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Un proyecto de adoquinado de 30 kilómetros de carretera que une el empalme de Cuyalí, en Jinotega, con el puente La Pavona, y que se debería extender hasta el municipio de El Cua, se ha convertido en un desastre de construcción que podría costarle al Estado unos 40 millones de córdobas.

Esta carretera se comenzó a construir en octubre del año pasado, a marcha forzada, bajo la modalidad de módulos comunitarios, es decir, pequeños tramos de camino de entre 970 y 1170 metros en los que trabaja mano de obra local.

La construcción de cada módulo comunitario de carretera tiene un costo de más de 4 millones de córdobas.

El proyecto es financiado con fondos del Banco Mundial, el Gobierno Central, y en menor medida por las localidades beneficiadas. Se trata de una cuantiosa inversión que sólo en el tramo que comienza en el Empalme de Cuyalí, en Jinotega, y que se extiende hasta el conocido como Puente La Pavona (ver mapa), asciende a 125 millones 235,834 córdobas.

Un equipo de Confidencial viajó a la zona la semana pasada y constató el mal estado de la carretera, principalmente en el tramo que se extiende de la localidad conocida como Venecia hasta la región de La Colonia, que toma su nombre por la finca cafetalera que destaca en la zona.

Se trata de una extensión de carretera de 15 kilómetros, de los cuales al menos 10 están en pésimo estado, según corroboraron ingenieros consultados para este reportaje. El costo del daño, según estas fuentes, podría ascender a 40 millones de córdobas

Desaparecen trechos de carretera
En este trayecto zigzagueante se aprecian pedazos de carretera donde los adoquines desaparecieron, dejando espacio a enormes huecos que se inundan por la intensa humedad de esta región rica en la producción de café.

En otros trechos, la carretera de adoquines se ha levantado formando gigantes olas de cemento que dificultan el tránsito, principalmente a los camiones que bajan cargados con sacos de café, otros anegados por la humedad y hay trechos que quedaron inconclusos.

La carretera, que fue celebrada como una bendición para los productores de la zona, se ha convertido en una pesadilla que aumenta sus costos de producción.

“Tenemos que gastar en la reparación de vehículos, aumenta el gasto en combustible, sin contar con el atraso que significa sacar la cosecha de café”, dice a Confidencial el productor Isidro León-York, propietario de la hacienda La Colonia, donde este año se esperan cosechar más de nueve mil quintales de café.

¿Quién es el responsable?
La pregunta que productores y otros habitantes de Jinotega se hacen es qué pasó para que un proyecto nuevo y caro, que ni siquiera ha sido inaugurado, quedara reducido en varios tramos a un camino prácticamente inservible.

En Jinotega, las autoridades no dan respuesta del desastre, mientras que se echan la culpa unos a otros. Los concejales liberales del municipio culpan al alcalde Leónidas Centeno, por no ejercer suficiente control sobre el proyecto, mientras que ingenieros involucrados en el proyecto aseguraron que falló la supervisión del Ministerio de Transporte e Infraestructura, MTI, y del Banco Mundial, BM.

Byron Chamorro, activista político de Jinotega, compara el desastre de la carretera con una “bolsa de pus”. “Por donde apretés sale podredumbre”, dice.

Ingenieros consultados, que pidieron no ser identificados por temor a represalias en sus trabajos, explican que no se tomaron en cuenta factores técnicos que garantizaran la resistencia del adoquinado.

Explican, por ejemplo, que no se tomaron suficientes medidas para evitar el hundimiento del suelo, en una región caracterizada por suelos arcillosos, que en época de invierno se convierten en verdaderas lagunas de fango.

“Era lógico que el suelo se iba a hundir. Antes de comenzar la construcción deberían haber mejorado el suelo o haber hecho estudios técnicos”, explica una fuente con experiencia en construcción de caminos.

Las fuentes técnicas indican que no se diseñó un sistema de drenaje que permitiera fluir la humedad a los lados de la carretera. De hecho, en todo el largo proyecto de 30 kilómetros de extensión, no se aprecian canales para el desagüe.

Dicen también que la arena usada estaba “contaminada”, es decir, era una combinación de “arcilla y basura” que no sirve para la construcción.

