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ESPECIAL PARA END
Carlos Midence tiene en su haber tres obras publicadas: “Sala Chaplin y otros cuentos”, “Rubén Darío y las nuevas teorías”, y una antología del cuento nicaragüense escrito por mujeres, en coautoría con Milagros Urbina.

Midence se ha destacado como crítico, investigador y articulista político. Polemista agudo, en esta ocasión nos habla sobre su más reciente libro: “La invención de Nicaragua”, publicado por Editorial Amerrisque, con un prólogo del académico argentino Walter Mignolo, algo que le brinda un impulso y un espaldarazo a nivel latinoamericano, pues se trata uno de los teóricos de mayor peso en América Latina actualmente.

¿Dentro de qué disciplina clasificarías esta obra?
En ella se da un desplazamiento disciplinario, aunque teóricamente me sitúo dentro del proyecto modernidad/colonialidad/decolonialidad. Es decir, es una propuesta muy latinoamericana en la cual se trata de valorar una diversidad de variables culturales, identitarias, políticas y sociales.

¿Cómo valorás elementos como la sabiduría o saber popular, lo folclórico, lo autóctono, etcétera?
La letra culta, occidentalizada y colonial supo aprovechar la sustancia de esos elementos populares para volverlos integrantes de esa nacionalidad y de esta forma cubrir todos los aspectos, y podríamos decir todos los segmentos. Es decir, cuando los márgenes deben crear alteridad son viables y cuando hay que marginarlos también son viables.

¿Cómo valorás esta obra desde la óptica política?
Es una obra en la que se trata de reinterpretar por medio de lecturas anticanónicas, análisis sustantivos de textualidades y gestos claves las epistemes “otras” y los mecanismos de marginación a través de los cuales se construyó el imaginario, por lo tanto, es una obra emblemática del pensamiento de izquierda revolucionaria, reivindicativa en nuestras latitudes.

Entonces, ¿hablás por los “otros”, por los subalternos?
Ese es un debate que el proyecto modernidad/colonialidad/decolonialidad no deja de lado, y está consciente que es escabroso, ya que no se puede hablar por el “otro”, ni se puede representar al colonizado, como decía Said, pero sí se puede hablar del sí mismo como otro, como diría Ricoeur, y de esta forma brindar un análisis de los procesos, sin impostar o secuestrar la voz. Es decir, se facilita una interpretación “otra”, distinta, diversa, alternativa de mecanismos y procesos constructores y reproductores de identidad y por lo tanto de formas de vidas como punto de partida del proceso de decolonialidad.

En el caso de Nicaragua, ¿cómo sería esa decolonialidad?
Habría un reconocimiento a sujetos, prácticas, formas y epistemes “otras”, que han estado ahí marginadas. Me refiero precisamente a las epistemes populares, étnicas, no-escriturarias, no-letradas, etcétera. En este sentido hay una exégesis de cómo el sustrato de la nación fue hegemonizado por los rescoldos y resabios de las elites letradas privilegiadas, luego de la independencia.

¿Cuáles serían los antecedentes de esta obra en nuestro país?
Hay en Erick Blandón una propuesta fundamental en ese sentido, también en Jeffrey Gould y su Mito de la Nicaragua Mestiza, Erick Aguirre con su obra Las Máscaras del Texto, Miguel Ayerdis y su estudio sobre las publicaciones periódicas, las formas de sociabilidad y procesos culturales en Nicaragua (entre 1884 y 1926), Orlando Núñez, Lizandro Chávez y gente como Freddy Quezada, Ileana Rodríguez o Leonel Delgado.

¿Y Tambor Olvidado, de Sergio Ramírez?
Es más bien una obra que refuerza el canon y es deudora tanto especulativa como políticamente de la Vanguardia y del mismo Pablo Antonio Cuadra. Éste es un libro débil, en el cual no hay ninguna propuesta seria, más bien repite lo que dijera gente como Lizandro Chávez. En otras palabras, es un texto decimonónico, pues refuerza la tesis del mestizaje armónico y no hay ningún esfuerzo por decolonizar. Es una obra que carece de andamiaje teórico y metodológico, por lo tanto fortalece la Invención de Nicaragua desde la colonialidad, pues lo que dice es endeble y nada más asume un ingrediente (el negro), sin arriesgar mucho.

Para cerrar y volver al asunto político, ¿por qué te mantenés apoyando al actual gobierno cuando muchos intelectuales están fuera del mismo?
Esto es algo inflado por los medios, pues los señores que están en otro lado son una minoría, no son los únicos intelectuales, ni siquiera los mejores del país; ellos son frutos de las circunstancias nada más. Esto lo digo porque durante la campaña electoral una serie de intelectuales y artistas apoyaron la candidatura del presidente Ortega, y en estos momentos se están sumando más. Y si me mantengo ahí es porque, precisamente, estoy seguro de que luego del 90 el timón del barco fue sujetado por el comandante Ortega y la poeta Rosario Murillo, y debido a ellos es que no se naufragó, como querían muchos, por eso se da este nuevo momento histórico, en el cual ha retornado al pueblo nicaragüense la voz, el voto y el poder para decidir en el asunto de la cosa pública.