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“No me contratan porque soy mujer”, “no me eligieron como jefa del área por ser mujer”, son algunas de las frases que se escuchan en el campo laboral femenino, frente a las múltiples oportunidades que los empresarios otorgan a los hombres.

En el caso de Nicaragua, las investigaciones realizadas por la Fundación Internacional para el Desafío Económico Global, Fideg, muestran que los salarios de las mujeres están un 33% por debajo de los ingresos económicos de los hombres, todo como consecuencia de las desigualdades que se atraviesan para incorporarse al mercado laboral.

Datos del Instituto Nicaragüense de Estadística y Censos, INEC, demuestran que al 2005 los hombres constituían el 68% de la población ocupada, y las mujeres apenas el 32%. La presencia de la mujer es predominante entre la población económicamente no activa, donde representan el 67%.

A pesar de estos resultados, Tania Arita, representante de Honduras y Nicaragua en Man Power Group, especialista en soluciones laborales innovadoras, refiere que la mujer ha venido desarrollando y ocupando mayor fuerza en el mundo laboral, político, económico, y “ha conquistado más terreno que en años pasados, pero aun hay una brecha pendiente”.

Esa “brecha” de la que Arita habla, la reflejan estudios realizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE a nivel de América Latina, que indican que la tasa de desempleo masculino es del 5.8% versus un 9.3% de mujeres sin trabajo.

Estos resultados coinciden con los que arrojó un estudio que en 2008 realizara la Organización Internacional del Trabajo, OIT, que indican que a nivel global durante 2007, la proporción empleo/población fue de un 49.1% para las mujeres contra un 74.3% para los hombres.

Pero “anteriormente esta brecha era más grande y no solo en la parte laboral”, refiere la especialista en temas laborales, “sino en los ingresos, ya que la mujer percibe un 17 por ciento menos que el hombre según la OCDE, incluso en Estados Unidos, donde aparentemente las mujeres están mas protegidas legalmente, esta diferencia es del 20%”.

A pesar de estos resultados, el rol de la mujer actualmente es más participativo, remarcó Arita. “Podemos verlas ocupando sillas presidenciales como (en) Costa Rica, Brasil y Argentina, en donde hace algunos años era imposible, y en su mayoría los jefes de Estado eran hombres, y quizá solo ha habido una mujer como el caso de Nicaragua con Violeta Chamorro”, recordó.  

En todos los casos, “la mujer tiene las habilidades para ejercer un cargo o tener los ingresos igual que un hombre”, consideró.

Para Arita, la clave para crear un balance entre mujeres y hombres en el mundo laboral y salarial, es llevar presente siempre el mensaje que la mujer es multifuncional, que puede ejercer varios roles y funciones a la vez.
“Esto lo vemos a diario en mujeres que son madres, esposas, amas de casa y trabajadoras de planilla, y lo hacen muy bien”, indicó.

Entonces, afirma, la clave es llegarle al empresario con el tema de la escasez de talento y hacerle ver que con discriminar a una mujer en su empresa puede perder ese talento, que bien puede dar un resultado eficiente.