•   Totogalpa, Madriz, Nicaragua  |
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Un mural del Centro de Salud de Totogalpa, en el departamento de Madriz, confirma que aquí se está librando una batalla comunal contra dos especies de chinches, la Triatoma dimidiata y la Rodnios prolixus, precursoras de la grave y peligrosa enfermedad conocida como “mal de Chagas”. Una batalla que se sintetiza en el lema: “Sin chinches, no hay Chagas”.

En el mural hay dos destacados dibujos de las peligrosas chinches y una exhortativa dirigida a la población local: “Captúralo, el chinche mata”. También hay unas tablas que informan sobre las capturas de chinches por parte de los pobladores de las diferentes comarcas.

El registro está desde enero de este año, pero es partir de febrero que las comunidades comenzaron a entregar los insectos capturados. En ese mes, un total de cuatro insectos, 11 en marzo, seis en abril y siete en mayo.

La presencia de la Triatoma dimidiata sobresale en las comarcas de Matasano, en cuatro de las 63 viviendas; en cinco de 136 viviendas en Quebrada Grande; en tres de 55 casas en Mojón No. 1, y en dos viviendas de las 64 de la comarca Mojón No. 2.

Niños las atrapan para llevarlas a la maestra

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En la zona de El Cuje, a unos 20 kilómetros de la cabecera municipal, no había terminado de preguntarle sobre la presencia de la chinche chupadora de sangre humana y animal, que transmite el parásito Trypanosoma cruzi, cuando Yáder López González, de 9 años, salió corriendo hacia unos matorrales cercanos a su vivienda y regresó luego con una bolsa plástica donde mantenía encerrados dos insectos de color café oscuro.

“Los agarré en la milpa, porque nos ha dicho la maestra que los llevemos a la escuela”, dijo sonriente el pequeño, quien estaba acompañado de dos hermanitos y una hermanita. Al preguntarle qué sabía sobre esos insectos, Yáder explicó que chupan sangre y producen una enfermedad que mata a la gente.

Su madre Rosario López recordó que hace muchos años su padre --quien ya falleció-- bajó todo el techo de paja con que cubría la casa y lo quemó, porque estaba cargado de chinches.

“Ese animal tenía a toda la familia, mire, palidita. Por eso no me gustan las casas de zacate y embarilladas (de taquezal) porque de ahí vienen las chinches y otras cosas más”, comentó.

Ella vive en la comarca El Mojón No. 1, en una casa de adobe que su marido le construyó. Al igual que ella, casi todos habitantes en las comarcas Cujilica, Mojón No. 1 y 2, en El Matasano y Quebrada Grande, que conforman la zona de El Cuje, en el departamento de Madriz, están informados sobre la presencia de esta chinche y sobre el “mal de Chagas” que transmite.

El Cuje dista unos 20 kilómetros al este de la cabecera municipal y es uno de los territorios más afectados por el “mal de Chagas”, debido a la proliferación de la chinche Triatoma dimidiata.

Para llegar a sus comunidades, con sus casas dispersas sobre una topografía irregular, hay que transitar por diferentes ramales de caminos con acceso para automotores, algunos son trochas y caminos vecinales.

Un mal silencioso en el cuerpo

Lo curioso, según María Eudocia Zamora Carazo, es que el “mal de Chagas” lo puede padecer la gente sin que se dé cuenta, es decir que el paciente vive sin molestias, pero tiempo después puede morir hasta del corazón.

Relató que dos niñas de 11 y 13 años, y un varón de 9 años, ahora en edades de 19, 22 y 17, respectivamente, resultaron con el parásito en un examen que les practicó una brigada de Médicos Sin Fronteras.

“Nos llevaron a Somoto y nos dieron un tratamiento (fármaco) por tres meses. Mis chavalas se veían normales, no padecían de nada. Me sentí triste, porque nos dijeron que esa enfermedad (Chagas) mata rápido, pero al mismo tiempo le pedí a Dios que cambiara las cosas. A través de las medicinas y con la fe, no pasaron a más”, expresó.

Añade que el tratamiento también afectó a una de sus hijas, provocándole una alergia en la piel, que la tuvo hospitalizada cuatro días en Somoto.

Médicos que nos “abrieron los ojos”

Los habitantes de estas comarcas marginales de Totogalpa, repiten el nombre de Médicos Sin Fronteras, a quienes les agradecen por “abrirles los ojos” para reconocer la realidad sobre esta enfermedad.

“Gracias a ellos es que nos dimos cuenta de que esas chinches eran malas. Cuando era una chigüina, las miraba en la casa y no les hacíamos caso. Mi papá guardaba el maíz en trojas y de allí salían esos insectos, que los mataba con un veneno que llamaban DDT”, afirma.

José Víctor López González, en su calidad de promotor de salud en la comarca El Matasano, visita con otros brigadistas las 70 casas de la comarca, para recordarles las medidas de higiene en el hogar y prevenir el accionar de las chinches.

“Les hemos dicho a las familias que capturen las chinches que encuentren en su casa, las agarren vivas, las metan en una bolsa para llevarlas al Centro de Salud. De ahí las mandan al laboratorio para saber si tienen el mal”, explica con una cartulina en la mano, donde están graficadas las diferentes fases de desarrollo del insecto, tanto del Triatoma dimidiata como del Rodnios prolixus, de vida más silvestre y más escasa.

Demandan viviendas

Agrega que en la comunidad la demanda histórica es el mejoramiento de las viviendas. Más de la mitad de las casas de la comunidad, unas 35, son de (taquezal) y muchas tapadas con plástico.

Por su parte el joven Eliécer Daniel Aguilar Carazo, de 17 años, dijo que las comunidades requieren de fumigación casera para exterminar al insecto. Desde hace dos años no se fumiga ni para controlar los zancudos, y su esperanza en ese sentido está relacionada con la cooperación japonesa.

Remarcó que la presencia del insecto se da “por la pobreza de las familias, porque carecen de recursos para mejorar sus casas. Las hacen siempre de paja y taquezal, y la gente tiene la costumbre de dormir en cualquier parte y eso expone a las personas a ser picadas por la chinche”.

Tanto López González como los demás habitantes entrevistados por El Nuevo Diario, respondieron que los programas de viviendas no han llegado a sus comarcas. “La Alcaldía ha entregado a algunas familias 10 láminas de zinc, pero eso no previene del todo la presencia de las chiches, porque siempre están las paredes de taquezal. Nuestra demanda principal es vivienda”, expresó.

Reconocieron que Médicos Sin Fronteras, conscientes del mal endémico que padecen en la zona, les apoyó en el repellado de las casas de adobe. El Instituto de Promoción Humana, Inprhu, construyó hace unos años un total de 20 viviendas completas de adobe, con paredes repelladas y piso embaldosado.

Autoridades no brindan información

Este corresponsal de END visitó el Centro de Salud de Totogalpa para obtener más información, pero se nos dijo que el director, Benito Blanco, no se encontraba.

También se visitó la Alcaldía para recopilar información sobre programas de viviendas, pero el edil Melvin López solo mandó a decir a este corresponsal, que se encontraba en una reunión.