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El poeta nicaragüense de 83 años de edad, Ernesto Cardenal, se presentó el jueves ante el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, Cenidh, para denunciar lo que calificó como un fallo judicial ''notoriamente injusto e ilegal'' al tiempo que reiteró que no cumplirá la orden de pagar los mil dólares de multa.

El lunes un juez revocó una sentencia absolutoria del 2005 a favor de Cardenal y lo encontró culpable del delito de injurias en la causa iniciada por el alemán Inmanuel Zerger, con quien el también sacerdote mantiene una disputa desde hace tres años por la propiedad de un centro turístico en una isla del Gran Lago de Nicaragua.

El poeta y antes ícono de la revolución sandinista, fue condenado a pagar una multa de unos mil dólares, que debe cancelar antes del mediodía del viernes o de lo contrario podría ir a la cárcel.

''Si me quieren echar preso en este sistema que hay ahora en Nicaragua, estoy listo para ir a la cárcel'', reiteró Cardenal al presentar su denuncia ante el Cenidh, un organismo no gubernamental y asegurar que el presidente Daniel Ortega está detrás de la sentencia del juez David Rojas.

La presidenta del Centro, Vilma Núnez, manifestó su compromiso de ''acompañarlo (a Cardenal) hasta el final para que se le haga verdadera justicia''.

El escritor también nicaragüense, Sergio Ramírez, leyó un mensaje de solidaridad para el poeta enviado por el conocido escritor portugués José Saramago, en el que aseguró que a Cardenal ''no le ha servido la ley porque la administra una justicia que se dejó corromper por los rencores y las envidias del poder''.

''Ernesto Cardenal, uno de los mas extraordinarios hombres que el sol calienta, ha sido víctima de la mala conciencia de un Daniel Ortega indigno de su propio pasado, incapaz ahora de reconocer la grandeza de alguien a quien hasta un Papa, en vano, intentó humillar'', expresó Saramago en su nota.

El escritor además le solicitó a Ortega ''que se mire en un espejo y me diga qué es lo que encontrará en él. Si le da vergüenza, al menos que tenga la valentía de pedir perdón. Si no lo pide, si no levanta la voz para clamar, él mismo, contra la condena de Ernesto Cardenal, sabremos que sus méritos humanos y políticos han caído a cero. Una vez más una revolución ha sido traicionada desde dentro''.