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Dos muchachas con discapacidad, cronológicamente de 23 y 29 años, pero con edades mentales de tres a cinco años, fueron víctimas de abuso sexual, que derivó en la procreación de un hijo por cada una de ellas. Las autoridades temen que fue por abuso sexual, pero resulta imposible determinarlo ya que apenas balbucean. Por protección a su identidad, a una llamaremos “Flor” y a la otra “Clara”.

El cuadro familiar se complica, porque las dos jovencitas tienen una madre no vidente, que se mantiene postrada en una banca, dependiendo de la atención de “Clara”, en quien recaen las labores domésticas; además, debe cuidar a su abuelo paterno de 85 años, que forma parte también del mismo hogar.

Se trata de uno de los casos complejos, detectados por personal del Sistema Local de Atención Integral en Salud del Ministerio de Salud, Silais-Minsa, al cual tuvo acceso EL NUEVO DIARIO, pero, además, confirmado por María Julia Talavera, delegada del Ministerio de la Familia, Mifam, instancia del gobierno que interviene en la atención social del caso, documentado desde julio de 2011.

“Clara” tiene una niña de 29 meses que no presenta ninguna discapacidad. Sin embargo, el hijo de su hermana “Flor”, un niño de 14 meses, presenta deficiencias físico motoras e hidrocefalia. En resumen, la familia tiene a cuatro miembros con alguna discapacidad diagnosticada.

Quemaduras le pegaron un brazo
A “Flor” se le agregó quemaduras en sus pechos, en el costado y en el dorso interior de su brazo derecho, así como en lado izquierdo, que sufrió en una situación no determinada en el primer albergue que se le internó. No recibió atención médica oportuna, por lo que la cicatrización le unió el brazo a la piel de su torso, lo cual le impide levantarlo.   

El padre de las dos muchachas, un agricultor de maíz y frijoles, cultiva unas tierras --70 manzanas-- que pertenecen a su esposa --la no vidente--, pero que ella no puede administrar por estar postrada.

Según Talavera, funcionara del Silais-Minsa, la familia vive en una casa aislada de las demás viviendas de la comarca donde reside, y el papá de ellas, aparentemente es celoso porque no permite la presencia de extraños. Pero los vecinos lo tildan de “irresponsable”, porque no deja a nadie que cuide por su sufrida familia, y como un “don Juan” se dedica a andar buscando mujeres.
 

Condiciones de vida paupérrimas
Según el informe-estudio, sus miembros viven en una casa conformada por un dormitorio, una sala y una cocina, sin servicios de agua ni electricidad; el vital líquido lo toman de un pozo. Las dos muchachas dormían en una cama de madera, sin colchón, solo tejida con correas de cuero, y se cobijaban con sacos, donde además duermen gatos y perros, y la falta de higiene y orden son notorios en los ambientes.

Indicó que todavía se desconoce quién es el progenitor de las dos criaturas, ya que está pendiente por determinarlo, “pero suponemos que fueron víctimas de abuso sexual”, acotó Talavera.

Mifamilia busca soluciones
END visitó la Comisaría de la Mujer, Niñez y Adolescencia de la Policía en Nueva Segovia, para consultar el caso a la subcomisionada Francis Valdivia Moreno, pero no se encontraba, no obstante, otra de las oficiales dijo que el caso aún era desconocido para esta oficina.  

Las jóvenes con discapacidad no identifican al abusador o a los abusadores porque no pueden hablar. “Flor” apenas balbucea las palabras “mamá” y “papá”, y revela su corta edad psíquica cuando se enrola con otras niñas pequeñas para jugar.

Mifamila llevó a la joven a un albergue para niñas y mujeres víctimas de violencia y abusos sexuales, mientras al bebé se le resguarda en un centro de Managua.

La funcionaria de esa entidad pública dijo que ya lograron una cita médica en el Hospital “Vivian Pellas” para que examinen las quemaduras que sufrió “Flor”, y determinen la posibilidad de realizarle una cirugía en el brazo.

Las autoridades enfrentan un verdadero desafío para resolver la tragedia en que está sumergida esta familia segoviana.