Problema con los adoquines
Además, las fuentes critican la calidad de los materiales utilizados en la construcción: aparentemente, los adoquines no fueron fabricados con cemento resistente. Los ingenieros consultados aseguran que debía usarse cemento con un PSI de 3,500. El PSI define la resistencia del cemento a las pruebas de compresión, medidas en el peso de libras sobre pulgada cuadrada.

Pero el problema de los adoquines va más allá del cemento usado para su fabricación. Fuentes consultadas por Confidencial en otros proyectos de carretera construidos paralelamente al del Empalme de Cuyalí, dijeron que hubo “irregularidades” en la adquisición y distribución de los adoquines durante el tiempo de construcción, y que hasta ahora las autoridades no han dado una explicación sobre este tema.

Germán García Cruz es director de Servicios Municipales de la Alcaldía de Santa María de Pantasma. Esta localidad fue beneficiada con un tramo de carretera de 11.5 kilómetros, que está en mejor estado que el que comienza en el Empalme de Cuyalí.

García, sin embargo, se queja de la mala calidad de los materiales con que fue construido el camino, y culpa a las autoridades del MTI.

“Se decía que los presidentes de cada módulo comunitario iban a ir a las empresas a cotizar los adoquines, que se iban a seleccionar para llevarlos al laboratorio para verificar su resistencia a la compresión. Resulta que a la hora llegada, se mandaban las rastras directamente de Managua. Hubo un desorden, porque las rastras venían y no se sabía a quién le entregaban, solo venían a descargar”, explicó García.

El ingeniero no sabe si fueron realizadas las pruebas de laboratorio a los materiales. “Los presidentes de módulo no pudieron supervisar que se cumpliera ese requisito. El ingeniero supervisor del MTI vino con un certificado de la Universidad Nacional de Ingeniería diciendo: ‘Aquí está lo que vos solicitas’. Y si vos miras el dato no podes hacer nada, porque el adoquín cumple”, agrega el funcionario.

García Cruz explica, además, que durante los trabajos de construcción de este tramo de carretera supuestamente se registraron pérdidas de miles de adoquines.

“Hay una pérdida considerable de adoquines, se habla de 10 mil, 12 mil adoquines. El problema está en cómo justificar eso, porque no se ha dado una explicación sustentada. Se dice que la gente se los llevó, pero significa que tuvieron que usar varias rastras, porque en una rastra alcanzan 2,400 adoquines. No sé si el  señor alcalde (de Pantasma) ha logrado una explicación por parte del MTI”, dice García.

Personal no calificado

El sistema de módulos comunales es impulsado por organizaciones de cooperación con el fin de emplear a mano de obra local en la construcción de pequeños trechos de caminos. Si bien este modelo de construcción genera empleos en zonas alejadas de las áreas urbanas, también tiene sus desventajas, como es el caso de la baja capacidad técnica de los empleados que trabajan en cada módulo.

Los módulos están liderados por un ingeniero al que se le llama presidente de módulo. El alcalde de un municipio beneficiado con el proyecto de adoquinado tiene la libertad de elegir a los presidentes de cada módulo, quienes en el caso de los proyectos carreteros de Jinotega manejan montos superiores a los cuatro millones de córdobas.

Ellos son, en teoría, los encargados de cotizar el costo de los materiales de construcción, asegurarse que se hagan las pruebas para garantizar la calidad de éstos y supervisar que la construcción se realice de la mejor manera.

Lisette Rodríguez Montenegro es concejal liberal de Jinotega y arquitecta de larga experiencia. Explica que por varios años estuvo trabajando en proyectos de ingeniería en Guatemala, así es que cuenta con suficientes conocimientos técnicos para asegurar desde un principio que la carretera que inicia en el Empalme de Cuyalí sería un desastre.

De hecho, cuando se votó en junio pasado el proyecto de construcción de esta carretera en el Concejo, Rodríguez mantuvo un voto razonado.

