•   Managua, Nicaragua  |
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La viuda Irinea Mejía Cruz se trasladó desde la comunidad El Carrizo hasta Managua, para que se escuche su voz, para que le ayuden a interponer una apelación a la sentencia de tres años que dictó un juez a los asesinos de su esposo y de dos de sus hijos, porque considera que ese fallo es una “burla” para toda su familia y “para toda Nicaragua”.

Toda la familia de doña Irinea reclama justicia por la muerte a balazos del esposo de esta, José Mercedes Tórrez, y de sus hijos Elmer y Josué Sael Tórrez Cruz, quienes murieron a manos del secretario político del FSLN en San José de Cusmapa, Jesús (“Jersan”) Herrera, y el funcionario del Consejo Supremo Electoral, CSE, Eusebio Jesús Montenegro.

El pasado 17 de febrero, el juez Erick Laguna Averruz condenó a tres años y tres meses de prisión a Herrera y a Montenegro, por la coautoría de los ilícitos de homicidio, lesiones graves y portación ilegal de armas.

“Si esto llegara hasta el oído de don Daniel Ortega, que se ponga la mano en la conciencia, porque a él no le gustaría que le mataran a su papá, a su mamá, a sus hijos, no le gustaría… que se ponga la mano en la conciencia”, dijo esta campesina de 63 años, que como última medida confía en los medios de comunicación, para que trasmitan su mensaje, porque “la justicia no ha sido justa”.

Castigo para no seguir fomentando la violencia
“Y dicen que es bien católico y está bien; entonces, ser católico es una cosa bien grande, linda y hermosa, porque dice el Señor que el árbol se conoce por sus frutos, porque si es un árbol bueno da frutos bueno, y si es un árbol malo da frutos malos, entonces que se dé a conocer por sus frutos buenos, eso es lo que yo pido: que se haga justicia verdadera”, dijo la viuda en un mensaje dirigido al Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega Saavedra.

La viuda advirtió que si estas personas se quedan sin castigo, “hay gente que va a hacer lo mismo, y Nicaragua se seguirá manchando más de lo que está manchada”.

“Dice el quinto mandamiento ‘no matarás’, entonces, ¿por qué puede un hombre o una persona humana quitarle la vida a otra? ¡No tiene ese permiso! ¡Por Dios que no lo tiene! Pero entonces, ya que ellos se hacen más que Dios, yo pido que sean castigados…”.

Siguen amenazándolos

Doña Irinea también denunció las amenazas de sandinistas de su localidad, que le han dicho que la van a matar, que es “un vieja que mucho jode…”, que le llaman “perros muertos” a sus difuntos.

Sin considerarse una persona de elocuente oratoria, esta mujer campesina recordó el objetivo esencial de aplicar la justicia según el crimen cometido, cuando manifestó que los culpables tienen que ser castigados como debe ser, porque así otros van a tener “miedo” de hacer lo mismo.

“…si estas personas son castigadas con la ley, que les conviene su causa pagar, pues tal vez tienen miedo los demás de hacerlo; pero si esto se queda así, impune, mis hermanos yo pienso que esto va a ser un caos en nuestras comunidades…”, dijo Irinea, quien viajó a la capital acompañada por José Francisco Tórrez, el hijo de 18 años que sobrevivió a la tragedia ocurrida el pasado 8 de noviembre, en la comunidad El Carrizo, jurisdicción de San José de Cusmapa, ubicada a 274 kilómetros de la capital.

Hijo sobreviviente: no estaban borrachos
En alusión al argumento del licor como atenuante en los culpables, el joven José Francisco aseguró que los asesinos no estaban borrachos, porque si hubiera sido así, no habrían podido entrar fácilmente a la comunidad de terreno pedregoso donde se dieron los hechos, y el recuerdo que tiene es que lo seguían con mucha agilidad.

En la conferencia de prensa, el joven mostró las cicatrices que le quedaron en el abdomen, debido al balazo que lo alcanzó, y ahora toda su vida llevará una bala en su cuerpo.

José Francisco también denunció que Félix de Jesús, un miembro de los Consejos del Poder Ciudadano, CPC local, lo ha amenazado de muerte, y le dice cada vez que lo encuentra: “Ojalá te hubiesen matado”.

La conferencia de prensa fue ofrecida en la sede de Hagamos Democracia, organización no gubernamental presidida por Roberto Bendaña, quien prometió seguir ayudando a la familia sobreviviente de El Carrizo.