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“Al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable”. Con esta frase del escritor uruguayo Eduardo Galeano, desde el año 2003 la Asociación Merienda y Zapatos acompaña a estudiantes de primaria, secundaria y más recientemente a universitarios que, por razones de pobreza y por ser migrantes, especialmente nicaragüenses, sufren una exclusión en los sistemas educativos formales de Costa Rica.

En el año 2011, la asociación logró avances significativos al ofrecer apoyo a 25 niñas, niños y jóvenes de diversas comunidades del país, como La Carpio, Granadilla Norte de Curridabat, El Triángulo de Solidaridad de Tibás, Rincón Grande de Pavas, Barrio Nuevo de Zapote y zonas alejadas como Pérez Zeledón y Aguas Zarcas, de San Carlos.

Entre las necesidades que el programa cubre a los jóvenes estudiantes está la compra de útiles y uniformes; entrega de becas mensuales de 13,000 colones (unos cinco mil córdobas) para primaria, y 16,000 colones para secundaria; seguimiento al rendimiento escolar y apoyo en tutorías para reforzar materias, así como la entrega de los pasajes de bus para asistir a las sesiones en la sede del Servicio Jesuita para Migrantes, situada en Lourdes de Montes de Oca, al este de San José.

Ticos solidarios

La mayor parte de los recursos proviene de contribuciones generosas de personal de la Universidad de Costa Rica, UCR, y de algunas empresas, además de donaciones individuales periódicas de costarricenses que solidariamente han apoyado esta iniciativa. También colaboran familiares de los grupos participantes del programa.

Gracias a estas contribuciones, en 2011 inició la asesoría académica a niños y jóvenes a través de tutorías realizadas por estudiantes universitarios. Dos jóvenes universitarias, por ejemplo, presentaron una propuesta para el programa al Fondo Concursable de la Vicerrectoría de Acción Social de la UCR, logrando ser seleccionada, y con ello mejoraron las posibilidades del programa para este año.

El profesor Carlos Sandoval, del Instituto de Investigación Social de la UCR y miembro de la Asociación, dijo que “la idea es construir una red de solidaridad entre familias costarricenses y nicaragüenses; trabajamos con niñas, niños y adolescentes para que no abandonen la educación formal. Se les da apoyo económico a través de becas y apoyo educativo con tutorías”.

“Actualmente alrededor de treinta niños vienen todos los sábados. El programa se mantiene gracias a la cuota voluntaria de personas que mes a mes autorizan una parte de su salario para el programa. Somos una asociación con su debida cédula jurídica, y aceptamos no solo ayudas económicas, sino todo lo que tenga que ver con logística como libros, lápices, cuadernos, además de profesores dispuestos a brindar sus conocimientos”, enfatiza Sandoval.

Convención protege educación de niños migrantes

“El Estado costarricense es signatario de la Convención Internacional de los Derechos del Niño. Sobre la Convención no puede pasar ninguna otra ley. Además, el Código de la Niñez y la Adolescencia estipula que todo niño o niña tiene derecho a la educación, independientemente de su condición migratoria. Por tanto, la exclusión de niños migrantes en situación irregular es un tema delicado a debatir”, observa Sandoval.

“Otro tema importante es que hay muchos niños hijos de migrantes, pero que son costarricenses por nacer aquí, y a quienes el Estado no da un adecuado seguimiento. No basta con ayudas económicas, sino que se requiere un reforzamiento extra clases de estudio para que los escolares puedan lograr ganar sus estudios”, señala el académico.

Esfuerzos recompensados y retos futuros

Según el Informe 2010 sobre logros y retos que la Asociación se trazó para 2011, los resultados fueron alentadores. Se elevó el número de estudiantes, pero está el reto de cómo incidir en los que no aprueban el año escolar.

Por ello, la Asociación busca apoyo con el Instituto Nacional de Aprendizaje, INA, una institución de estudios técnicos vocacionales, pero que no acepta estudiantes extranjeros en condición irregular.

Aunque la Asociación ha logrado parcialmente conseguir los documentos de identificación y regularización para algunos estudiantes, hay otros que aún no los poseen.

Un logro importante fue la conformación de un equipo de trabajo con estudiantes de la Universidad de Costa Rica, el cual laboró en forma voluntaria durante 6 meses, logrando dar clases durante todos los sábados. Incluso, algunas veces se ofrecieron clases de lunes a viernes.

Próximamente, la Asociación espera llevar a cabo un programa de formación y alfabetización para padres y madres, además de atender a tiempo las dificultades en el rendimiento escolar de los estudiantes.

Algunos datos del programa

25 becas mensuales durante 10 meses tienen un costo aproximado de 8,000 dólares anuales. A ello se suma el apoyo de entrada a clases (zapatos, uniformes y útiles escolares) que representa una inversión de unos 1,500 dólares.

La Asociación espera continuar con la labor de consecución de fondos, consolidar el programa de tutorías y avanzar en el proceso de documentación de estudiantes, sobre todo porque muchos son adolescentes próximos a cumplir los 18 años, con lo cual la documentación se vuelve más difícil.

Del total de niños, niñas y adolescentes que la Asociación apoyó a lo largo del año 2011, dieciocho son nicaragüenses y hondureños, además de siete costarricenses. Como dato interesante, una de las niñas nicaragüenses, Lorna, habla el miskito aborigen de sus padres como su primera lengua.

Si usted quiere colaborar con Asociación Merienda y Zapatos, su correo electrónico es meriendazapatos@gmail.com

Una historia de valentía

Yolanda Rayo Avilés, una de las estudiantes que desde los inicios formó parte de la Asociación, falleció este año. Yolanda padecía retinosis pigmentaria, pero ello no fue obstáculo para que egresara de la secundaria y presentara los exámenes de bachillerato.

Inició estudios de inglés en la Universidad de Costa Rica, y posteriormente se trasladó a la Escuela de Orientación y Enseñanza Especial. En 2010 se le diagnosticó un cáncer, y si bien continuó con estoicismo sus estudios hasta las últimas semanas, al final el dolor fue más fuerte y su esfuerzo se fue apagando.

Durante su padecimiento se le apoyó con una ayuda extraordinaria para gastos médicos y personales, aportada por un integrante de la Asociación, que proyecta consolidar una beca que lleve el nombre de Yolanda y que sea otorgada a una persona sobresaliente en términos de méritos personales, familiares y académicos.

Otro caso

Otro caso que requirió tratamiento especial en 2011 fue el de Claudia Ordóñez, madre de la pequeña Yahaira, a quien se le apoyó en el proceso de documentación, debido a que su esposo requirió un trasplante de riñón.

Se apoyó a la familia de Ordóñez con el alquiler de un pequeño apartamento para la recuperación de su esposo, luego del trasplante de riñón al que fue sometido. Además se le ayudó a cancelar un monto adeudado por el derecho de posesión de la vivienda que habitan.

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