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La bala disparada la madrugada del lunes por el suboficial de la Policía Nacional, Eddy Saúl Martínez López, no solo apagó la vida de dos jóvenes, sino que también terminó con la ilusión de un padre de desfilar sobre alfombra roja junto a su hijo el día de su bachillerato.

Las víctimas mortales de esta tragedia, ocurrida a la altura del kilómetro seis y medio de la Carretera Norte, son Izacar Elías Carvajal Pond, de 19 años, y Jorge Ulises Oporta Pérez, de 17.

El hecho sangriento le cambió la vida a la familia de los dos jóvenes, y también a la del patrullero Martínez, porque cinco días después de la desgracia, su familia también está conmocionada al igual que sus compañeros policías, quienes incluso han derramado lágrimas.

Con la voz hecha un nudo, los ojos enrojecidos y las mejillas humedecidas por el llanto, José Daniel Oporta Castillo narra cómo la inesperada muerte de su hijo terminó con los planes de su familia.

“Todo se acabó en un momento”, dijo Oporta Castillo, quien después de la tragedia ha quedado solo en la casa que habitaba con su único hijo en Villa Reconciliación.

Oporta, quien interrumpió en varias ocasiones su relato para desahogarse llorando por la pérdida de su vástago, expresó que desde hace seis meses solo contaba con la compañía de su hijo.

“Yo vivía solo con mi hijo, porque su mamá, que es mi esposa, Juana Pérez Espinoza, se fue a España en busca de un empleo para mejorar la casa y ayudarle a nuestro hijo”, explicó el apesarado padre.

Oporta relató que la última vez que miró con vida a su hijo fue a eso de las ocho de la noche del domingo, cuando el joven salió de la casa luego de haberle pedido permiso para visitar a una joven.

Ulises Oporta Pérez, además de estudiar el quinto año de secundaria los sábados, en el Instituto Maestro Gabriel, de lunes a viernes cursaba estudios de mecánica automotriz en el Instituto Técnico Cecna.

Madre destrozada

El hombre de 52 años, quien asegura que solo pide fuerzas a Dios para poder sostenerse en pie ante la tragedia, recuerda cómo todos los mediodías esperaba con alegría el regreso de su muchacho de las clases de mecánica.

“Al mediodía o a la una de la tarde me parece que voy a ver entrar a mi hijo por esa puerta y poder saludarlo, y decirle que está listo el almuerzo”, relató Oporta.

Oporta Castillo, quien se enteró de la muerte por los vecinos que le avisaron vía telefónica a eso de las ocho de la noche del lunes, resiente que ese día cuando se presentó a la Estación Seis de Policía a preguntar por su hijo no le dieron razón de él, pese a que fueron los primeros en llegar a la escena del crimen.

Para el hombre de 52 años, uno de los momentos más duros fue cuando se comunicó vía telefónica con su esposa y tuvo que confirmarle que había sucedido una tragedia, porque nadie de la familia había querido comunicárselo.

“Ese fue un momento duro para decirle la verdad a mi esposa… Mirá, amor, sucedió una desgracia… Ella quedó deshecha, porque estando tan lejos no pudo venir al entierro”, dijo.

Mientras este hombre busca fortaleza para soportar la muerte de su hijo en un barrio costero de la capital, los familiares del policía Martínez López evitan contacto con el mundo exterior, y no aceptan hablar del tema con periodistas.