“En mi caso, lo que he hecho siempre es razonar mi voto. Desde el inicio a mí no me parecía que este proyecto fuera adoquinado, yo siempre me opuse por el tipo de suelo que tenemos en Jinotega, zona húmeda, en la que además van a circular rastras cargadas con sacos de café. Yo siempre advertí: ‘Denme cinco años y van a ver cómo queda ese proyecto’”, explica.

A las explicaciones de las características del suelo de Jinotega, no apto para este tipo de proyectos, Rodríguez agrega el problema de la falta de experiencia del personal encargado de la construcción.

“Los encargados del proyecto tomaron una serie de decisiones que no eran las más apropiadas. Ellos le llaman módulos comunitarios, en la que contratan mano de obra de la comunidad con la idea de darles trabajo, sin embargo, para una carretera de ese tipo eso no se puede hacer. Para mí fue uno de los errores más grandes que pudieron cometer. A eso se le suma que la mayoría de los muchachos, ingenieros residentes, están estudiando la carrera de Ingeniera y Construcción, son jóvenes sin experiencia. Al menos hubieran puesto a un personal calificado”, explica la concejal.

En el tramo de carretera que va de Cuyalí a la localidad de Abisinia, hay un grupo de jóvenes trabajando, dirigidos por un contratista, un maestro de obra, cuyo nombre omitimos porque puede ser afectado en su trabajo. Él cuenta que se encarga de contratar a los obreros, la mayoría cortadores de café o campesinos desempleados de la zona, que en muchos casos no tienen conocimiento de construcción de carreteras.

Este hombre aseguró que recibe el pago (19 córdobas por adoquín pegado, de donde él paga a los obreros) del ingeniero encargado de este módulo, quien a su vez se entiende directamente con la alcaldía de Jinotega.

“El diseño de mi contrato dice pegar solo el adoquín, no dice nada del (sistema de) drenaje”, explica el maestro de obras, moreno, bajito, con la piel del rostro seca por la constante exposición al sol. “La calidad de la construcción va a depender de la base”, agrega, “si la base la dejaron mala, el adoquín no pega”.

Culpan al alcalde FSLN
Todas las fuentes consultadas para este reportaje culpan al alcalde de Jinotega, Leónidas Centeno, y a las autoridades del MTI por el desastre en que se han convertido varios trechos del millonario proyecto de adoquinado.

Centeno no pudo ser contactado en la alcaldía, donde según sus detractores “casi no despacha”. Hasta antes de las elecciones pasadas quien presidía las reuniones del Concejo era la vicealcaldesa, porque el alcalde, aseguran concejales de la oposición, “es como secretario político del Frente Sandinista, y está metido en asuntos del partido”, como la elección de los que serán los próximos candidatos a concejales del FSLN en Jinotega, dicen.

Confidencial también solicitó una entrevista con el titular del MTI, Fernando Martínez, pero en la sede de la institución nos dijeron que no daría declaraciones, “porque estaba ocupado”.

Dejamos varios mensajes en el teléfono celular del ministro, pero al cierre de esta edición no hubo respuesta. Tampoco hubo respuesta por parte del ingeniero Carlos Suárez, responsable de proyectos del Banco Mundial en el MTI, y quien según el Departamento de Relaciones Públicas del Ministerio, es la persona que debería explicar qué falló en la carretera jinotegana.

En Jinotega, los concejales sandinistas admiten el deterioro del proyecto de adoquinado, pero parecen no estar dispuestos a asumir parte de la responsabilidad del desastre.

El jueves pasado, cuatro de los cinco concejales sandinistas de Jinotega estaban reunidos en el segundo piso de la sede del Concejo. Al ser consultados por Confidencial sobre el problema del proyecto de adoquinado, la concejal Rosalpina Gutiérrez dijo: “No estamos autorizados para hablar”, aunque no explicó de quién necesitan la autorización.

Tras una larga insistencia, uno de los concejales decidió dar declaraciones, justificando el deterioro del millonario proyecto.

“Somos el mayor productor de café a nivel nacional, por esas carreteras pasan los camiones sobrecargados de café, de maíz, de frijoles, de ganado…. No creás, el trabajar bajo esas condiciones, de esa presión de lluvias y transporte pesado, no es fácil”, dice Salvador Ruiz, secretario del Concejo.

 

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