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“Machetazos para finiquitar enemistad”, “Por enemistad dieron muerte a jovencito”, “Enemistad de hijos, crimen entre padres”, etc... Noticias como estas abundan en los diferentes medios de comunicación, y su elemento común es la “enemistad”.

Existen estadísticas de organismos internacionales que establecen el factor “enemistad” como una de las principales causas de violencia en algunas sociedades.

Para que haya enemistad debe existir o haber existido una relación, un vínculo entre dos o más personas, que debido a diferencias y/o conflictos no resueltos adecuada y oportunamente, al inicio toman la forma de resentimiento, luego pasan por el rencor, hasta llegar al odio.

Es doloroso ver cómo se autodestruyen las personas cuando están atrapadas por el odio y la envidia, cómo son capaces de lesionar física y moralmente al prójimo cuando son prisioneros de esos grotescos representantes de la maldad.

Hay quienes se aferran a creencias tales como: “Árbol que crece torcido, no se endereza”, sin embargo, queremos decirles que hay esperanza. La solución está en el Maestro del Amor, Él dice: “No se adapten a las cosas de este mundo, transfórmense mediante la renovación del entendimiento, para que conozcan la perfecta y agradable voluntad de Dios para sus vidas”. (Romanos 12:2)

El Maestro del Amor puede y quiere trasplantar de su amor al corazón suyo y al mío, para que disfrutemos el milagro de la vida, la vida que Él nos da.

Él quiere que seamos verdaderamente libres, que nunca más seamos esclavos de la enemistad, del odio, de la envidia, de la violencia. Por el contrario, su anhelo es vernos vivir en paz y armonía.

Él entrega en nuestras manos la llave maestra para lograrlo, esa llave es el perdón. Él nos exhorta, diciendo: “Vístanse, como escogidos de Dios, de abundante misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; siendo tolerantes unos con otros, y perdonándose unos a otros”. (Colosenses 3:13)

Jesucristo, El Maestro del Amor, no se limita a decirnos qué hacer, sino que como el Padre que es, nos enseña con su ejemplo.

En los últimos momentos de su vida terrenal, intercedió por sus asesinos, diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. (Lucas 23:24)

El doctor Augusto Cury, en su magistral obra “El Maestro del Amor”, refiriéndose a Jesucristo, dice: “Fue el único que disculpó a los seres humanos indisculpables, mientras moría agonizando.

Fue el único que abrió todas las ventanas de su mente, cuando solo era posible reaccionar por instinto animal.

Él habló palabras inefables, a pesar de que su boca estaba llena de edemas y sangrando”.

Apreciada amiga, apreciado amigo, apropiémonos de la oportunidad que nos ofrece Jesús, para que tengamos una vida verdaderamente libre, ahí donde usted esté, dígale: Jesús mío, te invito a entrar en mi corazón, quiero tener de ese amor suyo, quiero de esa humildad, de esa mansedumbre, de esa paciencia, enséñeme a perdonar y a pedir perdón, a saber ser amigo(a), buen ciudadano(a), buen padre, buen(a) esposo(a), buen(a) hijo(a).

 

Para mayor información sobre El Taller del Maestro, puede escribirnos al correo electrónico: crecetdm@gmail.com