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JINOTEPE
El profesor Juan Carlos Fajardo Valerio, notable ciudadano de Jinotepe a quien la sociedad civil de dicha ciudad consulta para toda causa deportiva, educativa o cultural, entre otras, empezó a forjarse desde hace medio siglo como el organizador nato que es, cuando sus padres, con demasiado sacrificio, lo matricularon en el primer año de la Escuela Normal Franklin Delano Roosevelt, de la que habría de salir titulado como maestro de Educación Primaria (MEP) en febrero de 1964.

Después de una larga carrera docente que incluye su paso por la educación secundaria y la docencia universitaria, ahora, el gobierno municipal de la cabecera departamental de Carazo ha propuesto su candidatura para el premio educacional de la Fundación “Luisa Mercado”, que este año corresponde a la categoría de maestros jubilados.

Hijo de doña Juana Valerio Gutiérrez, una humilde vendedora de fresco del mercado municipal, y del señor Víctor Manuel Fajardo Carcache, albañil oriundo de Granada que resultó permanentemente lisiado al sufrir un accidente laboral mientras trabajaba horas extras para comprarle al muchacho un diccionario Larousse que le exigían en la escuela, Juan Carlos y sus hermanos crecieron en una casita de madera y latas armada sobre predio ajeno, al otro lado del terreno donde hoy está el cuartel de bomberos.

Templado en fragor
de pobreza y estudio
El fragor de una infancia y adolescencia muy pobres, sin embargo, hoy día constituyen el principal orgullo de Juan Carlos, cuyos éxitos en la educación, la cultura y la promoción de los deportes juveniles constituyen, a su juicio, la mejor prueba de que el esfuerzo de sus padres valió la pena, y, por otro lado, “que la pobreza es el fuego que fragua el temple espiritual de aquellos que luchan por superarse para servir a los demás”.

Al agradecer la postulación de su nombre para el premio de la Fundación “Luisa Mercado” por parte del gobierno municipal de Jinotepe, Juan Carlos aclara
que no es el contenido metálico de la presea lo que más le
entusiasma.

Me impresiona mucho, dice, “el reconocimiento público a mis cuarenta años de servicio en las aulas, y el orgullo que la sola nominación representa para mi familia y para mis inolvidables ex alumnos, que desde diversas posiciones, profesiones y oficios, seguramente aplican algo de lo que yo pude enseñarles en el desarrollo de sus vidas y sus trabajos”.

Muchos son, en efecto, los ex alumnos del profesor Fajardo. Entre ellos hay destacados agricultores, trabajadores incansables y técnicos ingeniosos, aunque otros --que hay de todo en la viña del Señor-- han desviado el curso de sus vidas hacia acciones reñidas con las buenas costumbres, las leyes y el orden. “Pero a todos les guardo un gran cariño y les deseo lo mejor”, declara.


Altos funcionarios entre ex alumnos
Enseñanzas de Juan Carlos también recibieron desde el pupitre escolar el mayor general Julio César Avilés Castillo, Jefe del Estado Mayor del Ejército de Nicaragua, y el Jefe de la Fuerza Naval, contralmirante Juan Santiago Estrada, así como el doctor Karlos Navarro Medal, historiador y articulista de EL NUEVO DIARIO.

Ex alumnos suyos también son el comisionado mayor Ramón Avellán Medal, ex Jefe Nacional de Tránsito y actual Jefe de la Policía de Granada; el alcalde de Dolores, Santiago Espinoza; el sacerdote César Castillo Rodríguez; el licenciado Francisco Palacios, delegado de Educación en Carazo, y el licenciado Salvador Vanegas Guido, Secretario Administrativo-Financiero de la Presidencia de la República.

Entre sus múltiples reconocimientos, destacan las relevantes posiciones que desempeñó a lo largo de su vida magisterial. En la UNAN fue jefe de departamento académico y subdirector académico del recinto de Carazo, y entre 1984 y 1990 fue Subdirector de la Escuela Normal “Ricardo Morales Avilés”.

Funcionó, además, como técnico municipal y departamental del MED en Carazo, como capacitador del MED central y como director, lo mismo que fundador y director del núcleo de profesionalización de maestros de primaria en la Isla de Ometepe y en el municipio de Nandaime. En la hermana república de Cuba y en el municipio caraceño de San Marcos, Fajardo también fungió como profesor y director de la Brigada Educativa “50 Aniversario”.


Otras proyecciones sociales
El ilustre educador jinotepino ha apoyado a las directivas del Teletón nacional y del departamental; las obras sociales de su vecina parroquia San Antonio; a los damnificados del terremoto de 1972; a los gestores de cultura Carlos Mejía Godoy, Wilmor López, María José Aráuz y Leonel Calderón Acuña; las bibliotecas municipales de Jinotepe y Dolores; a la federación de lucha grecorromana de Carazo, de la cual es presidente honorario; a los privados de libertad; a la Comisión departamental de Prevención del Delito, de la cual es directivo, y, en fin, a todas las causas sociales, deportivas, educativas y culturales del departamento.

