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La Asociación de Mujeres Trabajadoras Sexuales “Girasoles Nicaragua”, ya tiene aprobada su personería jurídica como organismo no gubernamental y su representante, María Elena Dávila, señala que esto facilitará a que sus agremiadas tengan más opciones de capacitación y apoyo por parte de organizaciones internacionales, ya que el Estado las reconoce.

Dávila comenta que están en espera que la aprobación se publique en los próximos 15 días en La Gaceta, diario oficial, pero ya cuentan con una estructura organizativa y eran reconocidas por la Procuraduría en Defensa de los Derechos Humanos, que les da capacitación propiamente en derechos humanos, además de otras instituciones, como el Ministerio de Salud, que las educa en prevención del VIH.

“Esto es sumamente importante para nosotras, pues no sólo nos permite poder optar al financiamiento de organizaciones internacionales, sino que principalmente nos respetaron el nombre de la asociación, lo que es un avance en nuestros derechos como mujeres y en nuestra profesión”, considera la representante de Girasoles Nicaragua, agregando que estamos elaborando su plan estratégico y una de sus principales demandas es que su actividad sea reconocida como trabajo o una labor económica, así el gremio pasaría a ser reconocido en la categoría de trabajadoras por cuenta propia.

“Girasoles Nicaragua”, con el apoyo de la organización USAID/Pasca, hicieron su acta constitutiva e introdujeron la solicitud de personería jurídica a la Asamblea Nacional el 15 de diciembre del 2011, con el apoyo de los diputados Xóchilt Ocampo y Edwin Castro, ambos de la Bancada Sandinista, teniendo el aprobado el 22 de marzo.

En estos momentos cuentan con 478 agremiadas en municipios como Chinandega, El Viejo, Carazo, Rivas, Matagalpa, Managua, Estelí, Somoto, Ocotal y Chontales, son 25 liderezas distribuidas a nivel nacional y atienden al menos a 15 mujeres que obtienen el de su familia con el trabajo sexual. En Nicaragua se estima al menos unas 6 mil mujeres practican el intercambio de sexo por dinero, lo cual el Código Penal no lo tipifica como delito, a diferencia del proxenetismo.