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En cambio, Costa Rica y Panamá figuraron entre los más ricos y seguros. Pero desde 2007, las tasas de homicidio han aumentado en un tercio, prácticamente duplicándose.

En medio de este infierno, Nicaragua, el país más pobre del continente de América Latina, es muy seguro. Mientras que la tasa de asesinatos en Honduras en 2010 fue de 82 por cada 100 mil habitantes, la más alta del mundo en más de una década, en Nicaragua se mantuvo sin cambios en un período de cinco años. Eso significa que ahora es menos violento que Panamá, y pronto podría ser más seguro que Costa Rica, un paraíso turístico. ¿Cómo se explica esta relativa paz?

El gasto no es la respuesta. Con un PIB per cápita de US$1,100, Nicaragua puede darse el lujo de tener 18 policías por cada 10 mil habitantes, la proporción más baja de la región. (Panamá tiene 50.)

Un policía gana US$120 por mes, por lo que son los funcionarios peor pagados de la región. Los gastos del sistema penitenciario tampoco son muy marcados, ya que en Nicaragua la población carcelaria es de 120 personas por cada 100 mil, en comparación con 390 en El Salvador. Esto puede ser un factor a su favor: las pandillas violentas de El Salvador, es decir las maras, buscan reclutas en las cárceles de su propio país.

Las políticas de control y la mano dura en Nicaragua, a pesar del disgusto de muchos de sus vecinos, surgió a partir de la revuelta de 1979 contra la dictadura somocista, ya que como asegura Aminta Granera, una exmonja y guerrillera que dirige la fuerza policial en el país, antes “no sabíamos cómo ser policía. Solo sabíamos que no queríamos ser como la Guardia somocista “, dijo.

Los efectivos policiales son ayudados por 100 mil voluntarios, entre los que se incluyen estudiantes de Derecho y Sicología, 10 mil exmiembros de pandillas que se han rehabilitado a través del trabajo con mentores de béisbol en los barrios, y cerca de 4 mil víctimas de violencia doméstica, que se han separado de su agresor y ayudan a otras mujeres que viven esta agonía a hablar y pedir ayuda.

Amnistía Internacional, una organización no gubernamental, destaca en su último informe, la frecuencia de la violación, que se ve agravada por la prohibición total del aborto. Como es el caso de una niña que el año pasado, con tan solo 12 años de edad, se vio obligada a dar a luz a un bebé hijo de su padrastro.
A pesar de este panorama nada alentador, la confianza en la Policía es la más alta en América Latina después de Chile.

Por otro lado, la guerra contra las drogas todavía podría llegar a Nicaragua.
Los bajos salarios en el país pueden atraer a capos de la misma manera que ya existen ciertos despuntes de narcotráfico, ya que existen algunos contrabandistas de carga que cobran menos de US$500 por conducir un coche de cocaína procedente de Managua a México.

Las narcotraficantes se han mantenido alrededor de los puertos del país, pero con poca presencia. Según datos de la Policía, en el primer semestre de 2011 solo se desarticularon 14 células de narcotráfico, frente a 16 en todo el 2010 y una o dos al año hasta 2005.

La primera comisionada Aminta Granera afirma que estas células a menudo incluyen a delincuentes mexicanos. Por eso existe preocupación por Los Zetas, una turba brutal de mexicanos que podría encender la violencia si se desplazan a Nicaragua.

A pesar de estos datos, una nube cuelga sobre el liderazgo de la Policía. Es cierto que Granera es justamente popular, pero al igual que muchos funcionarios en el gobierno de Daniel Ortega, ha sobrepasado el límite de su mandato de cinco años.
Esta prórroga fue aprobada en septiembre, y es coherente con los lineamientos del comandante Daniel Ortega, quien participó en las recientes elecciones en noviembre e inició un mandato inconstitucional este año.

Pero también existen críticas relacionadas con el desempeño de la Policía Nacional. La oposición se queja de que esta hace muy poco para detener los ataques periódicos de las multitudes leales a Ortega. Por ejemplo, en 2010, el Hotel Holiday Inn fue atacado con morteros improvisados ​​mientras la oposición se reunía allí.

Además, Ortega ya tiene el control de la totalidad de las instituciones nicaragüenses. Sería un crimen si la Policía del país sufre el mismo destino.

Traducido por Laura Rodríguez