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Una denuncia interpuesta ante la Policía de Madriz ha sacado a flote una revelación preocupante. Los peligrosos criminales mexicanos del cártel Los Zetas están reclutando nicaragüenses, bajo engaños, con el fin de entrenarlos e incorporarlos como sicarios y combatientes, para ampliar su poderío en su territorio, y enfrentar a los cárteles enemigos así como al Ejército de su país.

Descuartizamientos, muertes, torturas y enfrentamientos armados violentos les tocó ver y vivir en carne propia a 22 humildes campesinos, originarios del departamento de Matagalpa, quienes bajo promesas de trabajo como albañiles, fueron reclutados en nuestro país por emisarios de los temibles “Zetas”, a finales de 2010 e inicios de 2011.

Los reclutadores, según las investigaciones policiales, corresponden a las identidades de Walter José Morales García, Noé Muñoz Dávila, Julio César Leiva Dávila y Danelia Asunción Pérez Castillo, estos dos últimos detenidos.

Este grupo engañó a los campesinos matagalpinos ofreciéndoles trabajo como albañiles y guardas de seguridad en México, en donde devengarían un salario de entre 900 y un mil dólares quincenales.

El 25 de julio del año pasado, oficiales de inteligencia de la Policía Nacional se enteraron de que los tratantes de personas, de abril a septiembre de 2010 se dedicaron a reclutar hombres para integrarlos a las filas de la peligrosa agrupación criminal. Dijeron a sus víctimas que solo necesitan llevar sus cédulas y que ellos asumirían los gastos de comida, transporte y hotel. A quienes no tuvieran la cédula, los malhechores ofrecieron tramitárselas en Managua.

Emprenden viaje
Los tratantes hicieron muchas reuniones con sus víctimas para afinar los detalles del viaje y el supuesto trabajo en obras de construcción y vigilancia privada. Fue la madrugada del 6 de octubre de 2010, cuando realizan el traslado, y explican que deberán estar en la caseta conocida como Kokomo, ubicada en la entrada de Matagalpa, para llevarlos a Managua a la terminal de buses del Mercado Mayoreo y, luego son llevados a la vivienda de uno de los supuestos delincuentes en el barrio Waspam Sur.

Allí llegó Danelia Pérez con el bus marca Internacional, placas M 147336, amarillo, con la leyenda “Excursiones Danelia”, en el que salieron rumbo a Guatemala. Al llegar al puesto fronterizo con El Salvador, las autoridades de ese país se percataron de que una de las 22 víctimas portaba una cédula que no correspondía con su físico, por lo que fue regresado a Nicaragua.

Cuatro días después logran llegar a una zona fronteriza con México, donde aguardan algunos días, pero al intentar ingresar a ese país son sorprendidos por una patrulla de migración que logra la captura de otra víctima. El resto del grupo se esparció por el lugar, y dos horas más tarde se reagruparon. Entran a México, y después de ser trasladados en camionetas y hasta en lanchas por un estero desconocido, llegan a un lugar conocido como Cuatzacualto, pasando por un hotel en el estado de Veracruz, y por otro en Posa Rica, donde son vigilados por dos hombres que portaban radios comunicadores.

“Queremos gente dispuesta a matar”
En el lugar formaron grupos de 3 a 5 personas con los recién reclutados nicaragüenses, los que fueron enviados a Monterrey, San Luis y Saltillo, donde vieron la muerte de frente. “Ellos nos dijeron que deseaban eliminar a las mafias pequeñas de México, y nos preguntaron que si sabíamos manejar armas de fuego y cuál era el trabajo anterior en que nos desempeñábamos”, relató uno de los afectados, que fue llevado a Monterrey y que no puede ser identificado.

Un hombre al que le decían “Apa”, al parecer jefe del grupo, les manifestó que los habían llevado engañados, ya que Los Zetas necesitaban personas a las que no los quiere la familia y dispuestos a matar. Les dieron dos opciones: quedarse o irse. Tres de las víctimas, sabiamente, decidieron marcharse.

A un grupo de cinco lo llevaron a un hotel en San Luis, donde estaban varias personas heridas por haber sostenido enfrentamientos con el Ejército y con la Policía. En este lugar conocen a los comandantes de Los Zetas: “Matute”, “Michoacán”, “El Capitán” y “Beto”, este último les preguntó si sabían manejar armas, pero ninguno podía. “Beto” reclamó a uno de los tratantes, porque el dinero que les habían pagado era para conseguirles personas preparadas para matar.

A estas víctimas no les dieron la opción de poder elegir, ya que les dijeron que los enviarían a una “Prepa”, para que aprendieran a matar, ya que a México iban a pelear. Pasaron una semana en San Luis aprendiendo claves, siendo entrenados y vigilando los puestos por donde pasaban oficiales del Ejército y la Policía mexicana.

En un enfrentamiento que Los Zetas sostuvieron con el Ejército resultó herido un jefe de este grupo delincuencial, lo que fue aprovechado por tres víctimas para solicitar ayuda a una patrulla policial para que los llevara a la casa del emigrante.

Testigos de horror
Otras cuatro víctimas fueron llevadas a Saltillo a un lugar que aparentaba ser un taller de carpintería, pero donde llegaban carros lujosos. Allí conocieron a otros miembros de Los Zetas y les dijeron que ellos tendrían que realizar el mismo trabajo: pelearse con “los contras”, los cárteles rivales. “Allí observamos a dos personas armadas, miembros de Los Zetas, quienes tenían a dos personas atadas de las manos y vendadas las caras, a los que se llevaron del lugar posteriormente”, dijo uno de los denunciantes.

Luego fueron trasladados al sector conocido como Río Grande, donde estaban unos 70 miembros del cártel, allí permanecieron dos meses entrenando, usando armas, armando y desarmando fusiles AK, infantería, tiro táctico y entradas a casas u objetivos.

“Posteriormente, nos envían alrededor del Río Grande para que observáramos, ellos mataban a personas que se creían que eran “contras”, a quienes capturaban en la calle y los llevaban al Rancho del Chicharrón, donde descuartizaban y quemaban personas en unos barriles”, relataron.

Fue hasta el 27 de septiembre del año pasado, que 18 de las víctimas se animaron a interponer la denuncia ante la Policía, mientras el fiscal auxiliar del departamento de Madriz, Marcio José Briceño Martínez, interpuso la acusación por los delitos de Crimen Organizado y Trata de Personas con fines de esclavitud, explotación sexual o adopción, ante el Juez de Distrito Penal de Audiencias de Madriz.

Los acusados son: Walter José Morales García, Noé Muñoz Dávila, Julio César Leiva Dávila y Danelia Asunción Pérez Castillo. El juicio se realizará el próximo 20 de febrero, y los denunciantes han recibido protección policial, ya que algunos han sido víctimas de amenazas por parte de familiares de los acusados.

Carlos Larios

Una denuncia interpuesta ante la Policía de Madriz ha sacado a flote una revelación preocupante. Los peligrosos criminales mexicanos del cártel Los Zetas están reclutando nicaragüenses, bajo engaños, con el fin de entrenarlos e incorporarlos como sicarios y combatientes, para ampliar su poderío en su territorio, y enfrentar a los cárteles enemigos así como al Ejército de su país.