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Mantener las micropresas en óptimas condiciones y ejecutar obras no solo en la parte baja de la capital, son parte de los retos que deben asumir las administraciones municipales para disminuir el impacto destructivo por la velocidad de las corrientes que llegan a Managua, procedentes de zonas altas, y así mermar o terminar con las inundaciones, precisó Edmundo Zúñiga, expresidente de la Asociación Nicaragüense de Ingenieros y Arquitectos, ANIA.

El proyecto de mayor importancia que se debería incluir en el corto o en el mediano plazo, según indicó el ingeniero civil, es un plan integral de drenaje en la capital, porque esto ayudaría a controlar el torrente que baja del sur.

“Donde se inician los cauces es donde se debe aminorar la velocidad de las aguas. Si la velocidad es mayor de 2 metros por segundo, el daño es tremendo; inunda y destruye casas”, resaltó Zúñiga.

Sin embargo, el experto recordó que al problema físico de las obras hay que sumar el social, como la basura, la que al invadir el sistema de drenaje pluvial y alcantarillado sanitario de Managua facilita el colapso.

Micropresas: solución inmediata

Si bien según Zúñiga ya se ha hecho varios estudios de la vulnerabilidad de Managua, por ahora lo más rápido son las micropresas, pero precisó que si no se mantienen operando o el desarenado no se ejecuta en tiempo y forma, no habrá resultado alguno.

En los alrededores de la capital hay 17 micropresas, y otras tres se están construyendo en los sectores de Loma Linda y La Zacatera (bajo el nombre El Laurel), en el Distrito III, y en las cercanías del cauce 31 de Diciembre, en el Distrito VII.

“Hay que sacar continuamente lo que se acumula en las micropresas. Está bien lo que se está haciendo, pero es insuficiente, se requiere un plan integral”, refirió Zúñiga.

En el caso del cauce El Dorado, dijo que evidentemente hay un mal diseño, y siempre ha dado problemas ese lugar. No se puede obligar a que las aguas doblen, aseguró.

Controlar a urbanizadoras

Las nuevas conexiones de drenaje que se hacen, de acuerdo con el ingeniero, no toman en cuenta la capacidad del cauce, “si un cauce por ejemplo tiene capacidad para desalojar 10 o 20 metros cúbicos de agua por segundo, y me conectan más estructura, ahí es donde se está fallando”, indicó.

La revisión de las estructuras que se han ido conectando a los cauces es otro aspecto que se debe evaluar lo más pronto posible, pues las urbanizadoras se adhieren sin control alguno al cauce que encuentran, agregó Zúñiga.

A la Dirección de Urbanismo de la comuna le corresponde la regulación de los trabajos de las urbanizadoras, y es este ente el que debería exigir que las constructoras coloquen las estructuras necesarias.

La participación de los municipios al sur de la capital (Ticuantepe, El Crucero, Nindirí, La Concepción), que integran la Asociación de Municipios que integran la Cuenca Sur de Managua, Amusclan, tienen que trabajar obras en conjunto para mermar las inundaciones en la parte más baja, la capital, finalizó el ingeniero.

Zonas altas también colapsan

Una significativa obra de mitigación se ejecuta a la altura del kilómetro 22 1/2 de la carretera hacia El Crucero. La ingeniera Karen Molina, Directora Ejecutiva del Fondo de Mantenimiento Vial, Fomav, indicó que las lluvias habían causado erosión en los taludes de la carretera, lo que estaba poniendo en riesgo la vida de quienes transitan por ellos.

Son C$25 millones los que se destinaron para este proyecto, que consiste en rellenar con material selecto los puntos que están erosionados.

Según Molina, son 40,000 metros cúbicos de material selecto los que se están utilizando, y luego se sembrará Vetiver, que es una planta herbácea de rápido crecimiento, catalogada como una verdadera materia viva para controlar la erosión.

“Esta planta tiene la particularidad de estabilizar sus raíces, que penetran bastante profundo y estabilizan la tierra erosiva, también se está poniendo una malla resistente en los últimos 20 metros superiores que controla las erosiones. Más del 90% del trabajo está ejecutado”, agregó.

Uno de los trabajadores del proyecto indicó que lo primero que se hizo fue un muro seco de 200 metros en el fondo del abismo, además de una canaleta.

El muro de cierre --que es con el que se está frenando el deslizamiento de la tierra-- tiene 55 metros de ancho y ocho metros de longitud.

“Se está trabajando desde hace cuatro meses, se comenzó en la parte baja”, declaró el trabajador. En 2011 las escorrentías ocasionaron un derrumbe de consideración en la zona.