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Las lluvias han llegado y con ellas una preocupación invade las calles de Managua. Los vendedores ambulantes que a diario se toman las principales vías, semáforos, paradas de buses y mercados de la capital informaron no estar preparados para la temporada lluviosa.

Acampar un aguacero en el porche más cercano de una casa ajena, es la solución que tomarían varios comerciantes consultados por EL NUEVO DIARIO.

En el caso de José Figueroa, quien ayer vendía churros en los semáforos de El Paraisito, indicó que “uno anda por todos lados y no sabes dónde te va a agarrar el agua. Por lo menos aquí nos podemos meter allá”, afirmó mientras señalaba el porche de una casa que está a unos cuantos metros.

Carmen Chavarría, vende agua helada en el mismo lugar que José. Tiene 10 años de estar en el negocio y lo que más lamenta es que “nadie quiere comprar agua en este temporada”. Dice que “en un día bueno” hace de 100 a 120 córdobas, mientras que en un día lluvioso el ingreso es menor. Chavarría confesó que cuando llueva también se refugiara en el mismo lugar que José.

“Apenas me da para comprar el arroz y los frijoles, pensar en comprar un capote es imposible”, explica.

En 2008, el gobierno instaló en diversos puntos de la capital, decenas de casetas para que los trabajadores ambulantes se protegieran del sol y de la lluvia. Con el pasar del tiempo se han deteriorado y muchas están remendadas con mecates; otras han sido tomadas por los mismos vendedores para instalar sus negocios.

Para acampar un aguacero no son muy factibles, dicen los comerciantes. De la misma manera, indican que no hay capacidad pues el número de comerciantes ha aumentado en los últimos años.

Una de estas casetas está en los semáforos de Rubenia. Varios vendedores de la zona dijeron que ellos preferían pedir refugiarse en un restaurante cercano antes que la caseta. “Un señor que era coordinador, se la tomó con su gente y solo se meten ellos”, cuenta Francisco Ortiz, comerciante de aguacates.

Pese a que no hay cifras oficiales de cuántos vendedores ambulantes hay en las calles de Managua y todo el país, se estima que el negocio informal ha crecido en los últimos años por la falta de empleos. Este tipo de negocio mantiene a flote la economía de muchos hogares nicaragüenses.