Jorge Eduardo Arellano
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Querido Ernesto, hermano, maestro, compañero de camino:

Nos comunicamos poco pero estamos en constante comunión; fraterna y pascual.

No podría dejar de decirte una palabra muy sentida con ocasión de este proceso estúpido que te hacen pasar. La historia es un libro conocido cuando se trata de infidelidades y corrupción, pero es un libro de sorpresas y de
esperanzas cuando se trata de ese misterioso caminar del Reino que nos reveló Jesús. ¿Quién dijo miedo, habiendo Pascua?
Te deseo una profunda avenida de aquellos ríos de paz que la Biblia nos promete. Juntamente con el cariño y la gratitud de millares, millones, de hermanos y hermanas que te acompañamos.

En la paz subversiva del Evangelio (de la Palestina y de Solentiname), te abrazo muy cariñosamente.


Pedro Casaldáliga