•   JALAPA, NUEVA SEGOVIA  |
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A aprender bajo los árboles y sentados en lo que puedan, esa ha sido la solución que los docentes de una escuela rural de Jalapa, han dado a los casi 800 estudiantes que recién inician el año lectivo 2012, debido a que apenas existen seis aulas y no hay pupitres para todos.

A esta precaria situación que atravesarán los 400 alumnos de primaria y 380 de secundaria matriculados este año en el centro escolar “Flor de María Montiel”, de la comarca La Mía, distante 10 kilómetros al suroeste de la cabecera municipal, se suma la sed.

En la pequeña escuela, construida hace unos 7 años, tampoco hay agua, por lo que maestros y estudiantes deben llevarla desde sus casas o comprarla en las pulperías. 

Esta situación, que muchos de los once docentes de secundaria y 17 de primaria, califican de estresante, es un ejemplo de la realidad que se vive en algunos centros escolares de Nueva Segovia.

Al “Flor de María Montiel” asisten niños y jóvenes de Santa Cruz, San Judas, La Estancia, Tastalí, San José, Puntalitos, Las Joyas y Las Malvinas. Algunas de estas comunidades son tan distantes, que hay quienes deben caminar a diario varios kilómetros bajo sol o lluvia para aprender.

Instituto de secundaria se ha quedado en promesas

La demanda principal de los jóvenes, padres de familia y docentes, planteada desde hace varios años, es la construcción de un instituto de secundaria. El terreno ya está listo, pero de las autoridades locales y del Gobierno Central solo han recibido promesas.

Así lo certifica Eddy Ariel López González, dirigente de la Federación de Estudiantes de Secundaria, FES.

“Desde que yo estaba en segundo año (en 2009), he andado en bastantes reuniones, incluso estuve con Nelson Artola (Presidente del Fondo de Inversión Social de Emergencia, Fise) y él dijo que precisamente en ese año, venía (la construcción de) el instituto, pero luego como que (el funcionario) desapareció”, expone Eddy Ariel, quien ahora cursa su quinto y último año de secundaria.

Eddy Ariel es uno de los muchos jóvenes que este año situará su asiento debajo de unos árboles de acacia, porque las seis aulas disponibles no dan para tanta gente.

Sol, viento y lluvia

“Hicieron un aula prefabricada, de tubos y toldo, pero el sol la calienta con fuerza en el verano, y cuando es invierno, el problema es la lluvia”, explica el profesor Pedro Antonio Medina Medina, tras indicar que los alumnos de al menos tres secciones de cuarto y quinto año “deben recibir las clases debajo de los árboles”.

El docente también mostró unas galeras improvisadas de zinc y madera, que los estudiantes han tapado con ramas por un costado para evitar el intenso sol de las tardes. Bajo los árboles hay que tener más cuidado con los materiales escolares cuando llega la lluvia, pues el viento hace estragos y muchos han regresado a casa con los cuadernos enlodados, explica Eddy Ariel.

Ante la escasez de pupitres, algunos padres mandan a fabricarlos y los que están medio buenos los mandan a reparar, señala el profesor Medina, quien reconoce que en estas condiciones antipedagógicas, la calidad de la enseñanza y del aprendizaje está en crisis.