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  • Tomado de Confidencial

El Ministerio de Salud, Minsa, mantiene su hermetismo sobre el Mal de Chagas. Una semana después de que este Semanario publicó un reportaje sobre la prevalencia de la enfermedad en las comunidades montañosas del norte del país, las autoridades del Ministerio no dan información sobre la situación del Chagas, y más bien acusaron a Confidencial de publicar información “falsa” sobre este mal, que, según científicos que lo han estudiado durante décadas, podría afectar a entre 70,000 y 120,000 nicaragüenses.

Confidencial solicitó información al MINSA, en Managua, usando la Ley de Acceso a la Información Pública, para saber cuántos casos de enfermos de Chagas registra la institución en todo el país, así como la respuesta de las autoridades en la entrega de medicinas y campañas de prevención.

Hasta el cierre de esta edición no había una respuesta de la institución, y su directora de Relaciones Públicas, Vilma Areas, quien además es diputada suplente por el FSLN, reaccionó airada ante nuestras consultas, acusando a este Semanario de inventar la información publicada sobre la prevalencia del Mal de Chagas en las regiones del norte del país.

“No tengo respuesta todavía. Depende de la persona que tiene que tomar las decisiones (pero) la mayoría de la información que publicaron es falsa”, dijo Areas por teléfono. Luego colgó sin dar más explicaciones sobre nuestra solicitud.

Confidencial visitó comunidades remotas de los departamentos de Madriz y Nueva Segovia, donde encargados de puestos de salud locales advirtieron sobre la confirmación de casos de Mal de Chagas y la presencia de chinches, que son los principales transmisores de la enfermedad. Estos insectos pican a los humanos, infectándolos con el parásito conocido por los científicos como Trypanosoma cruzi, que se aloja principalmente en las células del corazón, por lo que puede ser mortal, pero también puede causar afecciones en el esófago y colon.

Eliminado un chinche, pero continúa amenaza

En Centroamérica este parásito es transmitido a los humanos por dos tipos de chinches: el Rhodnius prolixus, un insecto proveniente del sur del continente, y el Triatoma dimidiata, endémico de la región. La semana pasada, la agencia EFE publicó un despacho noticioso citando fuentes científicas que afirmaban que el Rhodnius prolixus, responsable del 60% de las infecciones de Chagas, había sido eliminado en Centroamérica.

Chagas, sin embargo, sigue siendo una amenaza latente para Nicaragua y para la región. En el país todavía está presente el chinche conocido como Triatoma dimidiata, que se puede encontrar en las zonas montañosas del norte, pero también en las poblaciones del Pacífico. Este insecto, como es endémico de la zona, es de difícil eliminación.

“Viven dentro de las casas y afuera de éstas, en gallineros, chiqueros y también en las selvas y cuevas. Aunque trabajamos la vivienda de humanos, pueden regresar siempre”, dijo a Confidencial Ken Hashimoto, asesor regional del Proyecto de la Enfermedad de Chagas de la Cooperación Japonesa, JICA.

Evitar “triunfalismo irresponsable”

Si bien el anuncio de la eliminación del Rhodnius prolixus es una buena noticia para la región, científicos como el doctor Jorge Huete, Director del Centro de Biología Molecular de la Universidad Centroamericana, UCA, advierte que se debe tomar con prudencia. Huete ha investigado durante 20 años el Mal de Chagas, y junto a investigadores de Estados Unidos y de Europa trabaja para hallar una medicina eficaz contra le enfermedad.

“Tiene lógica que al controlar o eliminar este vector se estaría controlando a la vez la transmisión de la enfermedad en gran medida. Pero no se puede hablar de eliminación completa, porque en Centroamérica (a diferencia del Cono Sur) hay otros vectores. Además, porque se sabe que los vectores crean fácilmente resistencia a los insecticidas usados comúnmente. La transmisión por Rhodnius prolixus cubre cerca del 60% de los casos, significando que aún quedaría latente la transmisión por otros insectos. Ignorar este elemento es triunfalismo irresponsable”, dijo Huete en consulta por correo electrónico desde la Universidad de Rice, en Houston, donde actualmente se encuentra.

La erradicación del Triatoma dimidiata es una de las metas de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Solo en Guatemala se calcula que hay 250,000 enfermos de Chagas, mientras que en Nicaragua los científicos afirman que podría haber entre 70,000 y 120,000 enfermos, con un nivel de infestación de 3,000 personas por año. En América Latina se calculan en 10 millones los afectados, y anualmente mueren más de 10,000, según cálculos de la OMS.

En 2003, la UNAN-León realizó un estudio hospitalario en el Hospital Escuela “Óscar Danilo Rosales Argüello” Heodra, el principal hospital de occidente. Se estudiaron 151 casos de pacientes con insuficiencia cardiaca, y las pruebas realizadas demostraron que el 24.5% de esos pacientes estaba enfermo de Chagas.

