araña
Colgarse de lo alto de las paredes del centro deportivo fue la solución inmediata que encontraron algunos jóvenes para no perderse el juego en el que el Real Madrid y el Club Barcelona se medían nuevamente, evento que al parecer ocupa un lugar importante en la agenda pinolera, pues a la hora del partido las calles quedan desiertas, los bares capitalinos se notan más llenos que de costumbre, y muchos presumían de sus estrategias para fugarse del trabajo, algo que no consiguen clásicos del fútbol local como el Diriangén-Real Estelí.
Carlos Daniel no fue uno de los que escapó del trabajo. Este joven que disfruta de sus vacaciones universitarias, no dudó un segundo en montarse en un bus que lo trasladó desde su barrio hasta el Polideportivo España, donde tendría la oportunidad de ver el partido gratis y en pantalla gigante.
Uniformado con su camisa azul grana, Carlos Daniel apeló a su agilidad de escalar paredes para ubicarse en un sitio que él llamó “VIP”, por tener vista sin obstáculos de las pantallas.  
El privilegiado lugar de Carlos Daniel contrastaba con el que tenía una arriesgada joven que cargaba a un tierno, de unos cinco meses, entre el tumulto. En medio del sofocante calor, ella buscaba un mejor lugar para ver, pero la multitud obstaculizaba sus planes.
A pocos metros de la cancha techada, los organizadores se vieron obligados a instalar otra pantalla gigante. Un hombre identificado como funcionario de la Alcaldía de Managua, indicaba a los que seguían llegando que el Polideportivo estaba cerrado, pero que atrás habían improvisado una pantalla gigante para acomodar al resto.
Fue entonces cuando inició el éxodo de los fanáticos que estaban dentro y optaron por “lanzarse” el juego bajo el sol y en “mute”. Aunque el clima tampoco fue un buen aliado: primero amenaza de lluvia y luego un sol inclemente, al que pocos hicieron caso, pues un gol de Cristiano Ronaldo en el minuto 13, agitó los ánimos, y luego se quedaron sumergidos en el partido, durante los más de 90 minutos que duró.
Pero quienes más aprovecharon el clásico español fueron don Alberto y doña Edelmira, que al minuto 15 del primer tiempo, ya habían terminado su venta de cervezas y de quesillos, pero se apresuraban a pedir más para continuar ganando.