Rafael Lara
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Nicaragua está entre los países con mayor desnutrición, no sólo en Centroamérica, sino a nivel de la región latina, nos asegura Eduardo Vallecillo Barberena, coordinador nacional del Grupo de Interés de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional, (Gissan).

“Somos el último país en Centroamérica en cuando a nutrición, compitiendo con la gravedad que viven algunas zonas indígenas de Guatemala, y en Latinoamérica en nivel de pobreza, somos el penúltimo país, Haití es el último”, señala el representante de Guisan.

“Con estas cifras estamos hablando de extrema pobreza con un 73 por ciento de la población nicaragüense viviendo con menos de 2 dólares al día. A inicios del año ya el representante del Banco Mundial decía que con la crisis de los precios Nicaragua llegaría a vivir su Apocalipsis, mientras nuestra apertura comercial se reduce a seguir importando más comida, haciendo que el 47 por ciento de nuestro consumo alimentario provenga del exterior, mucho de ello producto transgénico”.

Según un estudio de Gissan, en el consumo de la niñez y la adolescencia, los productos industrializados prácticamente han desplazado a los alimentos nacionales, prefiriéndose la comida rápida saborizada sobre nuestros granos básicos, o un jugo enlatado o una gaseosa, antes que un refresco natural.

Por lo tanto constataron que nuestra cultura alimentaria está siendo trastocada por el modelo impuesto por las transnacionales de los alimentos industriales.