Es, por otro lado, portador del pergamino Orden Miguel Ramírez Goyena, que le fue otorgada por la Brigada “50 Aniversario” en diciembre de 1985, y Medalla en oro Miguel Ramírez Goyena, recibida el 21 de febrero de 1990, entre otras relevantes condecoraciones.

Nuestro personaje es también un artesano de reconocida labor en Jinotepe, donde algunos coleccionan sus fajas pirograbadas, sus calados en láminas y sus reproducciones de las figuras en miniatura de los principales personajes de El Güegüence con todos sus detalles de forma, color y textura.

Como impulsor de la cultura, el arte y la recreación, ha organizado los mayores eventos deportivos de la juventud caraceña, pero ninguna institución pública, especialmente el Instituto de Turismo --señalan sus amigos-- ha sabido aprovechar su potencial y experiencia, a pesar de que no cobra ni un centavo por transmitir lo que sabe.

En la acogedora casa de habitación frente al templo San Antonio de Jinotepe, donde Juan Carlos comparte su vida con su esposa Miriam Sáenz Gutiérrez, con la hija de ambos Karla Johanna, y con el nieto precoz Carlos Santiago Vado Fajardo, las muestras de su trabajo artesanal se aprecian en casi todas las estancias y paredes. De aquí sale cada mañana en una pequeña motocicleta hacia su finca semi urbana de cuatro manzanas, donde cultiva especies frutales y cría una docena de vacas que son fuente de la deliciosa leche agria que se anuncia con un letrero en la pared exterior de la vivienda.


“Debemos levantar el
nivel de la Educación”

El profesor Juan Carlos Fajardo Valerio opina sobre el estado actual de la educación nacional, y reconoce que nuestros niveles educativos, en parte por toda la historia reciente del país, están muy bajos en relación con los países vecinos, situación que debemos corregir, porque de lo contrario no estaremos preparados para asimilar ni aprovechar los avances tecnológicos del presente milenio. “La escuela todavía enseña conocimientos del siglo XIX en pleno siglo XXI, lo cual nos indica que debemos emprender aceleradamente la preparación de los maestros a todos los niveles, no solamente en metodología, sino también en contenidos.

“Los cambios de gobierno, además, afectan la educación, porque cada nueva administración que sube al poder se deshace inmediatamente de los recursos humanos cuya formación ha consumido dinero de la nación y de los países y organizaciones cooperantes. Se pierde toda esa experiencia acumulada, y tampoco se aprovecha la experiencia de los educadores jubilados, quienes en otros países son tomados muy en cuenta.

“Es clave, por tanto, invertir en la educación, como en una empresa que va a producir bienes culturales y científicos, que se convierten en bienes económicos para impulsarnos hacia el futuro”.


Una oportunidad de oro para el ministro Castilla
Sobre el problema estructural de la enseñanza de las Matemáticas, Fajardo considera que es de toda América Latina, no sólo de Nicaragua, y dice que sólo podrá resolverse mediante una política de Estado, ya que tiene que ver con todos los niveles de la educación nacional, lo mismo que los bajos niveles de aprendizaje del idioma Español.

Ambas materias destacan cada año como los grandes fracasos de los bachilleres que se someten a exámenes para ser admitidos en las universidades públicas, y según el profesor Fajardo, el ministro Miguel de Castilla tiene ahora la oportunidad histórica de realizar desde el poder todo lo que soñó hacer cuando estaba “en la otra acera”.

Agrega que esto pasa por una política salarial digna y justa, acorde con la realidad y las dificultades del maestro, para que pueda pensar más en la enseñanza, que en el arroz y en los frijoles del siguiente día.

Para concluir este tema, instó al magisterio caraceño a recuperar “la época de oro” de la enseñanza de las Matemáticas, cuando en las pizarras llenas de números brillaban notables educadores como Armando Rodríguez, Rafael Sánchez Richardson, Francisco Guzmán Pasos, Guillermo Medina, Danilo Alvarado, César Baldizón Silva, Roberto Aburto Jarquín, César Rodríguez y Emilio Hernández, entre otros.

Según dice Fajardo, aprender Matemática con aquellos maestros era una tarea interesante y hasta placentera. De esa época surgieron destacados estudiantes como el doctor Manuel Aguirre, un joven campesino de El Rosario que se graduó de maestro en la Normal de Jinotepe, y que ahora es director de programas de doctorado en Matemáticas de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Aguirre ha realizado descubrimientos científicos en el campo de las matemáticas, y sale a dictar conferencias por todo el planeta.