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El secuestro a migrantes es una práctica “sistemática” y “generalizada” en México, de la cual, cada seis meses, son víctimas alrededor de 10,000 centroamericanos que van en tránsito hacia Estados Unidos, y en el mismo período deja ganancias de hasta US$25 millones a los criminales.

Así lo revelaba en 2009 la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, CNDH, de México, citada en el “Cuaderno sobre secuestros de migrantes: dimensión, contexto y testimonios de la experiencia de la migración en tránsito por México”, y en el sitio web especializado en crimen organizado en América Latina, In Sight.

Sin embargo, a la fecha, la CNDH ha reportado anualmente un informe especial sobre el secuestro de migrantes en México, y en 2011 señaló que de abril a septiembre de 2010, según el testimonio de víctimas y testigos de hecho, hubo alrededor de 11,333 víctimas.

Respecto a la nacionalidad de las víctimas y testigos que brindaron su testimonio a la CNDH, dicho informe indica que el 44.3% se trata de hondureños, el 16.2% de salvadoreños, el 11.2% de guatemaltecos, el 10.6% de mexicanos, el 5% de cubanos, el 4.4% de nicaragüenses, el 1.6% de colombianos y el 0.5% de ecuatorianos.

Del total de testimonios recabados, el 15.7% corresponde a experiencias narradas por mujeres migrantes, agrega el informe.

Este tipo de información tomó relevancia en agosto de 2010 cuando se conoció del hallazgo de 72 cadáveres de migrantes en un rancho en el municipio de San Fernando, estado fronterizo de Tamaulipas, masacre que se atribuyó al cártel de Los Zetas.

El Cuaderno sobre Secuestro de Migrantes, CSM, recoge datos y testimonios sobre esta problemática en México, y entre los delitos que acompañan el secuestro menciona la desaparición forzosa, la tortura, el reclutamiento forzado para servir a grupos criminales y la trata de personas para explotación laboral y sexual.

En cuanto al reclutamiento forzado, por ejemplo, el CSM señala que, de acuerdo con los testimonios, “las personas migrantes son utilizadas para combatir frontalmente contra otros grupos del crimen organizado o contra las fuerzas federales”.

Entre los testimonios que recoge el CSM está el de tres nicaragüenses: Arturo Flores, de 37 años; Arturo Vázquez, de 57, y Pedro Vargas, de 53 años.

“Fui agredido y asaltado en las vías del tren en Chiapas, donde se veía de todo: mientras a unos nos asaltaban, otros eran secuestrados y las mujeres eran violadas”, dice parte del relato de Flores.