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La venta de huevos de tortuga o de productos de carey difícilmente podrá resolverle la vida a una familia, pero el efecto que la desaparición de ese animal puede ocasionar en el ecosistema, y en el humano mismo, es gravísimo, aseguró José Urteaga, director del organismo ambiental Flora y Fauna Internacional.

Urteaga añadió que para tener una idea sobre lo antes expuesto, si los  humanos arrasamos con la tortuga de carey, los ecosistemas marinos sufrirían tal desequilibrio, que la pesca artesanal, de la que sobreviven poblaciones enteras, se vería seriamente afectada.

Las tortugas en general se alimentan de otros animales que consumen larvas de peces, como la medusa, por lo cual, su extinción provocaría que la medusa prolifere y haya menos producción pesquera, según sitios web especializados en el tema.

Flora y Fauna Internacional, en alianza con otras organizaciones, realizó el primer estudio sobre el comercio de productos y subproductos de tortugas marinas, mediante encuestas a expendedores y consumidores.

En general, se determinó que en el Pacífico persiste un comercio abundante de huevos de tortugas marinas, aunque también se identificó cierta reducción en el consumo, algo que Urteaga atribuye a los efectos de las campañas de sensibilización sobre el tema.

Sobre el consumo de huevos, llama la atención que tanto vendedores como consumidores tienen claro que la comercialización del producto es prohibida.

De 1,148 encuestados, 659, en su mayoría varones, revelaron haber comido huevos de tortuga. Según el diagnóstico, el 82% de ese grupo conocía que la tortuga marina está en veda y que su aprovechamiento es ilegal.

¿Por qué lo consumen? La mayoría respondió que por su sabor y por su aporte alimenticio. Pocos aún creen que el huevo de tortuga tiene propiedades afrodisíacas, según datos de la encuesta.

Fueron los jóvenes de entre 20 y 30 años quienes dijeron no comer o haber comido hace tiempo huevos de tortuga.


Para Urteaga, este último dato revela que está creciendo una generación ambientalmente más sensible.

¡El carey no es plástico!
El carey no se fabrica, para que alguien lo lleve como adorno, una tortuga --especie críticamente amenazada-- tuvo que ser sacrificada, señaló el presidente de Flora y Fauna, reconociendo que la venta de productos de carey en los puestos, canastos de mercados y hasta  en establecimientos comerciales, es alta.

Y es que el 91% de los establecimientos encuestados tenían carey entre su mercancía. Sus existencias bien sumaban 16,870 piezas, equivalentes de unos US$58,700. Si el monto quedara entre unos o pocos, sería ganancia, pero como se disemina en una extensa cadena, quedó demostrado que es un producto pobre en ganancias, pues reciben entre 10 y 600 córdobas mensuales apenas.

También señaló que son los extranjeros quienes más están comprando artículos de carey, lo que representa una violación a las convenciones internacionales que Nicaragua ha firmado y ratificado.

Según el representante de Flora y Fauna Internacional, la baja asignación presupuestaria del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales, Marena, limita el trabajo para frenar el comercio ilegal de productos y subproductos de tortugas marinas, así como los esfuerzos que se requieren para sensibilizar a comerciantes, consumidores y demás pobladores.

Autoridades no presionan
Según declaraciones de Rodolfo Nicaragua, director de planificación de Conmmema, están apostando a sensibilizar y no a presionar. Si detectan el producto ilegal, amonestan, en algunos casos decomisan, y, si reinciden, sancionan con multas “simbólica” de hasta 500 córdobas, a pesar de que la ley pone como techo mínimo 5,000 córdobas, expresó el funcionario.

“Se puede mirar como complaciente”, admitió Nicaragua, argumentando que  “no es fácil”, y que están trabajando para frenar la actividad ilícita.

Aseguró que mantendrán inspecciones periódicas en coordinación con las autoridades, y que han emplazado a quienes tienen existencia del producto, para que lo vendan y no introduzcan más de ese tipo.

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