“Como la enfermedad de Chagas afecta sobre todo a personas pobres de países en desarrollo, las inversiones en diagnóstico y tratamiento han sido escasas, a pesar de que la enfermedad se ha investigado de forma intensiva”, aseguró la OMS en un boletín oficial.

Entre esos pobres afectados está Dilce Carmen Pérez, de 31 años, quien vive en un remoto caserío cerca de la comunidad de San Antonio, en Mozonte, Nueva Segovia. Dilce tiene seis hijos, el último de los cuales cumplirá a mediados de julio un mes de nacido. Fue cuando estaba embarazada de este niño que le diagnosticaron Mal de Chagas.

“Me sorprendió porque dicen que esa enfermedad es mala”, dijo Dilce, rodeada de sus hijos, en la pequeña casa de adobe que es un refugio perfecto para los transmisores de Chagas. “Me habían dicho del Chagas, pero no sabía que se le pegaba a uno”, aseguró la mujer.

La casa de Dilce es una pequeña construcción de adobe ubicada en un terreno peleado a los bosques de esta zona montañosa. La casa es un cuarto oscuro y húmedo, sin más muebles que camas desahuciadas cubiertas con viejos colchones, donde se acomodan Dilce, su esposo e hijos. No hay electricidad. No hay agua potable. Las camas están colocadas al lado de las paredes de adobe, cuyas grietas son ideales para alojar a los chinches. Dilce asegura que su casa no ha sido fumigada, por lo que el insecto es una amenaza para su familia. Ella no sabe si sus hijos y su esposo sufren la enfermedad.

La tarde que la visitamos, ella cuidaba a su bebé, que dormía dentro de la oscura casa de adobe. Técnicos del JICA inspeccionaron el hogar, y en las grietas de las paredes encontraron pequeñas manchas blancas que podrían ser defecaciones de chinche, por lo que advirtieron a Dilce y a su familia. La atención de los técnicos estuvo, sin embargo, en el bebé de la mujer, que puede padecer la enfermedad.

Transmisión de madre a hijo

La transmisión congénita del Mal de Chagas es uno de los principales retos que enfrentan las autoridades sanitarias del país. La enfermedad se transmite de madre a hijos, por lo que la amenaza de que el mal se expanda más, es una de las preocupaciones de los científicos, que temen menos al insecto transmisor que a la deficiencia del sistema de salud pública para detectar a los enfermos y asegurarles tratamiento.

“Dado que no se están atendiendo a los pacientes infectados, esto echa por el piso cualquier progreso por el lado del control de vectores”, dijo el doctor Huete. “Una vez lograda la discontinuidad de la transmisión, el problema central se enfocaría en la transmisión materna (madre-hijo). Dada la falta de medicamentos, esto amenaza con la transmisión a las nuevas generaciones de jóvenes que, de regresar los vectores, podrían estos infectarse con los jóvenes contagiados, conllevando a un ciclo de nunca acabar. En otras palabras, de nada sirve una cosa sin la otra, y allí radica la necesidad de un plan integral de acción”, agregó el experto.

Ocho casos confirmados en San Antonio, Mozonte

Cuando Dilce necesita atención médica acude al pequeño puesto de salud de San Antonio, un pabellón de dos habitaciones donde Aileen Carrasco cumple su segundo año de servicio social. Es una mujer joven, enérgica, de hermosos ojos azules. La joven médica afirmó que en San Antonio se han confirmado ocho casos de enfermos con Chagas. Una cantidad importante, aseguró, por lo que desde el puesto de salud han comenzado una campaña de captura de chinches, pidiendo a los vecinos que los entreguen en bolsas, apuntando el lugar de la casa donde los capturaron.

“A nivel del municipio de Mozonte, San Antonio es el que tiene más casos, por eso lo consideramos importante, porque hay una gran incidencia”, aseguró Carrasco, originaria de Estelí.

“El riesgo es que si hay un caso positivo en una casa hay que investigar a todos. Son ocho casos confirmados, póngale que es una persona afectada en cada casa. Si son ocho casas, y en cada una viven por lo menos de 12 a 15 personas, son varias las que están en riesgo”, explicó la médica.

La apertura de los encargados de los puestos de salud en las remotas zonas del país contrasta con la cerrazón de las autoridades del Minsa. Mientras en Managua la burocracia y la cerrazón oficial impiden conocer los datos públicos sobre el Mal de Chagas, Dilce Pérez espera de esas autoridades una respuesta al mal que la aflige. La tarde que la visitamos, la mujer despertaba a su bebé para amamantarlo. A su lado, su esposo, agricultor, y sus otros hijos, correteaban en el patio de la pequeña vivienda de adobe.

“Me dijeron que me tenía que ir a hacer unos exámenes, pero como estaba embarazada no podía tomar nada de medicamentos. Me dijeron que me van a llevar donde un especialista. Me pusieron cita en el hospital para que vaya a Ocotal, a la consulta interna. No me han dado medicamento para la enfermedad”, aseguró Dilce. “Al niño me le hicieron exámenes, pero no me dieron resultados. No sé si está enfermo”, concluyó la mujer.

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