Mauricio Miranda
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Diez años después, la denuncia que acorraló al líder político más fuerte del país, que desató un terremoto en las estructuras de su partido-- desde dentro del círculo que lo rodeaba hasta en los militantes en las calles--, que causó fisuras en los organismos defensores de las víctimas de abuso sexual, obligándolos a tomar partido, y que conmovió a toda Nicaragua, parecía una historia olvidada.

Pero hoy, Daniel Ortega Saavedra, entonces líder de oposición y ahora Presidente de República, confirmó que el fantasma por las acusaciones de su hijastra Zoilamérica Narváez, de haberla violado por años, aún lo persigue como su segunda sombra.

Todavía existen voces que piden justicia y condena moral. Una de ella es Gioconda Batres Méndez, renombrada psiquiatra costarricense, cuyo libro “Del ultraje a la Esperanza. Tratamiento de las secuelas del incesto”, motivó a Zoilamérica a sentarse frente a los micrófonos y contar su historia.

“Allí inicia su lucha --¡qué terrible!-- por la credibilidad, porque ya los sobrevivientes de abusos tienen suficientes dolores, como para agregar el dolor de luchar con un país que cuestiona tu credibilidad, por un persona tan poderosa como es el propio presidente de los nicaragüenses”, afirma.

En conversación telefónica con EL NUEVO DIARIO, la doctora Batres relató desde San José parte de la experiencia que le tocó vivir con Zoilamérica, cuando la acompañó hasta los tribunales en Nicaragua y en el extranjero, y explica el drama que sufre una víctima de abuso sexual.

Doctora Batres, ¿cómo ayudó usted a Zoilamérica?
“Trabajamos mucho tiempo juntas. Después de que ella reveló su caso, trabajamos en la elaboración del dictamen forense que presentó allá en Nicaragua y en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Luego la apoyé en los inicios de la Fundación Sobrevivientes, y estuve trabajando con ella en algunos asuntos relacionados con el abuso sexual. Era una relación de apoyo terapéutico.

¿El caso de Zoilamérica podría verse como un ejemplo por la defensa de los derechos de las víctimas de abuso sexual?
Yo creo que sí, porque su caso representa muchos emblemas. Por ejemplo, la lucha de la persona más vulnerable, por ser mujer, niña, hija, frente a un poder omnipotente, que no sólo es padre, sino también líder político, que para algunos es perfecto, es incuestionable.

Entonces, la lucha de ella es paradigmática. Representa el paradigma de la lucha de los sobrevivientes de abuso sexual. Es un ejemplo único, en el sentido de la relevancia política, no porque ella lo haya querido, sino por la coyuntura de que ella haya sido la hija de doña Rosario y la hijastra de Ortega. Pero su convicción es un paradigma mundial.

¿Cuál su visión sobre el carácter que ha mostrado Zoilamérica en estos diez años desde que denunció su caso?
Esto es lo que la gente no puede ver. Quieren creer que por ser una muchacha con posibilidades, con acceso al poder, con conexiones, ella era una niña fuerte. Pudo haber sido una niña fuerte políticamente, pero no fuerte emocionalmente. Una característica cuando ocurren estos casos, es la destrucción de la fortaleza emocional por parte del abusador, como una estrategia para tener a las víctimas aterradas.

¿Ella ha mantenido su discurso en todo este tiempo?
Ella ha demostrado consistencia permanente, lo que le da una gran veracidad a su relato, que no ha sido modificado, a pesar de todos los chismes políticos: que si se arregló con Ortega o con la mamá. Ella quiso en un tiempo que la mamá se le acercara y que Ortega le pidiera perdón. Pero no él no lo iba a hacer.

¿Ha encontrado obstáculos Zoilamérica en su denuncia?
Ha sido una lucha inmensamente dolorosa. Inmensamente difícil. Ella no sabía con qué se iba a encontrar. Se encontró con mucha resistencia, pero también con mucho apoyo. Y ahora le ha resultado muy difícil, especialmente cuando este señor gana la presidencia, pues aparece todos los días en la televisión, con aires triunfalistas. Esto es muy lacerante para una sobreviviente. Pero allí se ha mantenido con apoyo y con la fundación, y eso es muy reivindicativo, cuando uno transforma el dolor en debate y lucha.

¿Usted cree que hasta el día de hoy se le ha negado la justicia?
Efectivamente, se le ha negado la justicia. Primero, las cortes nacionales. Están miopes, cegadas por órdenes del poder. Y también la lucha internacional. Y no solamente para Zoilamérica, sino para la gente de Bosnia, para las mujeres violadas, para las musulmanas, para todo lo que se refiera a las torturas de las mujeres, siempre ha sido muy difícil en las cortes internacionales, porque están dominadas por el patriarcado, por la misoginia. Pero ella sigue adelante. Algún día habrá justicia.

¿El presidente Ortega debe responder directamente por estos señalamientos?
Claro que debe responder, pero siempre ha respondido con evasivas, o lo ha negado. Debe responder a la justicia. Nadie hasta ahora lo ha llevado a la justicia.

¿Qué opina de lo ocurrido en Paraguay?
Ortega y su esposa siempre van a decir que es una cuestión política. Pero esto es una cuestión de conciencia, de dignidad. Ella (la ministra de la mujer paraguaya) no lo está cuestionando como presidente, sino como un abusador sexual.


¿Quién es Gioconda Batres Méndez?
Es una destacada psiquiatra costarricense, pionera en el tratamiento del abuso sexual, socia fundadora de la Fundación Ser y Crecer y posteriormente su directora.

Realizó sus estudios superiores de Doctorado en Medicina en la Universidad Autónoma de México y de Psiquiatría en la Universidad de Costa Rica.

A nivel de posgrado ha realizado diversos cursos especializados en temáticas relativas a: Psicoterapia de la mujer: Mujer, Política y Desarrollo; Tratamiento de Mujeres Agredidas; Incesto y Personalidad Múltiple, Género y Desarrollo; Abuso Sexual Infantil, e Intervención Terapéutica de las Mujeres Víctimas de Agresión Física, entre otros.

Desde 1991 trabaja en el Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente (Ilanud) como directora del Programa Regional de Capacitación contra la Violencia Doméstica.