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El “sueño americano” de Erict Uriel Vásquez Moreno, oriundo de Quilalí, Nueva Segovia, resultó truncado el pasado 4 de mayo, cuando agentes de Migración de los Estados Unidos llegaron a la puerta de su casa, en la localidad de Chelsea, en Boston, exigiendo que les presentara documentos de identificación.

De acuerdo con el testimonio de su esposa, la salvadoreña María Martínez, quien lleva más de cuatro años conviviendo con el nicaragüense, cuatro oficiales del Departamento de Inmigración y Aduana (ICE, por sus siglas en inglés) llegaron ese día y le preguntaron si era ciudadano estadounidense.

Vásquez les respondió que no, por tanto, los agentes de Migración procedieron inmediatamente a solicitarle documentos que probaran su estatus migratorio, pero al comprobar que estaba indocumentado, los agentes federales se introdujeron en la vivienda, lo esposaron, y requisaron toda la casa, encontrando dormido al hermano de la esposa del nicaragüense, María Martínez, a quien también arrestaron de inmediato por carecer de documentos migratorios.

La esposa de este se encontraba trabajando esa mañana, en la panadería donde ambos laboran.

Su madre y sus hijos dependen de él

Una vez recluido en la cárcel de Plymouth, Massachusetts, Vásquez pidió que le permitieran comunicarse con su esposa, ya que ella es el único familiar que tiene en los Estados Unidos, donde reside desde 2007, año en que llegó desde Quilalí. Sin embargo, se negaron, y ante su insistencia, las autoridades decidieron “castigarlo”, metiéndolo a un cuarto frío por varias horas.

“Él les suplicó a los agentes de Migración que le permitieran llamar a su casa para informar lo que estaba pasando, pero estos no le hicieron caso. Luego se angustió, porque se sentía desesperado por estar encarcelado sin haber cometido ningún delito, pero lo que hicieron los oficiales fue desnudarlo y meterlo en un cuarto frío para que dejara de reclamar por sus derechos”, relató su esposa.

Después de encerrarlo en el cuarto frío, los oficiales de Migración lo mandaron con una sicóloga para que lo evaluara. Tanto la sicóloga como la abogada que su esposa logró contratar para que lo represente, no se explican por qué los oficiales federales actuaron de esa forma irracional.

“Yo estoy desesperada, no sé qué hacer, mi hermano y mi esposo eran los que pagaban el alquiler y la comida de la casa, ahora todo me toca a mí sola y la renta del apartamento suma US$1,200 mensuales”, dijo Martínez.

Además, “mi esposo es el único soporte económico que tiene su familia en Nicaragua, su mamá (Petronila Moreno Ruiz) se encuentra muy enferma desde que todo esto está pasando, lo único que me queda de él son sus fotos y dos camisas típicas que le mandaron de Nicaragua”, agregó.

Vásquez se encuentra a la espera del buen trabajo que pueda realizar su abogada ante un juez de Migración para que lo dejen libre, de lo contrario, no podrá continuar ayudando económicamente a sus tres hijos, a sus dos hermanos y a su progenitora, quienes dependen económicamente de la ayuda que él manda.

Sin embargo, hasta el momento se desconoce cuándo será el juicio y cuál será la suerte que correrá el nicaragüense que viajó desde Quilalí en busca del “sueño americano”.