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Abatido por la situación en la que se encuentra, acusado por un doble homicidio, el suboficial de la Policía Nacional, Eddy Saúl López Martínez, lloró ante el juez suplente Noveno Distrito Penal de Audiencia de la capital, Rolando Morán Pozo.

López Martínez, quien no tuvo abogado defensor en la audiencia preliminar, no pudo impedir que las lágrimas le humedecieran sus mejillas al escuchar la acusación que presentó el Ministerio Público.

La ausencia de abogado defensor en la audiencia preliminar no causa la nulidad del proceso, según lo establecido en el Código Procesal Penal, CPP. La defensa del policía la asumirá la Defensoría Pública en la audiencia inicial.

Al patrullero, el Ministerio Público le atribuye el doble crimen acontecido la madrugada del pasado lunes en el kilómetro 6 y medio de la Carretera Norte, donde perdieron la vida los motociclistas Izacar Elías Carvajal Pond, de 19 años, y Jorge Ulises Oporta Pérez, de 17.

Carvajal Pond era originario de Bluefields, donde hoy recibirá cristiana sepultura, dijo a El Nuevo Diario una amiga de la víctima, que habita en un barrio del Distrito VI de Managua.

Ulises Oporta Pérez, el otro fallecido, fue sepultado el pasado miércoles, y era hijo único del señor Daniel Oporta, con quien vivía en el barrio Villa Reconciliación, porque su mamá está en España desde hace tres meses, país a donde viajó en busca de un empleo para mejorar la situación económica de la familia.

El doble homicidio tuvo como antesala una persecución de casi 15 minutos, que inició en la entrada a la Colonia Villa Fraternidad, a eso de las 2:15 am del lunes, y concluyó minutos más tarde frente a los laboratorios Cefa, Según la Fiscalía.

Regresó al sitio del crimen

López Martínez, luego de herir de bala mortalmente por la espalda, con su arma de reglamento, a los dos amigos que viajaban en una motocicleta, ordenó a Alfonso Lenin Ruiz, chofer de la patrulla, detener la marcha de esta a la altura de los semáforos de la empresa Kativo, refiere la acusación.

Acto seguido, el policía se dirigió al lugar donde quedaron los cadáveres sobre el pavimento, y luego de constatar que estaban muertos ordenó a Ruiz marcharse del sitio, según el extenso del libelo acusatorio.

La bala disparada por López Martínez con su arma de reglamento, una pistola Bersa, calibre nueve milímetros, mató a los dos amigos, pues el proyectil luego de atravesar el cuerpo de Oporta Pérez se alojó en la humanidad de Carvajal Pond, quien manejaba la motocicleta, se explica en la acusación.

En un peritaje de balística hecho en el Laboratorio Central de Criminalística de la Policía, se señala que por el ángulo de tiro y la trayectoria de la bala, “es imposible que otra persona haya disparado”.

Este peritaje fue vital para establecer que ni el chofer de la patulla, Alfonso Ruiz, ni la estudiante de la Academia de Policía “Walter Mendoza”, Ingrid Rodríguez García, quien viajaba en el asiento trasero de la patrulla --una camioneta-- dispararon con las armas que portaban.

Como testigos presenciales del doble homicidio, el Ministerio Público propuso a Ruiz y a Rodríguez, además del vigilante de una empresa, quien observó el momento del fatal incidente.