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El subdirector de Investigaciones de la Policía Nacional Civil de El Salvador, Héctor Mendoza Cordero, aseguró en días recientes, que pandilleros de esa nación --conocidos como “mareros”-- han migrado a varios países de la región, incluyendo Nicaragua.

Mendoza Cordero sostuvo, desde la capital salvadoreña, que tienen conocimiento de que miembros de las temidas pandillas están dirigiéndose a Honduras, a Nicaragua y a Guatemala, sin que aún tengan identificadas las causas y las motivaciones.

“Sabemos que Los Zetas están reclutando pandilleros para mantener el control en zonas rurales de Guatemala..., lo que buscan es generar acciones de desestabilización y distraer a las autoridades para facilitar el paso de droga por la región”, afirmó el jefe policial cuzcatleco.

Consultado por la agencia de noticias Acan-EFE, el Vocero de la Policía Nacional, comisionado mayor Fernando Borge, confirmó que tienen registrados “casos aislados de ingresos”.

“La directora de la Policía (Aminta Granera) sí expresó que es posible un desplazamiento de maras por toda la región”, pero en Nicaragua “estamos preparados para detectar algún movimiento de ese tipo”, afirmó Borge.

El portavoz policial agregó que el desplazamiento de pandilleros por Centroamérica es “una amenaza”, sin embargo, “lo importante es que siempre se mantiene colaboración entre todas las instituciones policiales” del área.

El peso de las “maras” en la región
El año pasado, el Banco Mundial divulgó el estudio titulado “Crimen y violencia en Centroamérica: un desafío para el desarrollo”, en el cual se estima que en la región hay alrededor de 900 pandillas que agrupan a unos 70.000 miembros. En Nicaragua calculan que hay más de 200 pandillas juveniles, sin embargo, su accionar no está vinculado al crimen organizado. Estas cifras provienen del Consejo Centroamericano de Policías.

De acuerdo con esa investigación, la presencia y el accionar de las pandillas juveniles, más conocidas como “maras”, y que actúan sobre todo en el “Triángulo del Norte”, son un factor que incide en la multiplicación de la criminalidad y de la violencia en la región.

Al respecto, ese estudio del Banco Mundial divulgado en la capital estadounidense, refiere que en los países del “Triángulo del Norte”, conformado por Guatemala, El Salvador y Honduras, la tasa de homicidios se multiplicó de 20 por cada 100.000 habitantes a finales de la década de los 90, hasta 40 por cada 100.000 habitantes en 2007.

De acuerdo con los autores de dicho estudio, el factor principal sobre ese incremento de violencia y de criminalidad es el narcotráfico, prueba de ello es que lograron identificar que en aquellas zonas que son corredores de la droga, desde Colombia hasta Estados Unidos, los niveles de violencia son 111% más altos que en las zonas por donde no se trafica la droga.

En el estudio se calcula que el 90% de la cocaína que llega a Estados Unidos pasa por el corredor centroamericano, y, por ello, la región se ha convertido en uno de los puntos más violentos del mundo.

Jefa de la Policía advirtió fenómeno
Antes de partir a una reunión regional en febrero, la Directora de la Policía Nacional, primera comisionada Aminta Granera, advirtió sobre este fenómeno.

“Puede haber un desplazamiento de las maras hacia Nicaragua”, indicó entonces. Granera dijo también que “si hay desplazamiento, nosotros tenemos un trabajo de inteligencia muy fuerte en el Golfo de Fonseca (que comparten El Salvador, Honduras y Nicaragua), porque no queremos que las maras vengan para acá”.

En 2007 se firmó en Managua una declaración que define al Golfo de Fonseca como una zona de paz, desarrollo sostenible y seguridad.

Recientemente los presidentes de El Salvador, de Honduras y de Nicaragua se reunieron para retomar este tema con el propósito de desarrollar el Golfo.

En septiembre de 2009, la Policía capturó en el municipio de Chichigalpa, en Chinandega, a Saúl Antonio Turcios Ángel, de 29 años, alias el “Pitbull” --identificado como uno de los cabecillas de la Mara Salvatrucha--, quien había escapado del sistema penitenciario salvadoreño y tenía orden de captura en su contra tanto en su país natal como en Estados Unidos. Tras su captura, fue deportado a su país, donde había sido acusado de un homicidio.