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Leonel Argüello es un abuelito tierno, bonachón y conversador, de esos que cualquiera quisiera tener en momentos de angustia, con un sabio consejo en los labios. La palabra “abuelito” describe a la perfección a este hombre de 80 años, nacido en la Managua terremoteada, criado en las calles empedradas de León y bautizado con todos los nombres que reza el santoral.

Leonel, el único nombre que se dejó tras constatar que su madre y abuela lo habían bautizado con un rosario de nombres, algunos feos y extraños, otros comunes y simples, es casi siempre simpático y acogedor, siempre sonriente y dispuesto a escuchar. Algún defecto tendrá, pero lo ha de esconder muy bien.

Casi es mediodía y él ya está listo para la entrevista. Sonriente como siempre, inicia esta plática sobre la vida que llevó en el León de mediados del siglo pasado, cuando jugaba béisbol con una pelota de trapo y un palo de escoba tieso que usaban como bate; cuando corría evitando ser el venadito entre tu huerta o cuando, de adolescente, coleccionaba las envolturas de los cigarrillos, pues en aquella época no existían los álbumes para recopilar figuras deportivas.

Leonel, el único niño de la familia hasta el nacimiento del primo Hugo, el mimado de papá, del abuelo José Benito Ramírez y del abuelo paterno que todos los leoneses conocían como “El Maistro”, de pequeño quiso ser médico y sin querer se metió al asunto de los seguros en Nicaragua, pues finalmente siguió los pasos de su padre y se hizo abogado.

Hoy, sin embargo, no solo se le conoce por su trayectoria en el tema de los seguros, sino por su entrega y dedicación a la Fundación Teletón.

Por unos instantes pierde la sonrisa. Recuerda a su nieto muerto. Y sus nietos, sus nietos, esos son su vida. La muerte de ese joven, dice, ha sido el dolor más fuerte que ha sufrido, y ahora que lo cuenta, comenta lloroso, tiene el alma chiquita.
Poco después su rostro ha recobrado la vitalidad pues está hablando de otro de sus nietos, por quien entró a Los Pipitos y es presidente de la Fundación Teletón.

“Mi hija médico tuvo un niño precioso, lindo. Como a los cuatro meses, mi señora, quien tenía experiencia con los hijos, con los otros nietos, comenzó a ver cosas que no le gustaban: que se quedaba muchas veces quieto, que no levantaba la cabeza. Entonces nos dimos cuenta como a los seis u ocho meses, que el niño tenía atrasos en su desarrollo psicomotor y mental. Cuando los niños comienzan normalmente a gatear, él no lo hacía…”

Su nieto hoy tiene 26 años y sufre del síndrome de Seckel, también llamado “síndrome del Pajarito”, una enfermedad que ocasiona retardo mental y facciones parecidas a las de los pájaros.
“Lo lindo es que este niño nos ha unido a todos. Todo lo que él lograba era como una fiesta familiar, cuando comenzó a gatear, a balbucear. Es bailarín, canta, tiene una memoria extraordinaria para las cosas que le gustan, tiene una novia que fue símbolo del Teletón. Si le preguntás por la Liga Española, él te dice quien metió gol hoy”.

Su labor en el Teletón lo llena en todo sentido pero tampoco deja de verla como obligación: “Si se me ha permitido tener una mejor posición social, económica, pues también tengo que devolver lo más que pueda”.

Y mientras llega el Teletón, previsto a realizarse el próximo 27 de abril, Leonel Argüello continuará revisando su libro sobre seguros, jugando con sus nietos, escuchándolos, aconsejándolos, ultimando los detalles de su diccionario de crucigramas, obsesionado por la computadora y, claro, escuchando a Beethoven.

De la juventud, el matrimonio y el retiro profesional

Me casé bien joven, de 23 años, primero porque me enamoré de mi mujer desde que la vi. La conocí en la calle, frente a La Noticia, en la vieja Managua, era una linda morena y me encantó. Después resultó que yo era amigo de su hermana, entonces cuando visitaba a la hermana, me inclinaba más por la hermanita mayor, y así es que perseguí a Ángela, que es el nombre de mi señora, hasta que me dijo que sí.

¿Cómo se hace para conservar un matrimonio de más de 50 años? Gracias a la mujer porque es la que te mantiene el hogar en unión, la que garantiza la solidez de la familia, el respeto a los valores. La mujer es mucho más íntegra que el hombre. Mi mujer siempre ha sido mi guía e impulsora, ella es más consistente en sus ideas revolucionarias, tiene una mirada muy amplia. Tenemos seis hijos, 14 nietos y un bisnieto.

¿Mi vida profesional? De joven siempre me sentí de izquierda. Bueno, cuando sos estudiante si no sos de izquierda no sos joven. Yo fui miembro del CUUN y nos expulsaron de la universidad por un medallón de Somoza viejo que habían puesto en el Paraninfo de la Unan.  Nosotros protestamos, hicimos alboroto y nos expulsaron de la universidad. Nos reintegraron porque Somoza nos perdonó.

Mi papá siempre me apoyó aunque él estaba con el gobierno, él simpatizaba, era liberal de ese tiempo, mi abuelo incluso fue funcionario, mi abuelo José Benito Ramírez.

Antes de los 80 me contactó Tomás Borge, que fue mi compañero y anduvo en el alboroto por el medallón.

Cuando se dio el triunfo de la Revolución y se da la nacionalización de los seguros, nació Iniser y me pidieron que trabajara allí. Esa es la única empresa revolucionaria que aun existe porque hubo siempre un respeto al programa de trabajo y porque tuve un equipo de gente muy buena que siempre me apoyó. También debo decir que el Banco Central fue un apoyo muy importante.

Fui magistrado electoral. Cuando nombraron a Mariano Fiallos en la primeras elecciones que hubo en 84, Mariano me llamó, me dijo: Necesito alguien de confianza. Éramos amigazos desde la universidad. Después me volvió a llamar para las elecciones del 90.

Con el sufrimiento de todos los que éramos sandinistas, en esas elecciones ganó la Violeta. ¿Qué si había posibilidades de revertir los resultados? Claro que había posibilidades, todas las del mundo, pero la instrucción era hacer una elección pura, que fuera un ejemplo, y yo me siento orgulloso de ese período.

¿Mariano? A Mariano lo quiero muchísimo y me hace falta, porque las conversaciones que teníamos eran muy educativas.

¡Ah!, también estuve en la banca privada, organicé el Interbank, que desgraciadamente quebró por mala administración. Yo gracias a Dios me retiré unos años antes porque me metí a formar Metropolitana de Seguros.

Ahora esta empresa la adquirió un grupo regional, yo soy accionista de la compañía panameña, decidí vender mis acciones pero me quedé con una participación accionaria. En lugar de cabeza de ratón, soy cola de león.

¿Retirarme? La verdad es que no me quiero retirar, si fuera posible desearía morir trabajando porque creo que el hombre nació para trabajar. Así es desde que nos echaron la maldición en el Paraíso Terrenal.

¿Mi seguro de vida? Como estoy tan viejo ya no me aseguran tan fácil.

Tengo dos seguros, uno es de salud y me ha servido mucho. Hace 12 o 13 años tuve cáncer de la próstata. Hace como tres o cuatro años cuando iban a comenzar las actividades del Teletón me fui a hacer mi chequeo y no pasé la prueba de esfuerzo, entonces me mandaron a hacer un cateterismo y allí encontraron que tenía dos arterias bloqueadas. Después una bacteria se enamoró de mí y me dio septicemia.

¿Mi seguro de vida hablando metafóricamente?

La mayor seguridad son mi mujer y mis hijos.

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