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  • AFP

Bulni y Limi, dos jaguares recién nacidas cuya madre mató un campesino en la selva, son las nuevas consentidas del Zoológico Nacional de Nicaragua, en Masaya, que busca salvar animales en peligro de extinción del comercio ilegal y la destrucción de su hábitat.

Los felinos fueron rescatados hace tres semanas cerca de la remota comunidad indígena de Tronquera, en el Caribe norte, donde murió la madre cuando entró a los predios de una casa y trataba de cazar un cerdo del corral.

"Los jaguares están en la primera línea de animales en vías de extinción" porque el hombre "está destruyendo su hábitat" con la deforestación, o los matan para comercializar la piel "que es bastante cara", declaró a la AFP la directora del Zoológico, Marina Argüello.

La depredación ha obligado a los jaguares a salir de la selva, que abarca a la reserva Bosawás, la más extensa de Centroamérica, deforestada por traficantes de madera, los colonos y el huracán Félix en 2007.

Misioneros encuentran jaguares

Bulni (que significa "mancha" en lengua indígena de la zona) y Limi ("tigre") fueron halladas en la selva por un grupo de misioneros que pidió al Zoológico que las recogiera para que no cayeran en manos del mercado negro, donde se ofrece hasta 10.000 dólares por cada felino, afirmó Argüello.

"Aquí está la lechita", les dice a los pequeños jaguares, a las que por el momento cuida en su casa, próxima al zoológico, para darles "calor", pero reciben la atención de otros expertos de la institución.

Ella las alimenta cada tres horas en sus brazos con un batido a base de leche, yema de huevo, vitaminas, calcio y aceite de pescado, que les da en un biberón.

Bajo su cuido han estado otros cachorros, desde un tigre bengala hasta una leona africana "que corría con los perros, gatos y gansos" de la casa, hasta que pasó a su jaula en el Zoológico.

También crió a jaguares y a una puma llamada "China", que hacía "huelga de hambre" cuando no le daban de comer carne molida, revuelta con zapallo, cuenta la mujer.

Apenas crezcan un poco, Bulni y Limi pasarán al Zoológico, donde hay más 1.200 animales y cuenta con un refugio de rehabilitación de ejemplares recuperados del mercado negro, como pumas, jaguares, ocelotes, monos araña, lapas rojas y dantos.

17 de 21 especies en peligro de extinción

El Zoológico, ubicado en el departamento de Masaya, 26 km al sureste de Managua, tiene ejemplares de 17 de las 21 especies de fauna en peligro de extinción en Nicaragua.

Pero "las autoridades no tienen mucha capacidad para controlar el tráfico ilegal de animales, porque no tienen fondos suficientes", admite Argüello.

Al refugio también llegan animales donados por personas que "ya no los soportan" como mascota, sobre todo monos arañas, a veces con muy malos hábitos.

Una vez "trajeron un mono que fumaba", también "tenemos un mono borrachito" y una mona con problemas de obesidad, que murió, y hay un tigre margay que un hombre aceptó como pago de una apuesta creyendo que era un gato, contó la veterinaria Tatiana Terán.

Zoológico necesita más dinero

Con un presupuesto estatal de 180.000 dólares al año, el zoológico no cubre sus necesidades y recurre a donaciones. Los mataderos y la industria avícola, por ejemplo, donan restos para alimentar a los felinos, y un banco mantiene a un león con 43 dólares al mes.

Pese a las dificultades, los expertos del Zoológico han logrado reproducir pumas, búfalos y dantos, muy traficados hacia Honduras y El Salvador.

Como Bulni y Limi, en el zoológico todos tienen una historia. Desde un cocodrilo de 40 años rescatado de un restaurante que lo mantenía "a punta de mangos", hasta el triste Pablo, un mandril africano de 20 años, resignado a su soledad porque el centro no tiene dinero para conseguirle una pareja.