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  • Publicado en Confidencial

La Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social, Funides, no se cansa de decirlo: “Es necesario mejorar nuestra educación básica y los niveles de institucionalidad en el país”, y aunque eso ya no es un secreto para nadie, la entidad insiste en ello porque “contribuiría a que los pobres participen más en el desarrollo, y a que se creen oportunidades para todos”, como dijera Aurora Gurdián, su vicepresidenta.

Para Gurdián “es inaceptable que hoy, el 42.5% de los nicaragüenses continúen siendo pobres”, por lo que insistió en que es importante “acelerar el crecimiento económico, y asegurarnos de que las políticas económicas y sociales sean más equitativas y así beneficien a los más pobres”.

Esta vez, la Fundación decidió ir más largo, por lo que contrató a Florencia Castro-Leal, que fuera economista senior del Banco Mundial en varios países, para que preparara un estudio sobre crecimiento inclusivo, presentado el jueves pasado como parte de los ‘Diálogos para el Desarrollo’.

Según el estudio, se considera que el crecimiento es inclusivo “cuando permite a los pobres participar activamente y beneficiarse de manera significativa de la actividad económica”.

Un caso claro de crecimiento inclusivo sería una plantación agrícola instalada en una zona de mucha pobreza que empleara mucha mano de obra, pagara buenos salarios, y fuera socialmente responsable, con lo que ayudaría a cambiar la vida de sus empleados y de la comunidad en su conjunto.

“Para que el crecimiento sea inclusivo, se requiere una combinación de altas tasas de crecimiento económico, un patrón de políticas geográficas y sectoriales de crecimiento inclusivo, y la reducción de inequidades a través de la política pública. La experiencia revela que el crecimiento generalmente favorece a todos los individuos, incluyendo a los pobres, siempre y cuando la desigualdad se mantenga constante o disminuya”, dijo Castro.

Crecer 6% o más

Para esta experta, “disminuir la pobreza es la prioridad más importante”, y, en ese sentido, recuerda que “tiene que haber colaboración entre los diferentes actores de la sociedad: el sector público, el sector privado y la sociedad civil”, para definir, por ejemplo, “una estrategia exportadora, porque el mercado interno de Nicaragua no puede absorber el volumen de producción que se requeriría para crecer arriba del 6%”.

La frase deriva en tres ideas separadas pero de alguna forma complementarias.

La primera de ellas es que “los esfuerzos por incentivar las exportaciones son buenos pero insuficientes, porque en Nicaragua se necesitaría un volumen mucho más grande y una diversificación mucho mayor de las exportaciones”, para mantener un ritmo de crecimiento sostenido.

Aquí entra la segunda idea. Citando estadísticas oficiales del período 1993-2009, Castro-Leal señala cómo “la pobreza general y la pobreza extrema se mantienen sin un cambio de tendencias importante: el 50% de los habitantes vivía en pobreza en 1993, y 16 años después, la cifra había bajado sólo 7 puntos para quedar en 43%”, explicó.

En el caso de la pobreza extrema, sus porcentajes están estancados desde 2001 (lo que significa que el número de personas en pobreza extrema se ha incrementado, debido al crecimiento de la población), igual que en Centroamérica”, ilustró.

La tercera idea es que hace falta crecer al menos 6% anual para comenzar a reducir las tasas de pobreza de forma más satisfactoria.

La explicación es sencilla: los datos indican que en Nicaragua, por cada punto porcentual de crecimiento económico per cápita, la pobreza se reduce en 0.5 puntos porcentual. Esto significa que se requieren altas tasas de crecimiento económico para reducir la pobreza de manera importante. Esto implica la necesidad de crecer al menos 6%, mientras la población crece alrededor del 2% por año, para reducir significativamente la pobreza.

Exigir rendición de cuentas

Diversas voces se levantaron durante la presentación del estudio para apoyar las conclusiones de su autora, así como para enriquecerlas.

Mario Flores, expresidente del Banco Central y exministro de Hacienda, opina que debería haber una mejor coordinación de políticas dentro del gobierno, y entre el gobierno y el sector privado, para mejorar sus resultados, a la vez que abogaba por instaurar una “contabilidad vinculada a que se reduzca la pobreza, o se mejore la infraestructura”.

Gilda Espinoza, funcionaria del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales, Marena, abogó para que en todos los estudios y planes que se presenten, se incluya el componente ambiental “como condición para el desarrollo, pero falta actitud, por lo que se pierden oportunidades de crecimiento y mejorar la productividad”.

Róger Arteaga, extitular de la Dirección General de Ingresos y expresidente de Amcham, apostó por “elaborar un plan de desarrollo y presentárselo al gobierno, que se verá obligado a adoptarlo, porque están centrados en mantener el poder”, convencido de que el sector privado también lo adoptará, porque “les interesa mantener sus ganancias, aunque no hayan sido creadas en un marco de valores democráticos”.

Silvio De Franco, Rector de la Universidad Thomas More, dijo que los países requieren de tres cosas para crecer: que se respeten los derechos de propiedad, “pero en Nicaragua siempre estamos oyendo hablar de conflictos de propiedad”, lo que frena nuestras posibilidades de desarrollo.

El segundo es que se respete el derecho de apropiación, término que hace referencia a la posibilidad de patentar un hallazgo que sea comercializable, lo que ha marcado la diferencia entre sociedades ricas y pobres, y finalmente, “que los ciudadanos tengan certeza de que ambos derechos serán respetados”.

Finalmente, Ernesto Medina Sandino, titular de Eduquemos y Rector de la Universidad Americana, señaló que hay que preguntarse qué es lo que necesita Nicaragua, y qué es lo que quiere el sector privado, para salir de nuestro grado de desarrollo actual, que hace muy difícil acabar con la pobreza y la inequidad.