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Apenas tiene un rango auditivo del cinco por ciento y el resto lo perdió cuando recién nacido le medicaron un antibiótico llamado Gentamicina, de modo que Marcelo Tavisany desde los 5 años usa un audífono para escuchar, y actualmente, a sus 25 años, estudia Marketing y Publicidad en la Universidad Americana, UAM.

Pero ese infortunio no lo desmotivó, pues desde temprana edad trabajó con terapias para dominar el lenguaje a través de ejercicios psicofonéticos, negándose rotundamente a la voluntad de sus padres de aprender el lenguaje por señas. Esa negación le valió tanto, que hoy por hoy, Marcelo no solo habla muy bien el español, sino que también habla inglés y francés “y un poco de chino mandarín”, presume.

Como su caso hay muchos en el país, pero a raíz de la ausencia de una entidad que les apoye con aparatos de audio y en la enseñanza del aprendizaje de la lengua, algunos ciudadanos con hijos, nietos o sobrinos con problemas auditivos, se reunieron para plantearse la creación de una fundación o centro para reducir estas necesidades.

La esperanza es que esto ayude también a reproducir los casos de superación como el de Marcelo.

Gerda Magda Gómez, abuela de Gabriel Enrique Soto, de tres años, quien nació con deficiencia auditiva, manifestó que este encuentro les beneficia como familia que busca colaborar en todo el proceso por el bien del infante.

“Queremos lograr la meta que es crear un centro que apoye a estos niños con la habilitación verbal que ellos necesitan, que si no la podemos conseguir gratuitamente, al menos de la manera más accesible”, señaló la señora Gómez.

Natalia Popova, pedagoga especial, tiene el mismo interés en promover la educación auditiva-verbal. “Queremos promover una enseñanza que permita a la persona con deficiencia auditiva a acceder al desarrollo lingüístico”, subrayó.

Ambas mujeres coinciden en que los aparatos auditivos, que ya se han convertido en una cultura en el país, se complementen con la educación auditiva y verbal.

Vino al mundo con nulidad auditiva

El caso de Gabrielito es de nacimiento. Según cuenta su abuela, el pequeño vino al mundo y estuvo por tres meses en un hospital, pero al ser remitido a su casa requirió de cuidados muy esmerados.

“Durante ese tiempo notamos que él no reaccionaba ante los estímulos a los que normalmente un niño responde como sonidos fuertes”, recuerda la abuela, quien asegura que eso se puede notar desde que un niño está en la cuna, que es la etapa más importante para que los padres pongan atención a esas situaciones.

Un especialista le detectó a Gabrielito “una profunda y bilateral sordera a sus apenas siete meses de edad”, recuerda Gómez.

La prueba auditiva, que puede realizarse desde que el niño está recién nacido para detectar oportunamente la deficiencia, hizo posible que al pequeño Gabriel se le practicara hace un año un implante coclear, donado por la Fundación Cochlear, pues estos aparatos son algo costosos y además para el caso los audífonos no bastaban.

El implante coclear es un producto activo de alta tecnología que transforma las señales acústicas en señales eléctricas que estimulan el nervio auditivo. Estas señales son procesadas por las diferentes partes que forman el implante coclear, algunas de las cuales se colocan en el interior del cráneo y otras en el exterior.

Pero la audióloga y maestra en audiología clínica, Anneli Ahlers, afirma que el aparato no hace magia, pues “cuando la pérdida de audio en algunos niños es profunda, el solo uso del audífono no es suficiente, entonces lo mejor es el hacerles el implante de la prótesis auditiva coclear y luego someterlos a una terapia de lenguaje”, recalcó.

Alerta a los síntomas

Es fundamental que los padres detecten la deficiencia auditiva en sus hijos. Si es un recién nacido y no responde a sonidos fuertes con algún reflejo (portazos, estruendos como truenos o bombas), “se tiene que realizar un tamizaje auditivo neonatal para saber si responde el oído, y, de lo contrario, se procede a un examen profundo y eso indica sordera, hay que ponerle audífonos, y mientras más temprano se haga, aportaremos a que sea un niño normal”, advirtió la audióloga.

Aunque todo este dramático episodio se puede prever si la madre se realiza disciplinadamente su chequeo prenatal, hay casos que no se pueden evitar como los que son heredados por genética. “Si la pareja tiene familia con un gen recesivo de un lado y hay sordera por la familia del otro, estos se vuelve y de ahí nace un niño sordo”, ilustró la experta.

Otro factor de riesgo apunta a la falta de oxigenación del niño al nacer, quizá porque tragó líquido amniótico o porque la madre padeció de rubéola durante el embarazo.

En Nicaragua, los implantes auditivos se practican desde 1980.